martes, 27 de marzo de 2018

Descendencia.




“Pero Sara, Rebeca y Raquel eran estériles”.
(Génesis).

Una de las situaciones más tristes en un matrimonio es no poder “procrear” hijos. Pues fue y es la orden de Dios para la multiplicación de la raza humana, siendo también una de las bases del matrimonio (Génesis 1:28). Es por ello que siempre, como creyentes, nos opondremos a matrimonios homosexuales y lésbicos, pues no cumplen dicho “estatuto”.

Quizás ahora entendemos el por qué los padres aunque amamos mucho a nuestras hijas mujeres, queremos tener también un hijo varón, pues será quien lleve nuestro “apellido”, será quien “preserve” la existencia de nuestra descendencia (Génesis 15:3y17:8). Una mujer al casarse pierde esa descendencia al cambiar su apellido por el del esposo (en ciertos lugares literalmente la mujer adquiere inmediatamente el apellido del esposo, y a no ser que enviude nunca más es reconocida con el apellido del padre), mientras que el hijo hombre siempre lo transmite. No se trata de “orgullo” ni de “machismo” se trata simplemente, como dice la escritura… de “mantener” la descendencia. En lo material, cuando uno funda una empresa quiere que esa empresa sea heredada por sus hijos, y que éstos se la dejen a sus hijos (y esto no es nada nuevo ni creado por hombre alguno), al menos era el pensamiento de Dios hacia nuestro Padre Abraham (Génesis 15:4). Tener un hijo varón como descendencia es un regalo de Dios del cuál debemos estar agradecidos. Repetimos, esto no es “machismo ni orgullo”, se trata simplemente de “preservar” la descendencia como dijo Dios y como lo hizo Dios, su “descendencia” era un Hijo varón (Cristo y estar en Cristo; Isaías 11:1 y Mateo 1:21). Nuestras hijas deben ser tan amadas, protegidas y hasta deben recibir herencia material al igual que un hijo varón.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 26 de marzo de 2018

Están pero no son.




“Y también subió con ellos gran multitud”.
(Exodo 12:38).

Cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto, tenemos la idea de que solamente sacó descendencia Abrahámica (Israelitas) hacia la tierra de Canaán, pero no fue  así.

La narración de Exodo 12, nos habla que gentes de Egipto, “extranjeros” para el pueblo de Israel, se unieron a ellos cuando vieron las “maravillas” (milagros) que Dios había hecho para librarlos de su esclavitud. La confirmación a éste verso 38 nos la da el verso 49 en donde Dios declara firmemente que “ellos” (los extranjeros), si deseaban habitar con Su pueblo habían de cumplir las “mismas” leyes. Esto nos trae una lección espiritual muy importante que el Apóstol Juan nos da en 1ª Juan 2:19, al pueblo de Dios actual (Iglesia) se han agregado muchos extranjeros (gentes que no son pueblo), personas que están dentro por “conveniencias” (las maravillas y los milagros) pero que no están dispuestos a “pagar el precio” por caminar con el Señor. El mismo lo dijo: “Quien NO tome su cruz y me siga, no es mi discípulo” (Mateo 16:24). Debemos, pues, cuidarnos de al menos dos situaciones: Primero, estar seguros que nosotros somos pueblo (teniendo contentamiento y no quejándonos ni murmurando por lo que nos pasa o deja de pasar); y segundo, estar atentos a que gentes “infiltradas” no nos convenzan de rebelarnos en contra de lo que Dios ha ordenado (Gálatas 5:19-21).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   



viernes, 23 de marzo de 2018

Nada oculto.




“Todo está desnudo y abierto al ojo de Jehová”.
(Hebreos 4:13).

La tecnología nos ha llevado a dimensiones que cuando éramos niños sólo eran un sueño o una fantasía. Pero hoy, nos damos cuenta que por medio de ella somos vigilados en casi todo lugar.

