“El que Dios envió”
(Juan 3:34).
¿Cómo reconocer quién viene
a predicar en el nombre de Dios, y quién, en nombre propio? El apóstol Juan nos
aclara el panorama: “El que Dios envió, las palabras de Dios habla” (Juan
3:34). Y, ¿Cuáles son las palabras de Dios?
El profeta Isaías nos da una luz al respecto al darnos a conocer el
VERDADERO EVANGELIO: ¿Sobre quién ha manifestado su brazo Jehová? (Isaías
53:1). “Sobre Aquél que fue despreciado, desechado entre los hombres, varón de
dolores y sobre quien escondimos nuestro rostro, que fue menospreciado y sobre
quien no fue nuestra estima”. Fue herido, molido, angustiado y afligido por
nuestros pecados… y como cordero enmudeció y no abrió su boca (Isaías 53:3-7).
¡Ese es el evangelio que nos fue anunciado desde ochocientos años antes de que
viera la luz! ¡El evangelio que nos enseña a sufrir con contentamiento y sin
quejas ni murmuraciones! Y, también nos dice el apóstol Juan: “No puede el
hombre recibir NADA, si no le fuere dado del cielo” (Juan 3:27). Entendemos
ahora, qué, “quien quiera” que nos predique un evangelio diferente al de la
cruz de Cristo, es un farsante, un mentiroso, un engañador pues NO viene
enviado por Dios, y que, por tanto, delante de Dios es tan sólo un asalariado (Gálatas
1:8-9).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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