“No un neófito”.
(1ª Timoteo 3:6)
Un neófito, es una persona que recién se convirtió o
que recién se ha adherido a una causa. Desde el punto de vista espiritual se
refiere a una persona que recién ha entregado su vida en manos de Cristo.
Cristo, fue el maestro de maestros, el Mesías
Príncipe, Aquél que había sido anunciado por los grandes profetas como la gran
promesa de Dios Padre (Isaías 11:1). Y cuando llegó el tiempo de su venida, él
mismo eligió a 12 (Mateo 10:1-4) y los instruyó por tres años y medio. Y aún
así, habiendo sido instruidos directamente por Cristo, miremos los grandes
errores que cometieron siendo neófitos: Pedro, negó a Cristo (Mateo 26:74);
Felipe, no confió en Cristo cuando le mandaron alimentar a la multitud (Juan
6:7); Tomás, a pesar de todos los milagros que había visto y hecho, fue
incrédulo (Juan 20:27 y Lucas 10:1); Juan y Jacobo, los hijos de Zebedeo, eran
conocidos por ser violentos (Marcos 3:17). Es por ello, que el apóstol Pablo
cuando aconseja a Timoteo quiénes deben dirigir la Iglesia, es puntual al decir:
“Que NO sea un neófito (un recién convertido)”, pues lo primero que hará será
“envanecerse” (1ª. Timoteo 3:6). A más, que, su testimonio no puede tener
consistencia si tan sólo hace poco tiempo lo vieron en malos caminos (3:7).
Otro factor que afectaría es su poco conocimiento de la Palabra y su poca
experiencia, en otras palabras el respeto y la honra que emitiría sería muy
pobre para poder ejercer un liderazgo (1ª Tesalonicenses 5:13). Así, un maestro
espiritual no puede ser un niño espiritual.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.