jueves, 31 de mayo de 2018

Neófitos nunca.




“No un neófito”.
(1ª Timoteo 3:6)

Un neófito, es una persona que recién se convirtió o que recién se ha adherido a una causa. Desde el punto de vista espiritual se refiere a una persona que recién ha entregado su vida en manos de Cristo.

Cristo, fue el maestro de maestros, el Mesías Príncipe, Aquél que había sido anunciado por los grandes profetas como la gran promesa de Dios Padre (Isaías 11:1). Y cuando llegó el tiempo de su venida, él mismo eligió a 12 (Mateo 10:1-4) y los instruyó por tres años y medio. Y aún así, habiendo sido instruidos directamente por Cristo, miremos los grandes errores que cometieron siendo neófitos: Pedro, negó a Cristo (Mateo 26:74); Felipe, no confió en Cristo cuando le mandaron alimentar a la multitud (Juan 6:7); Tomás, a pesar de todos los milagros que había visto y hecho, fue incrédulo (Juan 20:27 y Lucas 10:1); Juan y Jacobo, los hijos de Zebedeo, eran conocidos por ser violentos (Marcos 3:17). Es por ello, que el apóstol Pablo cuando aconseja a Timoteo quiénes deben dirigir la Iglesia, es puntual al decir: “Que NO sea un neófito (un recién convertido)”, pues lo primero que hará será “envanecerse” (1ª. Timoteo 3:6). A más, que, su testimonio no puede tener consistencia si tan sólo hace poco tiempo lo vieron en malos caminos (3:7). Otro factor que afectaría es su poco conocimiento de la Palabra y su poca experiencia, en otras palabras el respeto y la honra que emitiría sería muy pobre para poder ejercer un liderazgo (1ª Tesalonicenses 5:13). Así, un maestro espiritual no puede ser un niño espiritual.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



miércoles, 30 de mayo de 2018

¿Quién es hijo de Dios? (Conclusión).




“Así que ya no eres esclavo sino libre”
(Gálatas 4:7).

¿Quién es realmente hijo de Dios? ¿Cómo puede alguien dejar de ser tan sólo criatura de Dios para convertirse en hijo de Dios?

“Porque está escrito; Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava que nació según la carne; y otro de la libre, que nació según la promesa” (Gálatas 4:23). Así: Una persona pudo haber nacido en el centro de Jerusalén; de padres nacidos en el centro de Jerusalén; hablar la lengua hebrea, y practicar el judaísmo que por generaciones se ha transmitido, en otras palabras, ser un descendiente directo de Isaac… pero, si no cumple el requisito “espiritual” dado a Abraham de “creerle” a Dios acerca de su Hijo, el Cristo, el Mesías… morirá siendo una “criatura” de Dios. Y, en otro sentido, alguien puede haber nacido en el corazón del mundo árabe, haber sido hijo de árabes y haber cumplido con su religión y tradiciones (descendiente directo de Ismael), que, si en un momento dado “cree” en la promesa de Dios acerca de la salvación por medio del Mesías… muere siendo un “hijo” de Dios. Esa fue la razón del por qué de los ministerios de los doce apóstoles a “Israel”, pero también esa fue la razón del ministerio del apóstol Pablo a los “gentiles”. (Hechos 15:17). El UNICO requisito para ambos grupos es: ¡CREER! (Juan 3:16).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



martes, 29 de mayo de 2018

¿Quién es hijo de Dios? (Parte dos).




“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos”
(Gálatas 4:22).

En la vida de Abraham se mencionan tres mujeres: de las cuales una fue esposa, y las otras dos concubinas: La esposa, fue Sara; y las dos concubinas Agar y Cetura. El hijo de Sara se llamó Isaac (pueblo de Israel), y el hijo de Agar, Ismael (pueblo Árabe). Con Cetura procreo seis hijos que hoy no vienen al caso (Génesis 25:1-2).

La alegoría o representación simbólica que la Biblia nos hace es la siguiente: Esas dos mujeres representan dos pueblos, dos pactos, dos clases de personas (Gálatas 4:24). Agar, representa los descendientes del pacto de la Ley (Monte Sinaí), la descendencia de “sangre” de Abraham, sean hijos de Sara o de Agar; mientras que Sara, representa a los descendientes de la “promesa”, la descendencia “espiritual” (Gálatas 4:25 y 28). Ahora bien, la Biblia también nos explica cómo Dios (no el hombre) interpreta a ésta descendencia. La promesa fue hecha a Abraham y a “su” simiente (Gálatas 3:16). Pero, si Abraham, como hemos visto al principio tuvo dos hijos, entonces ¿quién es “su” simiente?  Nos dice la Biblia que, todo aquél que cumpla el requisito que a Abraham le fue contado por alta estima: “creerle” a Dios. Pues Dios declaró: “Todo el que crea y acepte al Hijo, al Cristo, al Mesías, será llamado también hijo y heredero” (Romanos 8:14-17). Así pues, NO todo descendiente de sangre de Abraham es hijo de Dios, sino tan sólo aquellos que cumplan el requisito espiritual: “Creer”, sean hijos de la esclava (Agar) o de la libre (Sara) (Gálatas 4:28).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 28 de mayo de 2018

¿Quién es hijo de Dios? (Parte uno).




