viernes, 29 de junio de 2018

La voluntad de Dios.




“Hago la voluntad del que me envió”
(Juan 5:30).

En cuántas ocasiones nos hemos quedado sorprendidos porque estamos en alguna pena, y la persona que menos esperamos es quien nos auxilia; o, por el contrario, otras tantas en las que nos quedamos con las manos y el corazón vacíos porque lo que tanto hemos esperado no llega, no sucede o no lo logramos por “culpa” de alguien. ¿Por qué suceden éstas situaciones?  La Palabra de Dios nos dice que NADA sucede sin su consentimiento y sin que haya un “propósito” (Mateo 10:29). No es que el corazón de la gente se endurezca o se ablande en contra o a favor de nosotros. Simplemente es Dios, quien guía a la persona idónea para trabajar nuestras diferentes áreas. Es tanto así de certero Dios para trabajar, que conocemos el caso de alguien, quien comprobablemente, fue dirigido por Dios para ya NO ayudara más a una tercera persona, pues orando, sintió muy fuertemente lo siguiente: “Pon el candado, ya no la ayudes más, él ya se acomodó, y NADA de lo que le des lo va a satisfacer”. Pidamos un espíritu de discernimiento para ser guiados, y, hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

jueves, 28 de junio de 2018

¿Oyen los muertos?




“Y los muertos oirán su voz”.
(Juan 5:25).

¿Cómo es posible que un muerto escuche? Las escrituras nos dicen, que hay muertos que caminan. En una ocasión un “escriba” (judío encargado de transcribir las escrituras), se le acerca a Cristo para expresarle su deseo de seguirle, pero cuando Cristo le dice: “Está bien, sígueme”, éste responde: “Pero primero déjame que entierre a mi padre” (Mateo 8:21). Cristo le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos” (verso 22). Si entendemos bien: El padre de éste joven, aún vivía, pero cuando dejara de respirar… entonces necesitaría sepultura. ¿Quiénes lo iban a enterrar?  Algunas personas que estuvieran vivas. Pero la Palabra dice que: Todo aquél que no crea en Cristo y no lo tenga en su corazón está muerto, aún y cuando esté caminando” (Juan 3:19). Así que, Cristo nos está diciendo que todo aquél que no lo siga, aún estando vivo y caminando… simplemente es un muerto. Ahora bien, también es otra verdad que llegará el día en que todos los “sepultados” seguidores o no de Cristo, escucharán la voz de Dios y saldrán a juicio (Juan 5:28).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

miércoles, 27 de junio de 2018

¡No es por méritos… es por elección!




Y hay en Jerusalén un estanque”
(Juan 5:2).

Hay aún, en Jerusalén, un estanque llamado Betesda, en el cuál en tiempos de Cristo era visitado por un ángel. Y, cuando éste movía las aguas sanaba al primero que tocara las mismas. Había también un enfermo quien yacía allí desde hacía 38 años. El necesitaba estar sano, él quería estar sano… pero simplemente no podía buscar su sanación ni había quién le ayudara (Juan 5:7). Para entrar al estanque había cinco puertas. Un día Cristo entró, pudo hacerlo por cualquiera otra de las cuatro restantes, pero él fue guiado por el Espíritu a entrar por la puerta en donde estaba el enfermo. Eso nos prueba que no es por méritos propios sino por “elección divina” la solución a nuestros problemas (Juan 5:2). Es por ello que no debemos creer en la doctrina de la “declaración de la prosperidad”, sino tan sólo pedir, esperar y confiar en él (Mateo 7:7). Todo cuanto nos sucede, cómo nos sucede, cuándo nos sucede, por qué nos sucede y especialmente para qué nos sucede, es SU elección no la nuestra. Las soluciones del hombre son lentas y pasajeras, las de Dios instantáneas y duraderas, pero, en SU tiempo (Juan 5:9).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

martes, 26 de junio de 2018

Unos necesitan ver, otros no.




“Si no viereis señales y prodigios no creeréis”.
(Juan 4:48).

¡Qué poder da el Espíritu Santo a quienes Dios se los imparte, que Cristo, necesitó solamente dos días para manifestarse en Samaria, y haber hecho que muchos se convirtieran (Juan 4:43). Pero otro punto importante es el siguiente: Cristo les hace ver a los judíos que existen personas que “necesitamos” ver señales y prodigios para convertirnos, y que tendremos bendiciones por ello. Pero, cuando reprende al apóstol Tomás en Juan 20:29, por creer hasta que vió y tocó, le explica que: “Más bienaventurados son aquellos… que sin ver señales y prodigios creen”. Muchos somos los que “necesitamos” abrir los ojos, ver y tocar para creer; pero más bienaventurados son los que tan sólo con estar “hincados” y con sus ojos cerrados logran ver. La pregunta es: ¿De qué grupo somos?