Algunos que dicen ser “entendidos en la materia” hasta nos dicen que somos observados en nuestras propias casas, pues el ojo de nuestra computadora; de nuestro televisor, y, aún la cámara de nuestro celular no solamente miran para fuera nuestro sino también lo hacen para dentro. Si es cierto o no aún no ha sido comprobado, pero lo que sí es cierto es que en casi todo lugar a donde vamos se nos “informa”  que estamos siendo grabados (por nuestra seguridad ???). Aún así, nuestro actuar como personas es inmaduro, hacemos y cometemos acciones que creemos nadie las vió o se dio cuenta de ellas, y creemos quedar impunes a sus consecuencias. La escritura nos enseña que no será así para siempre (nos referimos a la impunidad), pues Dios tiene su ojo en todos lados por lejanos, profundos u oscuros que sean (Hebreos 4:13). Por ello nos enseña que nuestro actuar debe ser transparente en público como a solas, pues él sí nos observa, y es más, llegará el día en que TODO acto nuestro quedará expuesto al público (Apocalipsis 20:12). Que los hechos desagradables de los santos serán perdonados y los de los impíos serán castigados… eso ya son otros diez centavos adicionales.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



jueves, 22 de marzo de 2018

Siervos de Dios (Conclusión).




“He aquí mi siervo”
(Isaías 42:1).

El capítulo 10 del evangelio de San Juan, nos explica más detalles de un Siervo:

El buen siervo “Conoce” a sus ovejas por nombre (Juan 10:3). No es posible que un siervo tenga “tantas” ovejas, que se tenga que enterar en la “calle” que alguien que no conoce personalmente asiste a su congregación. “El buen siervo “saca” a sus ovejas a libertad (Juan 10:4). No permite que sean esclavas de ninguna manera, ni mucho menos las esclaviza él. El buen siervo “enseña” a sus ovejas que hay otros rediles además del suyo (Juan 10:16). No es un siervo que cree y hace creer a sus ovejas que “solamente allí  se tiene toda revelación y toda verdad, y que los demás están equivocados. Las “obras” del buen siervo, hablan por él  (Juan 10:25). Un siervo verdadero no es una persona que da “cobertura, seguimiento y consejo” solamente a aquellas ovejas de las que recibe algo a cambio; el buen siervo da su vida “sin interés” alguno por todas. Cristo jamás usó ni utilizó el ministerio para beneficio propio ni de sus discípulos, sino al contrario, incitaba a todos a que cubrieran las necesidades del prójimo (Juan 10:32y38), es más, ese será el termómetro de medida el día de su pronta manifestación (Mateo 25:31-40). “Otros, de buen testimonio comprobado, no serán sus detractores sino serán testigos fieles de que él… es un siervo fiel” (Juan 10:41). Un siervo de Dios será una persona que no sólo habla de fe, sino que la demuestra sirviendo a Dios por fe no por un salario.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


miércoles, 21 de marzo de 2018

Siervos de Dios (Parte tres).




“He aquí mi siervo”
(Isaías 42:1).

6- Un siervo de Dios “sirve” en el Ministerio no se “sirve” de él (Efesios 6:6). Un gran maestro en el Instituto Bíblico nos enseñó hace 28 años lo siguiente: “En el Ministerio quien no sirve para servir, es una persona que no sirve, y lo más seguro, es que llegue a servirse del Ministerio”. Cristo vino a dar su vida por otros, no a quitarla (Juan 10:11). Ese espíritu sacrificial debiéramos tener todos aquellos que decimos predicar la palabra de Dios, y, predicarla sin intereses ocultos. (Circunstancias) 7- Un siervo de Dios debiera conocer los tiempos, especialmente el de él, tanto para “estar dentro y como para salirse” del Ministerio, y ya no digamos los tiempos de Dios para su pueblo (Deuteronomio 1:13 y Mateo 24 completo). ¿Cómo podremos guiar y liberar a otros en estos tiempos tan difíciles y finales, si nosotros mismos “ignoramos” entender lo que sucederá pronto? ¿Cómo podremos resguardar a las ovejas, si no sabremos a dónde o cómo llevarlas para que estén seguras? (Juan 10:4). 8- Un siervo de Dios “escucha” la voz de Dios provenga de donde provenga (1ª. Samuel 3:10). Un líder que cree que nadie más le puede enseñar algo, pues él ya encontró la última verdad, la última revelación, es un asalariado orgulloso y una persona peligrosa, pero no un siervo (Juan 10:13), ¡Clamemos por humildad y misericordia para entender los tiempos!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

martes, 20 de marzo de 2018

Siervos de Dios (Parte dos).




