“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).
La escritura nos enseña
solamente en dos de los cuatro evangelios el Padre Nuestro. En los evangelios
de los apóstoles Mateo y Lucas, y quizás “nunca” lo habíamos notado, pero existen
diferencias entre ambos. ¿Cuàl es la razón? Que Mateo fue testigo presencial
mientras que Lucas no habiendo sido discípulo, lo tuvo que investigar (vea
Lucas 1:1-4). Por ello, tomaremos la versión de Mateo.
Sabemos que Orar: Significa
“platicar” con Dios o lo que es lo mismo “dialogar” con Dios. Que en una
plàtica o diálogo intervienen al menos dos personas, y que por lo tanto no es
una charla de una sola vìa. ¿Què implica èsto? Pues que asì como hablamos
también tenemos que escuchar. Antiguamente no se podía hablar con Dios
directamente, solamente el Sumo Sacerdote lo podía hacer, y lo podía hacer sòlo
una vez al año (Hebreos 9:7). Pero a la muerte de Cristo, el velo del Templo se
rasgò, figura que Dios mismo estaba permitiendo el acceso directo de cualquiera
de sus hijos a su presencia (Hebreos 4:16).
El Padre Nuestro que el
Apòstol Mateo nos enseña es el siguiente: Padre nuestro que estàs en el cielo. Santificado
sea tu nombre. Venga tu reino. Hàgase tu voluntad, como en el cielo. Danos hoy
nuestro pan cotidiano. Perdònanos nuestras deudas, como también nosotros hemos
perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino lìbranos
del mal.
(Mateo 6:9-13).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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