“A Abraham fueron hechas las promesas”
(Gálatas 3:16).

Uno de los grandes enigmas de la humanidad desde siglos atrás es: ¿Quién es criatura y quién es hijo de Dios?

Nos explican las escrituras, criaturas de Dios somos “todos” los seres humanos, así como también lo son todas las especies del reino animal y todo género de plantas, pues todos fuimos “creados” por él (Génesis 1:2-27 y Salmo 24:1). Pero, con respecto a la humanidad, el libro que Dios nos da una guía para: Primero, determinar quiénes son hijos, y segundo, cómo llegar a serlo, explicándolo de la siguiente manera: 1) Dios eligió a un hombre (llamado Abraham) oriundo y residente de Babilonia, específicamente en Ur de los Caldeos, para darle la promesa de ser el pionero de ésta bendición, el ser llamado “hijo” suyo (Josué 24:1-3; Génesis 11:31). 2) El libro, nos narra que Abraham le “creyó” a Dios acerca de la promesa que le hiciera, y eso, le fue contado por alta estima (Gálatas 3:6). 3) Ahora bien, la promesa, no fue para “todos sus descendientes de sangre” sino para “sus descendientes espirituales” (Gálatas 3:16). 4) ¿Quiénes son entonces “su” descendencia espiritual? También nos lo explica el libro con una alegoría (representación por medio de símbolos) con dos de las mujeres y dos de los hijos de Abraham (Gálatas 4:24).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



viernes, 25 de mayo de 2018

Hagamos un aposento.




“¿En dónde está el aposento en donde he de comer?”
(Lucas 22:11).

Un aposento bíblicamente es un lugar muy especial en donde Dios manifestó, manifiesta y manifestará grandes maravillas a los suyos.

Fue en un aposento alto, en donde Noé pudo observar el principio y el fin del Diluvio (Génesis 6:14). Fue en un aposento apartado, en donde moró el Arca del Pacto y la presencia misma de Dios Padre (1ª. Reyes:16-19). Fue en un aposento privado, en donde el profeta Elías bajo el poder de Dios resucitó al hijo único de la viuda en Sarepta (1ª. Reyes 17:19). Fue en un aposento familiar, en donde se instituyo la Santa Cena (Lucas 22:11). Fue en otro aposento alto, en donde el Espíritu de Dios se manifestó a los discípulos dándoles poder para cambiar el mundo para siempre (Hechos 2:8 y 13). Así pues, nos es necesario (si nos decimos creyentes), el tener un “espacio” (un aposento) en donde podamos recibir las instrucciones de Dios directamente de su corazón. No debiéramos ir a una reunión con otros creyentes con la idea de que allí será en donde Dios nos hable. Ciertamente allí él nos dará el “complemento” o la “confirmación” de lo que ya nos dio en privado, pero por esa negligencia de no estar a los pies del Señor cada día, es que la Iglesia ha tomado el rumbo equivocado que hoy vemos. Pues líderes asalariados nos hacen creer que “Dios les habló”, enseñando doctrinas contrarias a lo ya establecido en el evangelio de la cruz de Cristo (Hechos 15:1,2 y 24). ¡Hagamos un aposento!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   

NOTA: Debido a las nuevas normas de publicaciones en BLOGS. Hoy es el último mensaje que podemos publicar de panypalabra.blogspot.com. A todas las personas que nos apoyaron todos éstos años muchas gracias. El Señor quiera seguir bendiciéndonos a todos. Podrá seguirnos en Facebook en JULIO PICHI RUEDA, mientras nos lo permitan. Solamente pida amistad y con gusto le daremos like.



jueves, 24 de mayo de 2018

¡Hazlo como se te ha mandado!.




“Levántate y ve…”.
(Hechos 9:10).

Cuando estamos sujetos a alguien hemos de obedecer las órdenes que ese alguien nos dicte.

Había en Damasco un profeta llamado Ananías, a quien Dios le dijo: “Levántate, y ve a la calle Derecha y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo (Hechos 9:10-11). Ananías, aunque parezca que discute con Dios, “ora” (con clamor), va y hace lo que fue enviado a hacer y el resultado fue bueno. Pues Saulo de Tarso “escucha” y se convierte en el apóstol Pablo, el apóstol a los gentiles (Hechos 15:1-7). ¿Cuál es el punto? El punto es, cuando Dios nos habla para que vayamos y hagamos o digamos algo a alguien, y nosotros hayamos “orado” para hacerlo y decirlo como él nos mandó, independientemente del resultado, nosotros habremos cumplido con Dios. Qué haga la persona a la cuál fuimos enviados con lo que Dios nos dijo que hiciéramos o le dijéramos ya no depende de nosotros. Ananías, escuchó, oró, y fue a hacer lo que tenía que hacer, el resultado fue tan bueno que muchos de nosotros hoy seguimos a Cristo, gracias a la Gracia Divina que guió los escritos del apóstol. ¡No temamos hacer lo que Dios nos dijo que hiciéramos, más bien temamos no hacerlo!. El resultado depende del recipiendario no de nosotros.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   