“He aquí mi siervo”
(Isaías 42:1).

(Virtudes) 3- Traerá “justicia” a las naciones (Isaías 42:1). Un siervo de Dios no puede ni debe tener preferencias en una congregación; no puede ni debe ponerle más atención a una persona más que a otras por ningún motivo. La parábola nos dice que el “buen” pastor (Siervo) dejó las noventa y nueve y fue por la una que estaba “perdida” (Lucas 15:4). Un líder (Siervo) que no hace lo posible por discernir el “por qué” se fue una persona de la congregación o que no le interesa el motivo por el cual se haya ido, simplemente lo que está diciendo a gritos es que él NUNCA fue su pastor, sino simplemente es un asalariado que saca provecho cuando puede, pero si no lo encuentra entonces pierde el interés (Juan 10:13). 4- No quebrará la caña cascada ni “apagará el pávilo” que humeare (Isaías 42:3). Un siervo de Dios luchará por las ovejas más tiernas siempre (entandamos aquí a las menos pudientes, a las más sencillas o menos favorecidas), pero también velará por el buen actuar de todas las ovejas para proteger la salud del rebaño (recordemos a Acán y Giezi), y por supuesto, “jamás” se aprovechará de ninguna. 5- Predicará la “verdad” (Isaías 42:3). Una verdad se predica completa no a medias, y menos por motivos de preferencias o necesidades personales. Una verdad no es un solo verso de la escritura sino es todo el contexto del mismo en todas las escrituras.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 19 de marzo de 2018

Siervos de Dios (Parte uno).




“He aquí mi siervo”
(Isaías 42:1).

La palabra “siervo” en el original es la palabra “doulos” que quiere decir: “esclavo”. La definición de esclavo es: “Persona que carece de voluntad y libertad propia, por estar sometida de forma absoluta a otra persona”.

Luego, un siervo de Dios tenemos qué definirlo obligatoriamente de la siguiente forma: “Persona que carece de voluntad y libertad propia, por estar sometida de forma absoluta a Dios”. Es por ello, que sostenemos muy firmemente que “nadie” debiera hacerse de un cargo eclesiástico sin el “llamamiento” de Dios, pues NO podrá cumplir con éste primer y principal requisito. No señalaremos a nadie ni estaremos juzgando a nadie, simplemente, expondremos las cualidades del “verdadero siervo de Dios” según las escrituras, cada quien forme su propio juicio. Así, el “siervo de Dios” por excelencia fue nuestro Señor Jesucristo, veamos sus cualidades, virtudes y circunstancias: (Cualidades) 1- Es “escogido” por Dios (Isaías 42:1). No es alguien que se autonombra para el cargo; no es una persona que decide por sí misma y que dice: “Yo me ofrezco”; tampoco es alguien nombrado por “necesidad”. 2- Es alguien que vive con “contentamiento” por ello es “obediente” al cien por ciento (Isaías 42:1). Es también por éste contentamiento que respeta, vive e instruye bajo las leyes y las normas de Dios, no llega al ministerio a “implantar” sus normas y a “crear” sus propias leyes por caprichos o necesidades personales (Isaías 58:1-7).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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viernes, 16 de marzo de 2018

Tu propia cisterna.




“Bebe el agua de tu propia cisterna”.
(Proverbios 5:15).

En las escrituras la palabra de Dios es comparada con el agua natural que bebemos. Y aquí, las escrituras nos enseñan que debemos “buscar” nosotros mismos los secretos de Dios.

