“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).
¿Què fuè lo que vieron los
discípulos en Jesùs que ellos también querìan tener, luego de hacer una
oración? Exactamente lo mismo que nosotros queremos cuando la hacemos: “Una
respuesta efectiva de parte de Dios”. Entendiendo que “efectiva” no implica
necesariamente “positiva o favorable” a lo que nosotros pedimos, queremos, o
necesitamos ahora. Pero entendamos algunas situaciones para poder orar
efectivamente.
Primero: Debemos “aprender”
a orar. Pues ese fue el primer consejo que Cristo les diò a sus discípulos:
“Cuando orèis, hacedlo en privado… no en público; hacedlo naturalmente… no
repitiendo frases como sòlo hablar por hablar (Mateo 6:6-7). Luego Cristo lo
enseña practicándolo, pues para cada “ocasión” tuvo una “oración especìfica” no
una repeticiòn: Para la resurrección de Làzaro tuvo una oración especìfica (Juan
11:43) no una repeticiòn, y aunque en èsta ocasión orò en público fue a causa
de los incrédulos porque èl mismo lo aclara. Para la Santa Cena tuvo una “oración
especìfica” (Juan 17) no una repeticiòn. En la cruz tuvo no una sino “siete
oraciones especìficas”… no siete repeticiones (Mateo 27; Marcos 15; y Lucas 23).
Punto dos, cuando uno de sus discípulos le pregunta còmo orar, Cristo le da a
èl y a nosotros una “guía” de los puntos a tomar en cuenta, no una oración para
repetirla y repetirla en cada ocasión, ya que era precisamente lo que acababa
de censurar. Y, què es lo que contiene esa “guía” es lo que trataremos de
aprender en èste tema.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario