“Y los muertos oirán su
voz”.
(Juan 5:25).
¿Cómo es posible que un
muerto escuche? Las escrituras nos dicen, que hay muertos que caminan. En una
ocasión un “escriba” (judío encargado de transcribir las escrituras), se le
acerca a Cristo para expresarle su deseo de seguirle, pero cuando Cristo le
dice: “Está bien, sígueme”, éste responde: “Pero primero déjame que entierre a
mi padre” (Mateo 8:21). Cristo le responde: “Deja que los muertos entierren a
sus muertos” (verso 22). Si entendemos bien: El padre de éste joven, aún vivía,
pero cuando dejara de respirar… entonces necesitaría sepultura. ¿Quiénes lo iban
a enterrar? Algunas personas que
estuvieran vivas. Pero la Palabra dice que: Todo aquél que no crea en Cristo y no
lo tenga en su corazón está muerto, aún y cuando esté caminando” (Juan 3:19). Así
que, Cristo nos está diciendo que todo aquél que no lo siga, aún estando vivo y
caminando… simplemente es un muerto. Ahora bien, también es otra verdad que
llegará el día en que todos los “sepultados” seguidores o no de Cristo,
escucharán la voz de Dios y saldrán a juicio (Juan 5:28).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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