No nos apartamos del hecho que aprendamos de lo que “otros” estudian, porque entonces no tendría sentido que Dios hubiera establecido maestros de la palabra (Efesios 4:11). Pero sí somos de quienes incitan a que cada uno busquemos, en la presencia de Dios, qué es lo que él desea enseñarnos personal e íntimamente. Al profeta Jeremías le fue “revelada” ésta verdad, veamos: Jeremías 33:3: “Clama a mí, y yo te responderé, y… te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. En otra porción (Salmo 34:21 y 1ª Pedro 3:12) nos muestra que sus ojos están sobre aquellos que le buscan y su buena intención sobre ellos. Como vemos, Dios quiere “mostrarse a nosotros” y quiere que descubramos sus secretos, pero no los vamos a encontrar si solamente nos quedamos con lo que “otros” nos enseñan. Una de las lecciones que nos deja la vida de nuestro padre Abraham, es el hecho que él se mantenía cavando pozos de agua a donde llegaba y también nos dice que hacía altares. Meternos diariamente al aposento alto con nuestro Dios, es para nosotros “cavar pozos y levantar altares”, y será allí, en donde él nos hablará sus secretos. No debiéramos reunimos con los hermanos en la fé para ser “instruidos” sino más bien para “confirmar”, o en todo caso, “complementar” lo que Dios ya nos ha enseñado en la intimidad. Eso nos hará ser dependientes de Dios y no de un hombre.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




jueves, 15 de marzo de 2018

Hijos de Dios… sin marcas.




“No os haréis marcas ni sajaduras”.
(Levítico 19:28).

La moda está conformada por la ropa, los cortes de cabello, y, por supuesto, los tatuajes o marcas en el cuerpo.

Cuando Dios estaba conformando las bases de su pueblo, Israel, le constituyó leyes que no debían ser rotas por NINGÚN motivo (Levítico 19:37). Entre éstas estaba que NO debían hacerse marcas ni tatuajes en el cuerpo como lo vemos en el verso arriba mencionado (19:28). Cuando uno es joven es inexperto y si a eso le agregamos: a) Que actualmente existen demasiados hogares desintegrados. b) Que en los integrados existe poca o ninguna comunicación con los hijos debido a las actividades individuales y a la mucha interferencia de la tecnología. Y c) Que existe mucho libertinaje en casi todos los ámbitos, entonces caemos en la obligada pena que no hay quién oriente a nuestros jóvenes. En la medida que podamos como padres, como maestros, como amigos, como consejeros espirituales, y como ejemplos que debiéramos ser (nos estamos refiriendo estrictamente a personas creyentes, vea 19:1), nuestra dirección debe ser en el sentido que nuestros jóvenes NO marquen sus cuerpos ni con tatuajes ni mucho menos con sajaduras. ¿Cuál es la razón? Dios nos la explica en el verso 2 y 28 de éste mismo capítulo 19 de Levítico: “Porque quita la santidad del templo de Dios que es nuestro cuerpo”.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




miércoles, 14 de marzo de 2018

Peregrinos (Conclusion)




“Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti”
(1ª Crónicas 29:15).

¿Qué fue el desierto? ¿Qué pasó en el desierto? ¿Por qué es una analogía o un ejemplo para el creyente el desierto?

Cuando el pueblo de Dios entró al desierto era porque había dejado atrás Egipto (figura del  mundo como lo hemos comprobado Exodo 12:41 y 13:3), analogía de nuestro nuevo nacimiento. En el desierto, el pueblo de Dios viajaba “livianamente de equipaje” (Deuteronomio 29:5). En el desierto hubo necesidad de agua (Exodo 15:22); (el agua representa la palabra de Dios que es la que nos da vida diaria Juan 4:14). En el desierto había un calor desesperante (las pruebas en la caminata son representadas con ese calor. Exodo 15:22). Con razón las escrituras nos dan el ejemplo de “Aquél” que habría de ser nuestro guía, cuando del Cristo se dice: “Quien por el gozo puesto delante de él, soportó la cruz” (sufrimientos… un desierto. Hebreos 12:2). Nadie pues, que haya sido llamado por Dios para predicar SU palabra, debiera enseñarnos otra doctrina que no sea la de la cruz de Cristo, sino más bien que somos peregrinos, y como tales, nuestro equipaje “tiene que ser ligero”. ¿Estamos viviendo nosotros como extranjeros y peregrinos? ¿Estamos enseñando a nuestros hijos y nietos a vivir como peregrinos? ¿Estamos predicando un peregrinaje ligero? ¿Estamos predicando la doctrina de la cruz de Cristo?