NOTA: Debido a las nuevas reglas de publicaciones en BLOGS, panypalabra.blogspot.com dejará de publicarse éste viernes 25 de mayo del 2018. A quienes nos apoyaron durante todo éste tiempo muchas gracias. El Señor quiera seguir bendiciéndonos a todos. Puede seguirnos en Facebook.

miércoles, 23 de mayo de 2018

¡El tiempo!




Mientras haya tiempo.
(Gálatas 6:10).

“Hagamos el bien a TODOS”, exhortaba el apóstol Pablo a los creyentes de Galacia, y por ende, a nosotros quienes decimos seguir sus pasos.

En el curso: “Panorama Bíblico”, se nos probó cómo el tiempo simplemente existe para el hombre, no así, para Dios (2ª. Pedro 3:8). Y que por lo tanto, nuestra existencia sobre la tierra, es tan sólo un “paréntesis” entre dos eternidades. La eternidad pasada antes que viniéramos al mundo, y la eternidad futura que será luego que muramos (Hebreos 9:27). Es por ello, que aquél dicho de los abuelos es tan real: “El tiempo perdido… hasta los santos lo lloran”. ¡Hoy y ahora, son el momento que tenemos para pensar bien, para actuar bien y para hacer el bien!. Y ese tiempo es casi efímero, nada de lo que dijimos o hicimos ayer o apenas hoy temprano puede ser modificado, así como no podemos contar con el mañana pues no sabemos si lo tendremos. Cristo dijo al joven rico: “Ve, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres”… e implícitamente le dijo: Hazlo ¡ahora!. (Lucas 18:22). No perdamos la oportunidad, cuando Dios nos dice: ¡Ve y hazlo!  ¡Hagámoslo lo más pronto posible!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

NOTA: Debido a las nuevas reglas de publicaciones en BLOGS. panypalabra.blogspot.com dejará de publicarse a partir de éste viernes 25 de mayo del 2018. A quienes nos apoyaron durante todo éste tiempo muchas gracias. El Señor quiera seguir bendiciéndonos a todos.

martes, 22 de mayo de 2018

Señor: ¡Que ellos vengan y vean!.




“Ven… y ve”.
(Juan 1:46).

Cuando encontramos algo verdaderamente bueno para nosotros, lo primero que se nos viene a la mente es: “Quiero compartirlo con mi gente”.

Felipe encuentra al Jesús de Nazaret, y al descubrir por medio de una revelación del Espíritu, que es el anunciado Hijo de Dios de las cuales las escrituras hablan, corre con Natanael y le dice: “Hemos hallado a Aquél de quien Moisés escribió”, y luego cierra su alocución con las palabras: “Ven… y ve”. Felipe sabía que los ojos hablan más que las palabras, así que incita a Natanael a que “vaya y mire” al Mesías (Juan 1:46). Nosotros los creyentes quisiéramos que cuando descubrimos el amor y la ternura de nuestro Dios, amor y ternura que son capaces de sacarnos de los agujeros en los cuales hemos estado enredados toda la vida, nuestros seres queridos también lo tengan. Lastimosamente, en muchas ocasiones aunque les decimos: “Ven… y ve”, la escritura es muy clara al respecto: “NADIE, viene al Padre, sino por el Cristo” (Juan 14:6); y “NO es del que quiere, NI del que corre, sino del que DIOS tiene misericordia” (Romanos 9:16). A nosotros como creyentes solamente nos corresponde “luchar” por tener un “estilo” de vida diferente, influyente y atrayente, para que los demás anhelen tener lo que nosotros ya tenemos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

NOTA: Debido a las nuevas reglas de publicaciones en BLOGS. panypalabra.blogspot.com dejará de publicarse éste viernes 25 de mayo del 2018. A quienes  nos apoyaron durante todo éste tiempo muchas gracias. Dios quiera seguir bendiciéndonos a todos. Podrá seguirnos en Facebook.

lunes, 21 de mayo de 2018

Cuando la justicia nos mata.




“No seas demasiado justo”.
(Eclesiastés 7:16).

Cuando alguien es muy riguroso en alguna materia o situación, generalmente se le dice: “No seas más papista que el papa”. Haciendo una alegoría a que no se debe de ir “más allá” de lo que la ley manda u obliga.

