“Hago la voluntad del que me
envió”
(Juan 5:30).
En cuántas ocasiones nos
hemos quedado sorprendidos porque estamos en alguna pena, y la persona que
menos esperamos es quien nos auxilia; o, por el contrario, otras tantas en las
que nos quedamos con las manos y el corazón vacíos porque lo que tanto hemos
esperado no llega, no sucede o no lo logramos por “culpa” de alguien. ¿Por qué
suceden éstas situaciones? La Palabra de
Dios nos dice que NADA sucede sin su consentimiento y sin que haya un “propósito”
(Mateo 10:29). No es que el corazón de la gente se endurezca o se ablande en contra
o a favor de nosotros. Simplemente es Dios, quien guía a la persona idónea para
trabajar nuestras diferentes áreas. Es tanto así de certero Dios para trabajar,
que conocemos el caso de alguien, quien comprobablemente, fue dirigido por Dios
para ya NO ayudara más a una tercera persona, pues orando, sintió muy
fuertemente lo siguiente: “Pon el candado, ya no la ayudes más, él ya se
acomodó, y NADA de lo que le des lo va a satisfacer”. Pidamos un espíritu de
discernimiento para ser guiados, y, hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario