“No se engañen, cada uno
cosecha lo que siembra”
(Gàlatas 6:7).
Nunca se ha visto, y creemos
que nunca se verà, que una persona siembre un árbol de limones y coseche
naranjas. Vamos a cosechar lo que sembramos, y, para tener diferentes frutos,
tenemos que sembrar diferentes semillas.
¡No se engañen! Dice: Dios. “Cada
uno cosecha lo que siembra” (Gàlatas 6:7). Lo que estamos cosechando el dìa de
hoy, fue lo que sembramos ayer. Si ese fruto nos gusta, nos satisface y nos da
felicidad gloria a Dios… ¡Lo hicimos bien! Ahora, si no nos gusta, no nos
satisface, y no tenemos contentamiento con ese fruto, entonces como decía
Albert Einstein: “Hagàmoslo de otra forma hoy”, si no mañana tampoco tendremos
contentamiento. Si alguna buena intención tiene Dios para con sus hijos, es que
èstos estèn satisfechos en lo espiritual (el reino) pero también en lo material
(las añadiduras). Pero necesitamos poner de nuestra parte. Somos de los que realmente
creemos que Dios nos puede dar la “vaca” que le pedimos, pero definitivamente,
èl no va a bajar a ordeñarla pues eso ya nos toca a nosotros. Si andamos
“dignamente” agradando al Señor con nuestro trabajo material y espiritual,
entonces “daremos buen ejemplo” dice el Apòstol Pablo (2ª Tesalonicenses 3:9).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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