Los seres humanos tenemos el problema que tendemos a irnos a los extremos en lo cotidiano de la vida. En lo espiritual hacemos exactamente lo mismo, y las escrituras lo avalan. El sabio Salomón escribió: “No seas demasiado justo, no sea que tu justicia te mate” (Eclesiastés 7:16). Esos actos cometidos dentro de la Iglesia son llamados “legalismos”, y tenemos que decir que todos los hemos cometido en alguna medida, y que con ellos hemos causado mucho daño a no pocas personas. Ejemplos: Cristo les dijo a los fariseos: “Vosotros, decís: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos, cuando no se lavan las manos para comer?” (Mateo 15:2). Y por otro lado, con respecto a ayudar económicamente a los padres. ¿Por qué decís?: “Es Corbán (consagrado a Dios, todo aquello con lo que pudiera ayudarte) (Marcos 7:11). En otras palabras, la “justicia” de los religiosos legalistas implicaba, que era “más” importante cumplir un “rito” (lavarse las manos), que un “mandamiento” (honrar padre y madre). Entendamos, del “significado” de una ley a “extender” el significado de esa ley, hay un gran abismo, y es tan peligroso que puede llevarnos hasta la muerte física.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  


Nota: Debido a las nuevas políticas de publicaciones, éste BLOG dejará de publicarse el día viernes 25 de Mayo del 2018. Gracias a todos aquellos que nos apoyaron siempre. Dios quiera bendecirnos a todos. Podrá seguirnos en FACEBOOK.

viernes, 18 de mayo de 2018

¿El Reino restaurado? (Conclusión).




“¿Restaurarás el reino en éste tiempo?”
(Hechos 1:6).

“Y los cielos retienen al Salvador “hasta” que TODO sea restaurado” (Hechos 3:21).

No vale ni cabe la idea que el reino de Dios está “dentro” de nosotros, y que por lo tanto el Reino de Cristo ya está establecido, porque nosotros mismos como creyentes NO estamos dando ese testimonio de vida. Ya que el punto se “enseña” desde lo espiritual, pero lastimosamente se “enfoca y se pretende recibir y exhibir” desde lo material, puesto que somos “incitados” a vivir en mejores condiciones de vida “económicas” más que espirituales. Condiciones que no son necesariamente las que Dios tiene planeadas para todos. Se nos pasa por alto que fue precisamente “esa equívoca apreciación” la que empujó a Judas a vender al Cristo (Juan 18:36). Otro punto, si el reino ya fue establecido, entonces ¿Por qué no reina la justicia ni siquiera dentro de la Iglesia misma?, y, ¿Por qué razón no vemos las “grandes señales” que en ese reino se ofrecen? como por ejemplo: ¿En dónde están viviendo el lobo y el cordero en paz? (Isaías 11:6). Es una verdad absoluta que cuando recibimos a Cristo en el corazón, dejamos de ser parte de éste mundo, pero también lo es que seguimos en él, y por lo tanto, estamos sometidos a sus presiones e influencias, esa fue la razón por la cual Cristo intercedió por sus discípulos en Juan 17:15-16; y lo sigue haciendo por nosotros a la diestra del Padre (Hebreos 4:16). ¡El Reino de Dios, aún NO ha sido restaurado, de lo contrario el Cristo NO estuviera siendo retenido! (Hechos 3:21).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

jueves, 17 de mayo de 2018

¿El Reino restaurado? (Parte tres).




“¿Restaurarás el reino en éste tiempo?”
(Hechos 1:6).

Habrá falsos maestros entre vosotros... y muchos seguirán sus disoluciones (mezclas)… haciendo mercancía de vosotros (2ª. Pedro 2:1-3).

Sexto, el libro que nos resume el “cumplimiento” de todas las profecías hechas acerca del pueblo de Dios; el libro que desde su inicio dice que es: LA REVELACION DE JESUCRISTO (Apocalipsis 1:1), nos enseña lo siguiente: “AHORA ha venido la salvación, el poder, y el Reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos” (Apocalipsis 12:10). Preguntamos: ¿Si la REVELACIÓN DE JESUCRISTO nos dice que el Reino será restaurado HASTA que el acusador haya sido lanzado de éste mundo, y esto ocurre HASTA el final de los tiempos? ¿De qué Reino se nos está predicando ahora? ¿De dónde salió esa “revelación” si no tiene el respaldo del Cristo sino es exactamente contraria a lo que él determina? ¿Qué espíritu maligno está influenciando e incentivando a quienes predican como restaurado un reino que AUN no lo está?. Caben perfectamente las palabras del Cristo: “MIRAD QUE NADIE OS ENGAÑE” (Mateo 24:4); y también las del apóstol Pedro: “Vendrán falsos maestros, y muchos seguirán sus disoluciones (mezclas, doctrinales en éste caso), y por AVARICIA, harán mercancía de vosotros, con palabras FINGIDAS”.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



miércoles, 16 de mayo de 2018

¿El Reino restaurado? (Parte dos).




“¿Restaurarás el reino en éste tiempo?”
(Hechos 1:6).

“Mirad que nadie os engañe” Palabras de Cristo en Mateo 24:4.