Nota: Creer y predicar la doctrina de “La cruz de Cristo”, NO implica un peregne sufrimiento como peregrinos, sino tan sólo ACEPTAR que como creyentes hemos de sufrir pero que Cristo nos acompañará en ese sufrimiento (Juan 16:33).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



martes, 13 de marzo de 2018

Peregrinos (Parte dos)




“Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti”
(1ª Crónicas 29:15).

Toda la caminata del creyente es un continuo pasar por lugares “extraños”, y, dice la escritura, analógicamente, que se pasa con “dificultades”. El ejemplo lo encontramos desde el principio de la fundación del pueblo de Dios, Israel, cuando es sacado de Egipto y metido en un desierto por 40 años. 

Reniegan, se quejan, se rebelan y hasta mueren en ese desierto… simplemente porque NO entendieron nunca, que para llegar a la tierra prometida, había que pasar primero por un desierto (Exodo 7:16 y Deuteronomio 8:2). Es por ello, en base bíblica, que NO compartimos la doctrina de la “prosperidad”. Esta doctrina es un invento del enemigo para inducir a los creyentes ingenuos que “toda” la gloria de Jehová ya está habitando “en” nosotros (la gloria de Jehová estaba en la “nube” no en la tierra) (Exodo 16:10). Qué ya estamos gozando del “reino”, y que por lo tanto, ya hemos de gozar y gobernar con poder, y qué, ese poder se encuentra en nuestras “declaraciones” (antojadizas y egoístas). Sin darnos cuenta que quizás nuestras “declaraciones” van en contra de la voluntad y los planes eternos de nuestro Dios. Se nos enseña a declarar en contra de la enfermedad, en contra de la muerte, en contra de la pobreza, sin saber si “precisamente esas circunstancias” son el plan perfecto de Dios.  En una ocasión Cristo le dijo al gran líder y apóstol Pedro: “Apártate de mi SATANAS” por haber “declarado” en contra de los planes perfectos de Dios (Mateo 16:23). ¡No cometamos el mismo error!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 12 de marzo de 2018

Peregrinos (Parte uno)




“Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti”
(1ª Crónicas 29:15)

Peregrino: “Persona que pasa, con dificultades, por lugares extraños”. Así define nuestro diccionario ésta palabra. Y la escritura nos llama “Forasteros y peregrinos”.

Desde las primeras lecciones en la escuela dominical se nos enseña que somos peregrinos mientras estamos en ésta tierra. Lastimosamente no se nos enseña lo que es, o, lo que representa un peregrino. Su definición, al conocerla, nos debiera ampliar no sólo el conocimiento sino también el entendimiento. Pues un peregrino es una persona cuyo equipaje… “tiene” que ser liviano. Jamás un peregrino ha viajado con mucho equipaje, como creyentes tampoco lo podremos hacer. Con justa razón entonces las escrituras nos hablan así de nuestro Padre espiritual Abraham: “Por la fe, habitó como peregrino, viviendo en tiendas  (ligeramente), y eso, enseñó a su hijo y a su nieto” (Génesis 18:19 y Hebreos 11:9). Si realmente hemos entendió éste concepto, se tiene que evidenciar en que no podemos ser creyentes materialistas. Si nuestras metas y nuestros deseos tienen que ver con tener posesiones y posiciones… ¡tenemos que entender que estamos mal!  Si nuestros ojos están puestos en las pasiones y deseos de la carne… ¡tenemos que entender que estamos mal!  Si nuestra meta es ser reconocidos en cualquier ámbito de liderazgo… ¡tenemos que entender que estamos mal! (1ª Pedro 2:11).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




viernes, 9 de marzo de 2018

El infierno (Conclusión).




