“El os será por señal”
(Jeremías 29:11).
En el corazón de Dios nunca ha estado el ocultar lo
que ha de acontecer a sus hijos (amigos) (Génesis 18:17).
Dios envió a Israel un profeta llamado Ezequiel
(Ezequiel 24:24). Y, durante todo su ministerio lo que le acontecía a él le acontecía
al pueblo. Fue enviado porque la casa de Israel se había vuelto rebelde, de
duro de corazón; tan duro que la expresión de Dios fue: “empedernidos de
corazón” (Ezequiel 24:4). Esa es la misma razón por la cual Dios nos dejó
señales para el final de los tiempos. Y, así como el pueblo de Israel hace
siglos no tuvo discernimiento y fue al cautiverio por no escuchar la voz de
Dios por medio del profeta, si otra vez el pueblo de Dios no recibimos y no
discernimos esas señales… volveremos a sufrir las consecuencias. Mateo 23 y 24
se están cumpliendo delante de nuestros ojos y narices, y otra vez, estamos
endureciendo nuestro corazón por materialismos vanos, y estamos empedernidos de
corazón ignorando y quizás hasta burlándonos de lo por venir. Dios está
enviando hombres, ciertamente, comunes y corrientes para advertirnos como lo
hizo hace siglos. No cometamos el error de ignorarlos, Dios dijo a Ezequiel:
“Les hablarás, escuchen o no escuchen” (Ezequiel 2:7). Ojalá seamos nosotros de
los que escuchan.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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