Tercero, cuando quienes nos enseñan que hay que “reclamar” nuestros derechos; y que, hemos de “exigir” mejores condiciones de vida porque somos Hijos de Dios. Que debemos “declarar” que todo estará bien, que todo nos saldrá bien, que nosotros “merecemos” disfrutar de todo lo que Dios ha dispuesto y prometido para sus Hijos, no han logrado entender que el Cristo NO era un humanista, y lo que Dios le mostró al Apóstol Pablo en el tercer cielo: “Que su reino NO es comida ni bebida” (Romanos 14:17). Cuarto, cuando los apóstoles, tan allegados al Cristo como nadie más en la tierra, le preguntaron: “Señor, restaurarás el reino en éstos días” (Hechos 1:6), la respuesta fue: “NO os toca a vosotros, conocer los tiempos” (Hechos 1:7). Entonces preguntamos: ¿Si no les correspondía a los más allegados al Cristo, ver el reino restaurado y disfrutarlo, quién se atreve, hoy en día, a decir que a nosotros sí nos corresponde?. Quinto, el apóstol Pedro, lleno del Espíritu Santo, al salir de la oración del templo da un discurso que en su núcleo señala: “Y los cielos retienen al Salvador “hasta” que TODO sea restaurado” (Hechos 3:21). Preguntamos: ¿Si el reino ya está restaurado, entonces por qué o quién retiene en los cielos al Cristo que nos fue anunciado?

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.






martes, 15 de mayo de 2018

¿El Reino restaurado? (Parte uno).




“¿Restaurarás el reino en éste tiempo?”
(Hechos 1:6).

Una doctrina “contraria” a las enseñanzas y a las afirmaciones de Cristo, circula por la iglesia, tomando por sorpresa a los incautos.

Muchos son los “líderes” que declaran que el Reino de Dios ya fue restaurado con la muerte y resurrección de Cristo, y que por lo tanto, podemos y debemos gozar de él pues ya tenemos los mismos derechos, privilegios y poderes. Pero el ministerio de Cristo nos demuestra que ésta doctrina es errónea, puesto que “contradice” su prédica. Primero, entendamos algo: ¿Qué es el Reino de Dios?  La expresión “Reino”, en las escrituras es “Basilea”. Que a su vez significa: “Reinado o Poder Absoluto”. En un reinado solamente puede haber “un” rey, un príncipe, que en el Reino de Dios tendría que ser el Cristo. Pero, vemos que Cristo dijo de Satanás: “Ya viene el príncipe de éste mundo… y él, NADA tiene de mí” (Juan 14:30). En la práctica de la vida cotidiana podemos ver que los pilares que mueven éste mundo son el dinero, el poder, la astucia, la avaricia, la necedad, el egoísmo, la esclavitud (aún dentro de la Iglesia misma)… Situaciones que NADA tienen que ver con los planes de Cristo. Segundo, Cristo dijo: “Mi reino NO es de éste mundo” (Juan 18:36). Ante ésta declaración divina: ¡Qué insensatez, que un líder enseñe a sus ovejas a que “reclamen” los  beneficios, las comodidades, las riquezas, las dádivas y los placeres de éste mundo!. En lugar de enseñar contentamiento y gratitud (1ª Tesalonicenses 5:16-18).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


lunes, 14 de mayo de 2018

¡No debemos huir!




“Fue y se ahorcó”.
(Mateo 27:5).

La vida nos pone en situaciones que a veces nos parecen extremas, tanto así, que quisiéramos “huir” de ellas a cualquier precio. Muchos lo hacemos “apartándonos”; otros “batallando”, y los menos, a Dios gracias… “quitándose la vida”.

Nosotros los creyentes, casi siempre caemos en una de las dos primeras opciones, porque hay algo que olvidamos, la vida del creyente es a diferencia de la del incrédulo: “Una permanente escuela de aprendizaje”. Y, de la misma forma que nosotros no podemos asistir a la universidad y quejarnos por los exámenes diciendo que allí llegamos para convertirnos en un médico, un abogado o un ingeniero y no para pasar pruebas parciales o finales. Así, de la misma forma, ninguno de nosotros podemos cruzar nuestro peregrinaje cristiano quejándonos por las pruebas (pues son nuestros exámenes). Porque sólo así podemos aspirar a la santidad (Santiago 1:2-3). Judas, cuando vió que el “reino” de Dios no era de éste mundo (Juan 18:36) (Por cierto, prueba innegable de que los que lo predican están compartiendo una herejía), “huyó”, desertando de las filas de los apóstoles y vendiendo al Cristo; para luego, darse cuenta de su error y cometer otro más grave, quitarse la vida (Mateo 27:5). Cada vez que tratemos de “huir” de las pruebas que Dios nos envía (Job 1:21), o, si lo preferimos decir de otra forma, de las “lecciones” del creyente, iremos cometiendo peores errores hasta que Dios, en su misericordia nos haga volver al camino verdadero o… lamentablemente muramos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


viernes, 11 de mayo de 2018

No debiera… pero sucede. (Conclusión).




“El alma que pecare esa morirá”.
(Ezequiel 18:4).

