“Y manifestó
su gloria”.
(Juan 2:11).
“La ira de
Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad” nos dice el Apóstol Pablo
en el libro de Romanos (1:18). ¿Por qué?
Porque los NECIOS dicen que no hay Dios, pero Dios dice: “Desde el
principio de los tiempos del hombre, mi GLORIA y mi DIVINIDAD fueron
manifiestas por medio de la creación” (Romanos 1:20). Y el Apóstol sigue
explicando que todo lo hecho, o sea, toda creación de Dios… el universo, el
mundo y hasta el hombre, de no haber sido por la intervención de Cristo… no
hubiéramos sido posibles. El primer milagro de Cristo fue convertir unas
tinajas de agua en vino en una boda que se realizó en Caná de Galilea (Juan
2:12), el milagro aunque no lo vieron todos los de la fiesta sí se enteraron,
ahora bien, solamente “creyeron” el milagro sus discípulos (Juan 2:11). Así,
todos vemos constantemente la gloria y la divinidad del Padre manifiesta
delante de nuestros ojos, pero, solamente los que estén muy allegados a él, tendrán
la capacidad o el discernimiento de poder verla, entenderla, y así, creerle y
seguirle incondicionalmente. ¿La vemos nosotros?
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