“Temed a aquél que os puede echar al infierno…”
(Lucas 12:5).

Ninguno estamos libres de poder vivir un infierno, y menos, si hay “alguien” que está interesado en ello. Pero ¿Quién es?  Cristo dijo: “Mirad, que nadie os engañe” (Mateo 24:4).

“Todo lo que o el que se levante contra Dios” (2ª Tesalonicenses 2:4), nos puede echar al infierno. El apóstol Pablo se lo explica a Timoteo en ésta carta, haciéndole ver: “Todo lo que sea objeto de culto” es ese alguien o algo que nos puede echar al infierno. Por ello es que las escrituras nos hacen ver muy claramente que él es un Dios paciente y misericordioso, pero… también es “celoso” de lo suyo y de los suyos (Deuteronomio 5:9). Dios es tan claro al respecto de las pasiones y de los cultos ajenos a él, que nos lo explicó claramente en el siguiente pasaje: “Por NADA estéis afanados” (Filipenses 4:6). La pregunta es: ¿Qué significa nada? Significa NADA o significa que hay alguna excepción?  ¡Significa NADA!  Esto nos lleva hasta el punto que lo único importante para Dios es él (como ser, como individuo), y ni siquiera el templo, ni los cultos, ni las reuniones en la iglesia, ni las ofrendas, ni ningún otro tipo de actividad más que su adoración personal e íntima (Oseas 6:6). ¡Velemos porque nadie nos engañe poniendo “trampas” con oscuras y personales intenciones… podría estarnos metiendo en un infierno, aunque éste, parezca muy espiritual!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



jueves, 8 de marzo de 2018

El infierno (Parte dos).




“Y esta es la vida eterna…”
(Juan 17:3).

¿Luego de ver el estado del rico y de Lázaro, estamos conscientes que el infierno no es tan sólo una fábula lugareña o un método de amedrentarnos?

Como vimos antes, para padecer los efectos del infierno no hace falta que muramos. En vida se pueden padecer los tormentos y el fuego del infierno, veamos: Los salmista lo describen en las siguientes frases: “En mi angustia clamé” (Salmo 4:1). “Mis ojos se han envejecido y gastado de tanto sufrir” (Salmo 6:7). “Jehová será refugio para el tiempo de angustia” (Salmo 9:9). “Aderezas mesa Señor, delante de mis angustiadores” (Salmo 23:5). “Me alegraré de tu misericordia, Señor, porque has visto mi alma angustiada” (Salmo 31:7). Es innegable que los hijos de Dios tenemos “angustias”, “sufrimos”, tenemos “angustiadores”, etc. Entonces, ¿Quién o por qué nos mienten haciéndonos creer “otra” doctrina (prosperidad y declaraciones) que se aleja de la cruz de Cristo? Solamente pueden haber dos motivos: el primero, sería por ignorancia de la palabra de Dios, que es lamentable pero tiene solución, pues si se es humilde Dios dará la gracia para el conocimiento. Y la segunda, son intereses personales oscuros, que esa si es triste pues se hace con conocimiento de causa y con malas intenciones. Entendamos, cualquier angustia, cualquier pena, cualquier situación que nos quite la paz y el sueño… se convierten en nuestro infierno.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


miércoles, 7 de marzo de 2018

El infierno (Parte uno).




“Y esta es la vida eterna…”
(Juan 17:3).

Creyentes y no creyentes, asociamos el infierno con un lugar de fuego y tormentos.

