viernes, 7 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte dos)

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

¿Què fuè lo que vieron los discípulos en Jesùs que ellos también querìan tener, luego de hacer una oración? Exactamente lo mismo que nosotros queremos cuando la hacemos: “Una respuesta efectiva de parte de Dios”. Entendiendo que “efectiva” no implica necesariamente “positiva o favorable” a lo que nosotros pedimos, queremos, o necesitamos ahora. Pero entendamos algunas situaciones para poder orar efectivamente.

Primero: Debemos “aprender” a orar. Pues ese fue el primer consejo que Cristo les diò a sus discípulos: “Cuando orèis, hacedlo en privado… no en público; hacedlo naturalmente… no repitiendo frases como sòlo hablar por hablar (Mateo 6:6-7). Luego Cristo lo enseña practicándolo, pues para cada “ocasión” tuvo una “oración especìfica” no una repeticiòn: Para la resurrección de Làzaro tuvo una oración especìfica (Juan 11:43) no una repeticiòn, y aunque en èsta ocasión orò en público fue a causa de los incrédulos porque èl mismo lo aclara. Para la Santa Cena tuvo una “oración especìfica” (Juan 17) no una repeticiòn. En la cruz tuvo no una sino “siete oraciones especìficas”… no siete repeticiones (Mateo 27; Marcos 15; y Lucas 23). Punto dos, cuando uno de sus discípulos le pregunta còmo orar, Cristo le da a èl y a nosotros una “guía” de los puntos a tomar en cuenta, no una oración para repetirla y repetirla en cada ocasión, ya que era precisamente lo que acababa de censurar. Y, què es lo que contiene esa “guía” es lo que trataremos de aprender en èste tema.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



No hay comentarios:

Publicar un comentario