“El que peca, paga”, en otras palabras: “Quien comete el error o el pecado es quien tiene que pagar las consecuencias”.

Había en Galilea, una ciudad que se llamaba Magdala, allí vivía una mujer llamada María, que se dedicaba a la prostitución. Un día conoce al Cristo, no sólo se arrepiente y se convierte, sino que es una de sus más fieles seguidoras junto a otras mujeres, que casualmente también se llamaban Marías. A una le dicen María, “la madre” de Jacobo y de José; a otra, María, “la madre” de los hijos de Zebedeo (Mateo 27:56); pero, a Magdalena la llamaban y la conocemos como María, “la prostituta” (Lucas 7:39). Esta misma María (Magdalena) fue quien ungió a Cristo en Betania, en casa de un tal Simón, quien era, según se cree, fariseo, pero que padecía lepra. Pero curiosamente, y para comprobar nuestra teoría, no se le conoce como Simón “el fariseo” sino como Simón “el leproso” (Marcos 14:3). Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, hoy los conocemos como los grandes apóstoles Juan y Jacobo, pero ellos eran de carácter fuerte y violento, por ello en su tiempo la biblia nos dice que los marcaron con el apodo de “boanerges” (hijos del trueno) (Marcos 3:17), para vergüenza de sus padres y del grupo de apóstoles (Lucas 9:54). Así ha funcionado la vida y así funciona aún. La Biblia nos dice la verdad: “Quien peca, paga”, pero también es cierto: “que hay otros que también la pagan”.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




jueves, 10 de mayo de 2018

No debiera… pero sucede. (Parte uno)




“El alma que pecare esa morirá”.
(Ezequiel 18:4).

La sentencia de Dios fue: “El que peca, paga”, en otras palabras: “Quien comete el error o el pecado es quien tiene que pagar las consecuencias”.

Lamentablemente, las situaciones y las experiencias de la vida hacen que esa “paga” se extienda a otros. Veamos dos ejemplos: Un hombre “preso o esclavo” porque tiene problemas con el alcohol, pierde la vida, y deja a toda una familia desamparada. La sentencia se cumple, quien abusó del licor paga la pena con su vida, ya sea por una enfermedad, un accidente, etc..  Pero, la esposa queda con la carga familiar, con niños que sacar adelante y con una situación material, muy difícil, algo muy común en nuestro medio latinoamericano, en otras palabras: ellos también cargan y pagan con las consecuencias (conocemos casos cercanos). Otro ejemplo, una mujer en su juventud, se dedica a una vida promiscua (acostarse con varios hombres), un día se regenera y recibe el perdón y el olvido de sus pecados por parte de Dios… pero no así el de la sociedad (señalaron así y sin razón, a la mismísima virgen María, Juan 8:41). La mujer promiscua queda señalada de por vida como una mujer ligera de cascos, y, aún y cuando, su futuro esposo y sus hijos no estén enterados de los deslices de su juventud, tarde o temprano corren el riesgo que el asunto salga a luz, y será entonces cuando ella sea avergonzada, pero también los otros pagarán las consecuencias. Tristemente, la vida fue, es y será así. Lo seguiremos comprobando bíblicamente.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




miércoles, 9 de mayo de 2018

“El evangelio de la cruz; el contentamiento; la gratitud”. (Conclusión).




 “Dad gracias en todo”
(1ª Tesalonicenses 5:18).

Un maestro en el Instituto Bíblico nos enseñó hace 30 años: “La gratitud, quizás no nos abra las puertas del cielo; pero, el no tenerla seguro que nos las cierra”.

El apóstol Pablo nos exhorta en sus epístolas a los Tesalonicenses, a que tengamos gratitud por lo que nos sucede. En la escuela dominical se nos enseñó de niños: “Procura ver para abajo, pues las personas que están con mayores dificultades, con mayores penas, con mayores necesidades son más que las están arriba tuyo con mejores condiciones de vida”. Según estadísticas de El Foro Económico Mundial, Oxfam, siete de cada diez hombres en el mundo no ganan lo suficiente para mantener a sus familias. Francisco de Quevedo, uno de los primeros e insignes poetas españoles de 1,500, hizo una gran declaración acerca de la gratitud: “El agradecimiento, es la parte principal de un hombre de bien” (un hombre de bien no puede ni debe explotar a sus trabajadores). En otro sentido, no conocemos ni por asomo la gratitud, cuando creemos que lo que recibimos es menos de lo que merecemos. Y, en lo espiritual “toda” persona que está al frente de un Ministerio de Dios, debiera practicar y enseñar que guardemos gratitud por lo que “Dios” y “otras personas” han hecho por nosotros (Job 1:21). ¡Señor, bendice a todo aquél que en su momento nos extendió la mano!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



martes, 8 de mayo de 2018

“El evangelio de la cruz; el contentamiento; la gratitud”. (Parte dos).




 “He aprendido a contentarme”
(Filipenses 4:11).