Según las escrituras, físicamente en el infierno ciertamente habrá fuego y tormento (Mateo 25:41). Veamos cómo se describe en Lucas 16:19-31, en donde se nos narra la historia de un rico y Lázaro, un pobre: 1- Vivir los tormentos de un infierno es real, no una analogía (verso: 23); 2- Se tienen necesidades, sentimientos, emociones, temores y vemos la existencia de fuego (verso 24); 3- Claramente nos explica que no se puede tener todo en ésta vida, vivir “egoístamente”, y tenerlo también todo en la otra (verso 25); y 4- Media vez se entra al infierno ya no se puede salir (verso 26). Pero las escrituras también nos dan “otras” luces de lo que es vivir un infierno. En el evangelio del apóstol Juan, 17:3 leemos: “Y ésta es la vida eterna… que te conozcan Padre”. Este verso nos enseña lo siguiente: 1- Conocer a Dios (tener una estrecha relación con él) es tener vida eterna (tenerlo todo); 2- Por lo tanto, una vida sin la presencia de Dios es vivir en un infierno (desagradable y sin nada). Quizás ahora, podamos entender mejor, el por qué, personas que no tienen una relación íntima con Dios, cuando tienen problemas se agobian tanto que se suicidan o se dan al abandono. ¡Eso, es un infierno!

Nota: No estamos implicando que ser rico es pecado, que no se pueda ser rico, o que las riquezas son malas o pecaminosas. Dice la escritura que lo que Dios y los hombres censuran, es al rico “egoísta y acaparador” (Proverbios 11:26).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




martes, 6 de marzo de 2018

¡Aquí! … no hay doctorados. (Conclusión)




“Los gentiles buscan todas éstas cosas”.
(Mateo 6:32).

¡Eso es lo que los gentiles buscan!  Esa, fue la expresión de nuestro Señor Jesucristo cuando habló del tema. La idolatría de la persona al querer ser “reconocida” como un gran predicador, como el “doctor” en las escrituras, como el “reverendo”, como el  “apóstol”.

Claro que hay pastores, maestros, evangelistas, profetas y hasta apóstoles actualmente, pero quien los nombra, quien los unge, no son los hombres sino Dios (Efesios 4:11). Lo único que demuestran quienes buscan títulos y reconocimientos es que NO son creyentes, no son personas nacidas de nuevo, ¡son gentiles, comerciantes de la fe! (Mateo 6:32). Son personas que están viendo los asuntos de Dios como negocio propio. Miran los ingresos de la congregación como “cuchubales” y “fuentes de ingresos personales”, pero nunca como un medio para ayudar a los necesitados, que era la idea primordial de la Iglesia primitiva (Hechos 2:44-45). Recalcamos, en el ámbito espiritual “verdadero” no hay reconocimientos de éste tipo, o se recibe o no se recibe unción de los cielos. Y la unción solamente viene cuando estamos dedicándole nuestro tiempo al Señor. ¿Queremos unción?  Entonces vayamos a nuestro “aposento santo” con el Señor y pasemos horas estudiando, orando y preguntándole a él qué es lo que hay en su corazón, y qué quiere que su pueblo entienda, pues por la falta de entendimiento es que los “gentiles” buscan su propia gloria, títulos y honores (Oseas 4:6).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 5 de marzo de 2018

¡Aquí! … no hay doctorados. (Parte uno)




“Los gentiles buscan todas éstas cosas”.
(Mateo 6:32).

Once años para bachillerato; cinco de universidad; dos de maestría, y, tres para la especialización. Y entonces, luego de 24 ó 25 años de estudios, en lugar de ser el Sr. Pérez, o, el ingeniero Pérez, nos convertimos en el Dr. Pérez.

