martes, 11 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte cuatro).

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE.
Un santo es alguien “apartado o consagrado”, alguien que no es igual a los demás. Cuando logramos entender èste punto en el caso de Dios, entonces le tendremos un temor reverente, lo que implica NO que le tendremos miedo sino màs bien respeto y confianza totales. ¿Por què? Porque sabremos que estamos ante alguien superior, alguien que realmente tiene el “poder” de hacer lo que nosotros nunca podríamos (Lucas 1:37). Como èl que mostrò en Gènesis 1.

Ese respeto y esa confianza totales nos llevaràn a tener “contentamiento” a acatar sus decisiones. A su vez, esa obediencia nos traerà toda clase de bendiciones y beneficios pues es una promesa hecha por èl mismo hace miles de años (vea Deuteronomio 28:1-6). Santificar su nombre también implica honrarlo y agradarlo. Y ¿còmo honramos y agradamos a alguien? Lo honramos con un sistema de vida respetable; y lo agradamos haciendo lo que sabemos que a èl le gusta, o, dejando de hacer lo que sabemos que no le gusta. Y la mejor forma de honrar y agradar a Dios, es luchar por mejorar nuestro sistema de vida cada dìa, no importando lo que diga el hombre (1ª Tesalonicenses 2:4).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 10 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte tres)

Nota: Este mensaje NO es parte de ningùn estudio bíblico ni congregacional, son simplemente conclusiones personales luego de años de estudio y vivencias. Se comparte por amor y gratitud a Dios sin ningún interés oculto. A quien le sea de utilidad: “Gloria a Dios”.

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

“PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO”.

Punto uno: Es “nuestro” no “mìo”, asì que, hemos de vivirlo sin egoísmos, celos ni religiosidades o sectarismos (Mateo 5:48), si entendemos èsta premisa, cuando le expongamos algo tendrà que ser para el bien común o de nuestro prójimo, antes que para provecho personal. Punto dos: Tenemos que tener la certeza de que oye a todos los que nos ha llamado para ser sus hijos (Juan 1:12-13), y que darà respuestas efectivas a nuestras peticiones, bajo las anteriores condiciones del punto uno. (Mateo 7:7 y Santiago 4:3).

Punto tres: Hemos de entender que, siendo èl nuestro dueño y creador (Salmo 24:1) y estando èl en el cielo tiene una vista panorámica de nuestros problemas y necesidades, y por lo tanto ya conoce el final del asunto, el cuàl será siempre para nuestro bien (Jeremìas 29:11). Punto cuatro: que cuando nos haya dado SU respuesta (no la que nosotros queremos) estaremos mejor que antes, entonces nuestra fe irà en crecimiento para nuestro bien y el de otros (Proverbios 4:18).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




viernes, 7 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte dos)

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

¿Què fuè lo que vieron los discípulos en Jesùs que ellos también querìan tener, luego de hacer una oración? Exactamente lo mismo que nosotros queremos cuando la hacemos: “Una respuesta efectiva de parte de Dios”. Entendiendo que “efectiva” no implica necesariamente “positiva o favorable” a lo que nosotros pedimos, queremos, o necesitamos ahora. Pero entendamos algunas situaciones para poder orar efectivamente.

Primero: Debemos “aprender” a orar. Pues ese fue el primer consejo que Cristo les diò a sus discípulos: “Cuando orèis, hacedlo en privado… no en público; hacedlo naturalmente… no repitiendo frases como sòlo hablar por hablar (Mateo 6:6-7). Luego Cristo lo enseña practicándolo, pues para cada “ocasión” tuvo una “oración especìfica” no una repeticiòn: Para la resurrección de Làzaro tuvo una oración especìfica (Juan 11:43) no una repeticiòn, y aunque en èsta ocasión orò en público fue a causa de los incrédulos porque èl mismo lo aclara. Para la Santa Cena tuvo una “oración especìfica” (Juan 17) no una repeticiòn. En la cruz tuvo no una sino “siete oraciones especìficas”… no siete repeticiones (Mateo 27; Marcos 15; y Lucas 23). Punto dos, cuando uno de sus discípulos le pregunta còmo orar, Cristo le da a èl y a nosotros una “guía” de los puntos a tomar en cuenta, no una oración para repetirla y repetirla en cada ocasión, ya que era precisamente lo que acababa de censurar. Y, què es lo que contiene esa “guía” es lo que trataremos de aprender en èste tema.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



jueves, 6 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte uno)

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

La escritura nos enseña solamente en dos de los cuatro evangelios el Padre Nuestro. En los evangelios de los apóstoles Mateo y Lucas, y quizás “nunca” lo habíamos notado, pero existen diferencias entre ambos. ¿Cuàl es la razón? Que Mateo fue testigo presencial mientras que Lucas no habiendo sido discípulo, lo tuvo que investigar (vea Lucas 1:1-4). Por ello, tomaremos la versión de Mateo.

Sabemos que Orar: Significa “platicar” con Dios o lo que es lo mismo “dialogar” con Dios. Que en una plàtica o diálogo intervienen al menos dos personas, y que por lo tanto no es una charla de una sola vìa. ¿Què implica èsto? Pues que asì como hablamos también tenemos que escuchar. Antiguamente no se podía hablar con Dios directamente, solamente el Sumo Sacerdote lo podía hacer, y lo podía hacer sòlo una vez al año (Hebreos 9:7). Pero a la muerte de Cristo, el velo del Templo se rasgò, figura que Dios mismo estaba permitiendo el acceso directo de cualquiera de sus hijos a su presencia (Hebreos 4:16).