Se dice que con respecto a nuestro estado de ánimo, el 10% es lo que nos sucede, y 90% qué actitud tomemos al respecto.

Ahora bien, una persona adulta y madura sabe que cualquiera que sea la pena siempre tiene un final (hasta hemos hecho una broma de ello: no hay mal que dure 100 años, ni enfermo que los aguante). Y, una persona adulta, madura y creyente con mayor razón debiera saber que Dios estará con él en esos momentos. A esa confianza, a esa seguridad, a la tranquilidad, y, a la fuerza que Dios nos da en medio de la pena o la angustia (no hemos notado que cuando vamos a consolar a un enfermo creyente, los que salimos consolados somos nosotros), es a lo que la biblia llama “Contentamiento” (Hebreos 13:5). Ahora bien, tener contentamiento, no implica que el día que enterremos un ser querido brinquemos en la funeraria al son de mariachis para aparentar felicidad, sino tan sólo que vamos a tener ACEPTACION en o por lo que estamos pasando, sabiendo que es parte del plan perfecto de Dios para nuestras vidas, y por lo tanto, reposaremos confiados en él (Hebreos 13:5), esa acción, esa actitud, esa aceptación será lo que nos haga diferentes a quienes no tienen a Cristo. Y, así como entendemos que el evangelio de la cruz no es un sufrimiento permanente, también así entendemos que el contentamiento tampoco implica un gozo permanente.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


lunes, 7 de mayo de 2018

“El evangelio de la cruz; el contentamiento; la gratitud”. (Parte uno).




“El que no toma mi cruz y me sigue”
(Mateo 10:38).

Desde ésta ventana nuestra línea de prédica está basada en tres columnas: Una, el único evangelio que creemos verdadero es el de “LA CRUZ DE CRISTO”; dos, que hemos de vivirlo con “CONTENTAMIENTO”; y tres, que debemos tener “GRATITUD”.

Todos le tememos al sufrimiento, a pasar penas, a vivir con limitaciones, a cualquier enfermedad, a una operación, a la falta de paz, etc. Por ello, cuando alguien nos habla de un evangelio de la cruz, luego nuestra mente y corazón viajan al mundo del “sufrimiento permanente en ésta vida”, pero no es así. El evangelio de la cruz solamente nos implica que vamos a tener “aceptación y ser realistas” de lo que nos sucede (Mateo 16:24). Nos explicamos, si hay una enfermedad “hay” una enfermedad, no nos podemos poner a negarla o a reprenderla, pues el hecho de que está allí es una realidad, simplemente podemos negarla sería mentir y engañarnos a nosotros mismos. Conocemos personas que por cometer esa barbaridad (negar la enfermedad y solamente reprender en lugar de actuar), han visto morir a sus parientes en medio de “declaraciones de sanación inefectivas”, con la respectiva dosis de frustración para quienes se quedan. ¿Por qué? Pues porque la declaración vino de un corazón humano guiado por sentimientos, no por la boca de Dios señalando su plan perfecto para la vida del enfermo así como de quienes le rodean. A la “ACEPTACION” de la voluntad de Dios (tanto de la enfermedad y sus consecuencias, en éste ejemplo) es a lo que la escritura llama el “evangelio de la cruz”.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



viernes, 4 de mayo de 2018

El resultado de los motivos equivocados.




“Engañoso es el corazón”.
(Jeremías 17:9).

¿Por qué hay ocasiones en las cuales no tenemos los resultados que anhelamos?

El profeta Jeremías nos advierte que nuestro corazón es engañoso, que aún y cuando, nosotros pensamos que estamos haciendo algo por un motivo en realidad lo estamos haciendo por otro. Ejemplo, cuando ayudamos a alguien lo podemos estar haciendo por uno de dos motivos, el primero, por empatía (capacidad de sentir lo que otro está viviendo) en cuyo caso el resultado será muy agradable, pues se hace sin ningún interés oculto (Hechos 2:44-45). Pero, también podemos ayudar a alguien con la intención de luego ver qué podemos obtener de él, o al menos, “esperando” obtener algo de la situación. Ese resultado, aún y cuando, al principio nos parezca que funciona, su final NUNCA podrá ser bueno o productivo pues tiene intereses equivocados. Miremos un caso real, el matrimonio Dios lo instituyó para que una pareja procreara hijos y formara un núcleo familiar, pero el caso de Sansón no era así. Nos señala la escritura que él sólo “deseaba” a las mujeres (Jueces 14:3 y 16:4), y ¿Cuál fue el resultado?: Sansón perdió su poder, su vista, su libertad, al final hasta su vida, pero lo más importante, el Espíritu de Jehová se apartó de él (Jueces 16:20). En otras palabras, cuando los motivos con los que iniciamos algo no son los correctos, el resultado tampoco lo será. Los matrimonios con fines equivocados son quizás uno de los mejores, tristes y lamentables ejemplos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  


jueves, 3 de mayo de 2018

¿Fue sexo el pecado original?




“Más del árbol no comerás”
(Génesis 2:17).

