“Seréis mi especial tesoro”
(Exodo 19:5).
Fue Dios quien dijo a quienes le obedeciéramos que seríamos
su pueblo, su gente, su especial tesoro.
Pero, lideres insensatos están haciéndonos creer que el mundo “también” nos vería así, y que,
por lo tanto hemos de vivir como tales, con lo “mejor” de lo material; que no
tenemos por qué pasar “penas ni angustias”, etc. Y, constantemente hacen
exclamar en voz alta ese pensamiento diciéndonos: “Dígase a sí mismo y dígale a
su vecino, yo soy un príncipe, tú eres una príncesa, somos hijos del Rey”.
Ciertamente lo somos pero para Dios, no para los hombres. Para los hombres,
somos unos “locos” que siguen el evangelio, al menos el Apóstol Pablo así lo
expresó (1ª. Corintios 1:18). Nosotros no vemos en las escrituras actitudes de
parte de Juan el Bautista, de Cristo, de los apóstoles ni del apóstol Pablo
actitudes ni declaraciones semejante. Todo lo contrario, siempre ellos vivieron
con una actitud humilde, sencilla y de bajo perfil. El Bautista, se vestía
sencillamente (Mateo 3:4); Cristo, vivió tan humildemente que no tuvo un lugar
“propio” en dónde reposar su cabeza (Mateo 8:20); los Discípulos dejaron todo por
seguir a Cristo (Lucas 5:11); y el Apóstol Pablo aprendió a vivir con las
limitaciones propias de su sencillo trabajo, sin recibir del de los demás (Hechos
18:1-3 y 2ª Tesalonicenses 3:8). Claro que somos príncipes y princesas… pero
para Dios no para los hombres.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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