lunes, 4 de junio de 2018

Príncipes y princesas.




“Seréis mi especial tesoro”
(Exodo 19:5).

Fue Dios quien dijo a quienes le obedeciéramos que seríamos su pueblo, su gente, su especial tesoro.

Pero, lideres insensatos están haciéndonos creer  que el mundo “también” nos vería así, y que, por lo tanto hemos de vivir como tales, con lo “mejor” de lo material; que no tenemos por qué pasar “penas ni angustias”, etc. Y, constantemente hacen exclamar en voz alta ese pensamiento diciéndonos: “Dígase a sí mismo y dígale a su vecino, yo soy un príncipe, tú eres una príncesa, somos hijos del Rey”. Ciertamente lo somos pero para Dios, no para los hombres. Para los hombres, somos unos “locos” que siguen el evangelio, al menos el Apóstol Pablo así lo expresó (1ª. Corintios 1:18). Nosotros no vemos en las escrituras actitudes de parte de Juan el Bautista, de Cristo, de los apóstoles ni del apóstol Pablo actitudes ni declaraciones semejante. Todo lo contrario, siempre ellos vivieron con una actitud humilde, sencilla y de bajo perfil. El Bautista, se vestía sencillamente (Mateo 3:4); Cristo, vivió tan humildemente que no tuvo un lugar “propio” en dónde reposar su cabeza (Mateo 8:20); los Discípulos dejaron todo por seguir a Cristo (Lucas 5:11); y el Apóstol Pablo aprendió a vivir con las limitaciones propias de su sencillo trabajo, sin recibir del de los demás (Hechos 18:1-3 y 2ª Tesalonicenses 3:8). Claro que somos príncipes y princesas… pero para Dios no para los hombres.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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