Lo hemos expresado en varias oportunidades, un profesional luego de muchos años de estudios alcanza un reconocimiento tal, que cuando expresa su opinión, se vuelve “casi” una ley. Así, en cualquier seminario de profesionales de la medicina por ejemplo, el más veterano o quien haya estudiado más, es el último y máximo exponente del tema. Y, todos, aceptan su opinión como la más certera o autoritaria. ¿Por qué? Por su tiempo de estudios, por su experiencia y por su edad cronológica. Esto es tan cierto dentro y fuera del ámbito profesional, que cuando nos enfermamos siempre buscamos al doctor con más experiencia o fama en el ramo. Ahora bien, en los caminos del Señor: ¡No hay doctorados!  En lo espiritual lo que existe, independientemente del tiempo de estudio, de la experiencia, o, de la edad cronológica, es el tiempo que se pase delante del Señor. Así, una persona que tiene poco tiempo en los caminos espirituales, pero que se postre a diario ante Dios, puede enseñarnos a algunos que llevamos muchos años en los caminos espirituales (1ª Timoteo 4:12). Eso se conoce como “unción”, y no se puede comprar… se recibe directamente de estar, como dijimos, postrado ante la presencia de Dios (Hechos 8:20). Hay quienes la tienen ya, otros la seguimos buscando.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


viernes, 2 de marzo de 2018

Los gritos ¿Implican autoridad? (Conclusión)




“No gritará…”
(Isaías 42:2).

En las escrituras, la caña cascada (mecha) representa a aquellas personas sencillas, oprimidas y de limitados recursos (hambrientos) materiales como espirituales, que no deben ser abusados de “ninguna” manera (apagados) (Mateo 12:1-20).

Así pues, en una congregación cristiana, quien se haga llamar “siervo” no puede ni debe elevar su voz para hacer creer que tiene autoridad. La autoridad no la dan los gritos, la da “un estilo de vida” que busca, se humilla y agrada a Dios, lo que se evidencia en el respaldo de Dios, que es lo que en términos de Iglesia se denomina “unción”. Cristo tuvo toda la unción del Espíritu de Dios y por ello no necesitaba elevar su voz (Isaías 42:2). Una persona, que detrás de un micrófono levanta su voz (para hacerse valer, escuchar o notar), es como dice la definición de grito: un niño espiritual que busca llamar la atención y que puede llegar a lastimar la caña cascada ( la mecha: los sencillos, los hambrientos espirituales). Repetimos, si ese no fue el método de Cristo, y, decimos seguirle, entonces como que NO debiera de ser el nuestro. ¿Por qué?  ¡Recalcamos! porque NO sería del agrado de Dios que con nuestra mala actitud lastimemos esas almas tiernas, sencillas, necesitadas material y espiritualmente hablando (caña cascada). Al hacerlo, lo único que evidenciamos es que ¡buscamos protagonismo!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   


jueves, 1 de marzo de 2018

Los gritos ¿Implican autoridad? (Parte uno)




“No gritará…”
(Isaías 42:2).

El diccionario define el grito como: “Alborotar, bramar o chillar”, y explica: Es “típico” de los niños para llamar la atención.

Las escrituras nos muestran en el libro de Isaías, en el capítulo 42 que, cuando el “siervo” de Dios venga (y explica muy claramente) “Mi” escogido, al que “YO” sostendré, en el que mi alma tiene contentamiento… ¡No gritará, ni alzará su voz! (Isaías 42:2-3) porque “no quebrará la caña cascada” (verso 3). En los tiempos de Cristo, la luz nocturna era proporcionada por lámparas (quinqués) con mecha (a la cuál llamaban caña cascada), y cuando ya tenían poco combustible y estaban a nada de apagarse se debían tratar con mucho cuidado, pues de lo contrario terminarían ahogándose y se apagarían. Cristo, a quién Dios se refirió en el libro de Isaías como “su” siervo, es aquél a quien los proclamadores de su palabra decimos seguir hoy, y, estamos representados en éstos versos. Por lo tanto, si decimos que estamos siguiendo “sus” pasos, debemos también cumplir con seguir “sus” lineamientos. Luego entonces, si queremos que las cualidades de Dios para su elegido se vean cumplidas en nosotros, debemos seguir “sus” métodos, así podremos considerar que somos “sus” escogidos, “sus” siervos; aquellos a quien “él” sostiene; y que, por supuesto, dan contentamiento a su alma (verso 2).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.