“Lo que le hicieron a un
pequeño… a mì me lo hicieron?
(Mateo 25:40).
Una de las últimas prèdicas
que nuestro Señor Jesucristo diò mientras estaba con sus discípulos quedó
registrada en el libro de Mateo. En ella, Jesùs nos expone còmo será el dìa en
que èl regrese a la tierra en su segunda venida, no para ser juzgado y ser entregado
a la muerte, sino para juzgar y dar con justicia divina lo que a cada uno
corresponde.
En esa exposición Jesùs nos
dice que a cada persona se le darà una “remuneración” según el bien o el mal
que haya hecho a su prójimo… inclusive a los màs pequeños. Curiosamente, no
preguntarà sino dictaminarà lo que hemos “dado” (versos 35-37) o lo que “no”
hemos dado (versos 42-43) a los necesitados. Los renglones que Jesùs expone
como parámetro de juzgamiento son: “Saciar el hambre, la sed, el hospedamiento,
el vestido, el cuidado de un enfermo y visitar al cautivo”. Muy “extrañamente”
el Hijo de Dios; Aquèl que vino de estar sentado y que volviò a sentarse
nuevamente al lado derecho del Trono de Dios; que ha vivido toda su vida al
lado del Padre, NO tomarà como paràmetros de juzgamiento lo que los hombres
tomamos hoy. No nos juzgarà por la “fidelidad” a los servicios de la Iglesia;
no nos juzgarà por cuànta “actividad” prodiguemos en la Iglesia; pero màs
importante aùn no nos juzgarà por “cuànto” dinero hayamos dado a la Iglesia.
Asì, nos es mucho màs fácil explicar, còmo, el ladròn de la cruz, para asombro
de muchos ya està en el paraíso sin haber cumplido con nada de lo anterior,
mientras nosotros aquí debatimos por reglas, normas y estatutos puramente humanos
(Mateo 15:9).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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