miércoles, 12 de octubre de 2016

No envidies al malvado.

"No envidies al malvado, ni procures su compañìa".
(Proverbios 24:1).

Nos explica la escritura que una persona malvada solamente està pensando en satisfacerse a sì mismo, no importando por encima de quièn tenga que pasar. Por ello la recomendaciòn es no envidiarlo, porque su fin no es bueno; y, no buscar su compañìa para no contagiarnos del mismo mal.

La ùnica ventaja que tiene el malvado es que logra sus sueños en poco tiempo, porque su forma de hacerlo es contra la ley de Dios y las leyes de los hombres. El malvado pasa por encima de cualquier obstàculo o lo elimina pero a su manera. El problema de èste sistema de vida es que quienes lo practican, viven poco tiempo como los asaltantes, los ladrones, los mareros, los narcos, los secuestradores, los drogadictos, los alcohòlicos, etc. Y, aquellos que logran sobrevivir lo tienen que hacer a escondidas. Dios ha dado la vida para que la disfrutemos, ha puesto al alcance del hombre todos los recursos posibles para que asì sea. Todo lo que tenemos que hacer es confiar en sus planes, en sus fuerzas, en sus designios para nosotros, no apresurarnos a tomar decisiones personales. Todo lo que hagamos consultando con Dios, tomados de la mano de èl, quizàs nos lleve màs tiempo o en ocasiones mucho tiempo pero lo lograremos porque èl harà que asì sea,  y no tendremos angustias en ello ni tendremos que vivir escondidos por la verguenza o por temores infundados (Proverbios 10:22).

martes, 11 de octubre de 2016

¿De quièn son los lamentos?

"¿De quièn son los lamentos, los pesares, los pleitos, las quejas, las heridas gratuitas y los ojos amoratados?
(Proverbios 23:29-30).

La respuesta a todas esas preguntas es: "Del que no suelta la botella de vino ni deja de probar licores".

Para los que alguna vez fuimos esclavos de ese vicio, sabemos que màs que una advertencia es una sentencia, pues no hay persona a la que le guste estar ebria que no haya pasado por alguna de esas circunstancias, de las cuales sòlo podemos salir de la mano de Dios. El exceso en el uso del licor fue durante mucho tiempo patrimonio del hombre, pero hoy en dìa, debido a la famosa y nefasta liberaciòn femenina, la cantidad de mujeres que son adictas a bebidas espirituosas como le llaman, ha aumentado tremendamente. Las razones por las cuales las personas se inclinan a la bebida son muy distintas: traiciones, frutraciones, decepciones, tristezas, crisis nerviosas, etc.  pero los resultados son los mismos, y, muchas veces terminan en tragedia. No hay alcòholico o alcoholica que no lamente el dìa anterior; que no tenga pesar por lo que hizo o dijo; que no haya tenido un pleito por imprudencia; que no tenga quejas de algùn tipo; que no haya resultado herido o herida sin necesidad alguna, y que màs de alguna vez no haya resultado con ojo amoratado por una discusiòn tonta y sin sentido. La biblia nos exhorta a que nos mantengamos sobrios y tengamos nuestra esperanza en Cristo Jesùs (1ª Pedro 1:13), y que lo hagamos con la unciòn del Espìritu Santo por la Palabra de Dios (Efesios 5:18).  

lunes, 10 de octubre de 2016

Cuìdate de la prostituta.

"Porque fosa profunda es la prostituta, y estrecho pozo, la mujer ajena".
(Proverbios 23:27).

Todos lo sabemos pero para aquèl que no lo entienda, el diccionario define a la mujer "prostituta" como la mujer que se gana la vida o que recibe favores por entregar su cuerpo. En otras palabras, ese es su trabajo, cobra por ese acto porque es su oficio, es su profesiòn, es su forma de vida. No en todos los casos, pero sì en muchos, hemos de decir que lo hacen por necesidad, por el abuso que la cultura, la sociedad, las costumbres y tradiciones que en ocasiones hasta la familia le han propinado.

La escritura nos señala que hemos de cuidarnos los hombres de la mujer prostituta. En lo personal, pensamos que eso es fàcil cuando tenemos al Señor en nuestro corazòn, pues èl nos advierte que no nos hagamos "uno" con ellas. ¿Què quiso decir Jesùs cuando nos dijo no os hagàis uno con ella? Bueno, està probado que cuando el hombre y la mujer alcanzan el clìmax ìntimo, el espìritu se abre, se libera, està mucho màs sensible que en cualquier momento, y lo que el espìritu de la persona tiene se lo comparte al otro. Eso implica que si una prostituta ha estado con diez hombres, ha compartido y recibido lo que diez espìritus tenìan, y desde el momento que son hombres de malas costumbres, borrachos, lujuriosos, etc. que buscan a una mujer pùblica lo que su espìritu tiene no puede ser bueno y eso es lo que la prostituta transmite a otros. Visto esto entre el matrimonio es por ello que las parejas con el tiempo se llegan a parecer tanto y a comprender tanto. Es tan asì de cierto que con los años una pareja "unida"casi no necesita hablarse sino con una mirada uno entiende lo que el otro quiere o desea, es màs, hasta llegan a parecerse fìsicamente por la forma de hablar, los ademanes y no digamos la forma de pensar. Ahora bien, nos explica la biblia que no sòlo de la mujer prostituta hemos de cuidarnos sino tambièn de la mujer ajena. ¿Cuàl es la diferencia? La diferencia es que a la prostituta se le busca, pero hay mujeres ajenas que son muy suspicaces y pueden ser màs peligrosas que una prostituta, pues ellas buscan a los hombres y estàn al acecho. Algo que tambièn comprendemos por la experiencia es que, refirièndose a èste punto, tambièn las mujeres deben cuidarse pues el acecho de hombres perversos està tambièn latente para ellas. Entendamos algo: "Podemos comprar sexo, pero no podemos comprar el amor".

