“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE.
Un santo es alguien
“apartado o consagrado”, alguien que no es igual a los demás. Cuando logramos
entender èste punto en el caso de Dios, entonces le tendremos un temor
reverente, lo que implica NO que le tendremos miedo sino màs bien respeto y
confianza totales. ¿Por què? Porque sabremos que estamos ante alguien superior,
alguien que realmente tiene el “poder” de hacer lo que nosotros nunca podríamos
(Lucas 1:37). Como èl que mostrò en Gènesis 1.
Ese respeto y esa confianza totales
nos llevaràn a tener “contentamiento” a acatar sus decisiones. A su vez, esa
obediencia nos traerà toda clase de bendiciones y beneficios pues es una
promesa hecha por èl mismo hace miles de años (vea Deuteronomio 28:1-6). Santificar
su nombre también implica honrarlo y agradarlo. Y ¿còmo honramos y agradamos a
alguien? Lo honramos con un sistema de vida respetable; y lo agradamos haciendo
lo que sabemos que a èl le gusta, o, dejando de hacer lo que sabemos que no le
gusta. Y la mejor forma de honrar y agradar a Dios, es luchar por mejorar
nuestro sistema de vida cada dìa, no importando lo que diga el hombre (1ª
Tesalonicenses 2:4).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario