“El que me envió me dijo”
(Juan 1:33)
A Juan el Bautista se lo dijo Dios… y él se lo dijo a
otros.
Dios le había hablado a Juan el Bautista diciéndole: ¡Aquél
sobre quien veas descender al Espíritu Santo… ese es el Mesías (Juan 1:33).
Así, mientras Juan bautizaba en el río Jordán, Jesús se presenta para ser
bautizado y la profecía se cumple. Juan se lo comunica a Andrés (Juan 1:40); y
Andrés se lo comunica a su hermano Pedro (Juan 1:41). Cristo (Jesús) se le
manifiesta a Felipe (Juan 1:44), y, Felipe, se lo comunica a Natanael (Juan
1:46). Si, así, de uno en uno… de voz en voz, la noticia del Mesías empieza a
conquistar Israel, el lugar de la promesa (Isaías 1:14 y Juan 1:46). Más tarde,
el apóstol Pablo es enviado a los gentiles (nosotros), y, desde hace dos mil
años, de uno en uno, de voz en voz, poco a poco, hemos ido enterándonos y
creyendo en las promesas de Dios. La pregunta es: ¿Ahora que estamos dentro,
estamos cumpliendo nuestra misión? Cristo dijo: “Id y haced discípulos en mi
nombre? ¿Los estamos haciendo? Y otra pregunta importante ¿Los estamos haciendo
para beneficiar SU nombre o para beneficiar el nuestro?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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