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 25 de junio de 2018

¡Cuando es necesario!




“Y le era necesario”
(Juan 4:4).


Israel estaba dividido en tres grandes regiones, al norte, Galilea; al centro Samaria; y al sur, Judea. Los samaritanos no eran bien queridos por el resto de la población, por conflictos en la reconstrucción del templo en el siglo sexto A.C. Así, cuando alguien de Judea o de Galilea necesitaba cruzar el territorio, lo rodeaba pasando por Perea, al otro lado del río Jordán. Un día, Nuestro Señor Jesucristo les dice a los discípulos: “me es necesario” pasar a Samaria (Juan 4:4). Allí es narrada la historia de la mujer samaritana, aquella que había tenido relaciones íntimas con cinco hombres que NO eran sus maridos y con el que en ese tiempo se encontraba teniéndolas… tampoco lo era (Juan 4:17-18). Nuestro Señor tiene una pequeña charla con ella, en donde se lo hace ver, y eso fue suficiente para que ella abriera sus ojos y se diera cuenta con quién estaba hablando (Juan 4:29). Así, ella va y cuenta en la ciudad lo que había vivido, y “muchos” de los samaritanos creyeron (Juan 4:39). Así, lo que no habían aprobado ni entendido los discípulos les fue evidente. Muchas veces no entendemos el por qué de lo que nos sucede, pero con el tiempo se nos hace evidente que era “necesario” que así fuera.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

viernes, 22 de junio de 2018

¿Cómo sabemos si Dios lo envió?




“El que Dios envió”
(Juan 3:34).

¿Cómo reconocer quién viene a predicar en el nombre de Dios, y quién, en nombre propio? El apóstol Juan nos aclara el panorama: “El que Dios envió, las palabras de Dios habla” (Juan 3:34). Y, ¿Cuáles son las palabras de Dios?  El profeta Isaías nos da una luz al respecto al darnos a conocer el VERDADERO EVANGELIO: ¿Sobre quién ha manifestado su brazo Jehová? (Isaías 53:1). “Sobre Aquél que fue despreciado, desechado entre los hombres, varón de dolores y sobre quien escondimos nuestro rostro, que fue menospreciado y sobre quien no fue nuestra estima”. Fue herido, molido, angustiado y afligido por nuestros pecados… y como cordero enmudeció y no abrió su boca (Isaías 53:3-7). ¡Ese es el evangelio que nos fue anunciado desde ochocientos años antes de que viera la luz! ¡El evangelio que nos enseña a sufrir con contentamiento y sin quejas ni murmuraciones! Y, también nos dice el apóstol Juan: “No puede el hombre recibir NADA, si no le fuere dado del cielo” (Juan 3:27). Entendemos ahora, qué, “quien quiera” que nos predique un evangelio diferente al de la cruz de Cristo, es un farsante, un mentiroso, un engañador pues NO viene enviado por Dios, y que, por tanto, delante de Dios es tan sólo un asalariado (Gálatas 1:8-9).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

  

El celo.




“El celo por tu casa me consume”.
(Juan 2:17).


Isaías escribió: “Extraño he sido a mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre; porque el celo de tu casa me consumió, y los “denuestos” (insultos) de los que te vituperan cayeron sobre mí” (Isaías 69:8-9). La ley de Moisés era la “fuente de espiritualidad” del pueblo israelita, pero sus albaceas (liderazgo) la prostituyeron (Ezequiel 34:8), a tal grado, que cuando el Cristo vino a la tierra, no sólo no le reconocieron, sino encima dejaron caer sobre él toda su furia (denuestos). ¿Entendemos ahora el significado de la frase, “el celo por tu casa me consume”? a) Con razón el Cristo sufrió, si era una profecía; b) Esta era la Doctrina de la Cruz, el evangelio puro que estaba siendo anunciado: “Los denuestos” (insultos) caerán sobre mí; c) Se nos estaba anunciando además que la lucha, no sería contra los incrédulos sino contra los que “dicen” creer, pero que han vuelto el negocio de Dios su propio negocio (Doctrina de la Prosperidad); d) Que TODO aquél que tuviera un verdadero celo por la casa del Padre, sería tan perseguido como el mismísimo Cristo. ¿Entendemos ahora, el por qué del camino tan difícil de los cristianos comprometidos? (2ª. Timoteo 2:12). El Señor nos de madurez dándonos un genuino celo por su casa.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.