El Padre Nuestro que el Apòstol Mateo nos enseña es el siguiente: Padre nuestro que estàs en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hàgase tu voluntad, como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdònanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino lìbranos del mal.
(Mateo 6:9-13).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

miércoles, 5 de abril de 2017

Los parámetros de juzgamiento de Cristo.

“Lo que le hicieron a un pequeño… a mì me lo hicieron?
(Mateo 25:40).

Una de las últimas prèdicas que nuestro Señor Jesucristo diò mientras estaba con sus discípulos quedó registrada en el libro de Mateo. En ella, Jesùs nos expone còmo será el dìa en que èl regrese a la tierra en su segunda venida, no para ser juzgado y ser entregado a la muerte, sino para juzgar y dar con justicia divina lo que a cada uno corresponde.

En esa exposición Jesùs nos dice que a cada persona se le darà una “remuneración” según el bien o el mal que haya hecho a su prójimo… inclusive a los màs pequeños. Curiosamente, no preguntarà sino dictaminarà lo que hemos “dado” (versos 35-37) o lo que “no” hemos dado (versos 42-43) a los necesitados. Los renglones que Jesùs expone como parámetro de juzgamiento son: “Saciar el hambre, la sed, el hospedamiento, el vestido, el cuidado de un enfermo y visitar al cautivo”. Muy “extrañamente” el Hijo de Dios; Aquèl que vino de estar sentado y que volviò a sentarse nuevamente al lado derecho del Trono de Dios; que ha vivido toda su vida al lado del Padre, NO tomarà como paràmetros de juzgamiento lo que los hombres tomamos hoy. No nos juzgarà por la “fidelidad” a los servicios de la Iglesia; no nos juzgarà por cuànta “actividad” prodiguemos en la Iglesia; pero màs importante aùn no nos juzgarà por “cuànto” dinero hayamos dado a la Iglesia. Asì, nos es mucho màs fácil explicar, còmo, el ladròn de la cruz, para asombro de muchos ya està en el paraíso sin haber cumplido con nada de lo anterior, mientras nosotros aquí debatimos por reglas, normas y estatutos puramente humanos (Mateo 15:9).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.         

martes, 4 de abril de 2017

¿Nos gusta el fruto de hoy?

“No se engañen, cada uno cosecha lo que siembra”
(Gàlatas 6:7).

Nunca se ha visto, y creemos que nunca se verà, que una persona siembre un árbol de limones y coseche naranjas. Vamos a cosechar lo que sembramos, y, para tener diferentes frutos, tenemos que sembrar diferentes semillas.

¡No se engañen! Dice: Dios. “Cada uno cosecha lo que siembra” (Gàlatas 6:7). Lo que estamos cosechando el dìa de hoy, fue lo que sembramos ayer. Si ese fruto nos gusta, nos satisface y nos da felicidad gloria a Dios… ¡Lo hicimos bien! Ahora, si no nos gusta, no nos satisface, y no tenemos contentamiento con ese fruto, entonces como decía Albert Einstein: “Hagàmoslo de otra forma hoy”, si no mañana tampoco tendremos contentamiento. Si alguna buena intención tiene Dios para con sus hijos, es que èstos estèn satisfechos en lo espiritual (el reino) pero también en lo material (las añadiduras). Pero necesitamos poner de nuestra parte. Somos de los que realmente creemos que Dios nos puede dar la “vaca” que le pedimos, pero definitivamente, èl no va a bajar a ordeñarla pues eso ya nos toca a nosotros. Si andamos “dignamente” agradando al Señor con nuestro trabajo material y espiritual, entonces “daremos buen ejemplo” dice el Apòstol Pablo (2ª Tesalonicenses 3:9).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa. 

lunes, 3 de abril de 2017

Los afanes (Parte final).

El cìrculo económico familiar.

“Yo sugiero que no se casen” nos aconsejò el Apòstol Pablo, pero, ¿Què hacemos si ya estamos casados? El mismo nos responde: Primero velemos por “nuestra” casa, pues el que no vela primero por su casa es PEOR que un impìo (1ª Timoteo 5:8). Selah.

Un experto y exitoso economista enseñò lo siguiente: “Tenga paz econòmica”. ¿Còmo? “Mantenga usted el control del cìrculo económico familiar, y no permita que el cìrculo económico familiar lo controle a usted”. Ahora la pregunta del millón: ¿Què es el cìrculo económico familiar?  Simplemente es el “presupuesto de gastos mínimos necesarios” que una persona tiene al mes para mantener “bien” a su familia. Mientras nosotros mantengamos el control sobre ese gasto, nosotros gobernaremos los “afanes”; en el momento en que ese cìrculo se salga de nuestras manos, nosotros seremos los gobernados por los “afanes”. La escritura nos dice: “El necio todo lo disipa” (Proverbios 21:20), en otras palabras el mal administrador no “invierte” su dinero… simplemente lo “gasta”. Invertir el dinero es dirigirlo “primero” a las prioridades, y, lo que “sobra” a los gustos. Desde el principio de la humanidad NADIE que haya sido mal administrador se ha burlado de los “afanes”, no creamos nosotros que seremos los primeros en hacerlo. Acaso la gran lección en èste tema es: “Tomemos en cuenta a Dios, no hagamos nada con nuestras propias fuerzas” (vea Deuteronomio 8:18). Amèn.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.