“Si no viereis señales y
prodigios no creeréis”.
(Juan 4:48).
¡Qué poder da el Espíritu
Santo a quienes Dios se los imparte, que Cristo, necesitó solamente dos días
para manifestarse en Samaria, y haber hecho que muchos se convirtieran (Juan
4:43). Pero otro punto importante es el siguiente: Cristo les hace ver a los
judíos que existen personas que “necesitamos” ver señales y prodigios para
convertirnos, y que tendremos bendiciones por ello. Pero, cuando reprende al
apóstol Tomás en Juan 20:29, por creer hasta que vió y tocó, le explica que:
“Más bienaventurados son aquellos… que sin ver señales y prodigios creen”. Muchos
somos los que “necesitamos” abrir los ojos, ver y tocar para creer; pero más
bienaventurados son los que tan sólo con estar “hincados” y con sus ojos
cerrados logran ver. La pregunta es: ¿De qué grupo somos?
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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