Uno de los errores más serios del ser humano es “que emitimos nuestra opinión sin conocer un asunto”. Ciertamente todos estamos aprendiendo, pero en Dios no caben los: “Yo lo que creo es...”, ni los: “Yo pienso que…”, ni mucho menos los: “Yo opino qué…”.

En lo espiritual, de los puntos en los cuales fallamos es visto desde el inicio de la creación. Muchas personas se atreven a decir que el pecado de Adán y Eva fue de tipo “sexual”. La escritura es muy clara en decir que fue “desobediencia”. Veamos, Dios le habló a Adán y le dijo: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). El árbol era una “planta” de raíces, troncos, flores y frutos… no era nada de tipo sexual o que tuviera que ver con sexo. Una prueba contundente de ello es el hecho que hasta el verso siguiente (18) la mujer fue creada. En otras palabras, cuando Dios le dio la “prohibición” a Adán de no comer del árbol, la mujer ¡NO existía sobre la faz de la tierra!. Más tarde, vemos pecar a Eva, y el contexto nos enseña: Pero la serpiente le dijo: Con que Dios les ha dicho: “No comerás de todo árbol del huerto” (Génesis 3:1), el árbol seguía siendo una planta no algo referente al sexo. En otro sentido, ellos tuvieron “inquietudes sexuales” (si lo queremos ver así) hasta después del pecado no antes (Génesis 2:25 y 3:10).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


miércoles, 2 de mayo de 2018

¡No dejemos de cumplirle a Dios!




“Te lo ofreceré en holocausto”.
(Jueces 11:31).

Nunca ofrezcamos algo a Dios si en nuestro corazón no está el cumplirle (Eclesiastés 5:5). Ananías y Safira murieron por no cumplir su promesa y por el amor al dinero (Hechos 5:4 y 8).

Corrían los tiempos de los Jueces en Israel, los amonitas (tribu enemiga de Israel, cuyo origen fue el acto incestuoso de la hija menor con Lot, Génesis 19:38), querían despojar de sus tierras a los israelitas, y un valiente, llamado Jefté, poseído por el Espíritu del Señor, va y recupera las tierras para su pueblo, pero, habiéndole dicho a Jehová: “Si me das la victoria te ofreceré en holocausto a quien salga primero de mi casa a recibirme al regresar” (Jueces 11:31). Jefté va, obtiene la victoria y a su regreso quien primero sale a recibirle es su hija (Jueces 11:34), a Jefté se le rompe el corazón pues ella era hija única, pero le cumple la promesa al Señor con contentamiento y la da en holocausto (la dedica, no la sacrifica, versos 37 y 39), como resultado obtiene la bendición, el cuidado y el respaldo de Dios. La lección es, no seamos de las personas que cuando están en problemas buscan a Dios, le hacen y le dicen mil promesas pero en cuanto nos cumple lo que queríamos o necesitábamos, nos olvidamos de lo que le dijimos o prometimos. Y, cuando lo ofrezcamos tampoco lo hagamos de mala manera como lo hizo Caín.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



martes, 1 de mayo de 2018

¿Qué es el matrimonio? (Conclusión).




“Y dejará a su padre y a su madre…”.
(Génesis 2:24).

El matrimonio como ya vimos, Dios lo instituyó para una finalidad “principal” que solamente un hombre y una mujer pueden llevar a cabo… la procreación y multiplicación de la especie (Génesis 1:28).

Algunos puntos que la biblia nos recomienda para un matrimonio estable y feliz: 1) Lo “ideal” en el matrimonio es que se realice entre personas de la misma nacionalidad, raza, cultura, estrato social y tendencias espirituales (Josué 23:12-13). Esto impediría que tanto las costumbres materiales como las espirituales de vida sean un estorbo para una feliz convivencia. 2) Lo pueden realizar personas solteras, solteras por viudez y hasta personas divorciadas que hayan sido víctimas de infidelidad (adulterio) por parte de sus parejas, en cuyo caso quedan libres del compromiso (1ª. Corintios 7:8; Mateo 5:32 y Levítico 20:10). Esto es con la finalidad de tener toda la bendición de Dios bajo su techo. 3) El sexo en el matrimonio ciertamente es para procrear hijos, pero cumplida esa misión, el sexo debe ser un motivo de unión y placer para la pareja, las escrituras son suficientemente claras en ese sentido. El libro de Cantares nos da claros ejemplos del sexo que intima más a la pareja (Cantares 1:2; 7:8). Los santulones y religiosos que han hecho del sexo dentro del matrimonio un “tabú” pecan en contra de Dios, y son responsables de los deprimentes resultados por esas malas motivaciones, fue lo que Cristo les reprochó tanto a los Fariseos: “Hacéis cualquier cosa para hacer un prosélito (seguidor), para luego hacerlo dos veces hijo del infierno, pues ni entráis al cielo vosotros ni los dejáis entrar a ellos” (Mateo 23: 13 y 15).

Señor: Señor danos un honesto celo por tu casa.