“Y le seguían gran multitud”
(Juan 6:2).
¿Cuántos, estando Cristo “en vida”, le siguieron por
lo que él era y no por lo que él daba? Entre los del pueblo, tan solamente “doce”
(Mateo 10:1-4); y, entre los líderes o clase religiosa de ese tiempo, solamente
“dos”: Nicodemo, quien le buscó de “noche” (Juan 3:2 y 9) y José de Arimatea,
quien le seguía “secretamente” (Juan 19:38). Pero la mayor parte de las gentes
le seguían por lo que él daba. En una ocasión fue tan evidente el hecho, que
Cristo les dice: “Ustedes me siguen, porque les doy de hartar” (Juan 6:26 AVRV).
Cristo les dio de comer hasta “hartarse” a muchos, por medio de un milagro
(Juan 6:2 y 11). Los milagros son una fuente de fortalecimiento para el “creyente
honesto”, pero, también pueden ser un tropiezo peligroso para las “gentes o
creyentes carnales (falsos)”, personas materialistas y débiles a los deseos de
la carne (Juan 6:66). Hoy, lamentablemente, nos está sucediendo lo mismo,
existen infinidad de iglesias en donde se predica y se hace lo que las gentes “quieren”
oír y recibir, pero no lo que “necesitan” oír y recibir. La Iglesia es la casa
de Dios… no un lugar de entretenimiento, ni mucho menos un centro de acopio (en
donde comen hasta hartarse) para algunos aprovechados.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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