sábado, 8 de octubre de 2016

El corazòn.

"Dame, hijo mìo, tu corazòn y no pierdas de vista mis caminos".
(Proverbios 23:26).

Es impresionante cuàntas veces Dios nos dice en el libro de Proverbios: "Hijo mìo". Esto nos muestra que muchas personas pueden leer, estudiar y hasta aprenderse de memoria la Palabra de Dios pero eso no los hace hijos.

Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos le estamos entregando nuestro corazòn, nuestra vida, nuestro tiempo y cuando decimos tiempo es el mejor tiempo no el que nos sobra. Pero, extrañamente con Dios hay personas que dicen amarlo, que se saben de memoria los pasajes bìblicos o las historias, pero su interès, su dinero, su tiempo de calidad no se lo dan a Dios. Podemos reconocer a alguien que conoce a Dios, que ama a Dios, no solamente porque hable de Dios, porque lo mencione en las conversaciones sino porque "no pierde de vista los caminos de Dios". Esa es una señal, una clave, una muestra de alguien que ama a Dios y que le entrega su corazòn. Todos hemos de trabajar, todos hemos tambièn de distraernos un poco para salir de la rutina diaria, pero de ello a pasar horas de horas en nuestros deleites en lugar de conocer màs al Señor es otra situaciòn. Un hijo no se cansa de estar con su papà, por la noche el padre lo tiene que arrastrar a la cama porque el niño quiere estar con èl, la pregunta es ¿Nos gusta estar con nuestro Padre celestial? ¿Nos interesa su palabra? ¿Queremos conocerle màs? o preferimos màs nuestra lancha, nuestra moto, nuestro gimnasio, nuestras caminatas, nuestras mascotas, nuestras distracciones. No esperemos a tener el corazòn roto para entregàrselo a Dios. Pues lo que no aprendemos por revelaciòn lo tendremos que aprender por trituraciòn... eso, si somos hijos de Dios por supuesto.

viernes, 7 de octubre de 2016

El hijo que agrada al Padre.

"El padre del justo experimenta gran regocijo; quien tiene un hijo sabio se solaza en èl".
(Proverbios 23:24).

En el concepto del mundo, un padre se llena el pecho de orgullo y la boca con expresiones de vanidad, cuando le puede demostrar a cualquiera que su hijo es un gran empresario; que es el gerente general de una gran transnacional; que ha adquirido muchos bienes; que se sienta a la mesa con gente muy importante, etc. Pero repetimos, ese es el concepto de èxito, de triunfo y de sabidurìa que mide el mundo.

Ahora bien, los paràmetros de Dios para èxito, triunfo o sabidurìa son otros: "Sè sabio hijo mìo.. y alegra mi corazòn; y sè prudente y apàrtate del mal (Proverbios 27:11). Para Dios las riquezas de èste mundo ¡cuàndo lo entenderemos!, son pobrezas en el cielo (si cabe el concepto) pues dice Apocalipsis que el "oro", que es lo màs preciado aquì en la tierra, es el asfalto o piso allà en las calles (Apocalipsis 21:21). Pero, una persona exitosa, que triunfa, que es sabia y que està cumpliendo el propòsito eterno de Dios aquì en la tierra, es aquella que "alegra el corazòn de su Dios" con sus acciones; y que "se aparta del mal" luchando por llevar una vida santa. En otras palabras, vemos la continuidad de la Palabra de Dios en todo su contexto bìblico, pues realmente lo que Dios nos vuelve a decir es que "no vivamos èsta vida egoìstamente". ¿Que tenemos problemas? Sì, ¿Que tenemos que enfrentarlos? Sì. ¿Que la vida no es fàcil? Sì. Sin embargo, hemos de comprender que para la gran mayorìa de personas la vida tiene "muchos" màs problemas que la nuestra; que la vida de otros los ha enfrentado a condiciones mucho màs extremas que a nosotros; y que, para la gran mayorìa de personas en el mundo la vida es mucho màs difìcil que para nosotros. ¡Què nos cuesta luchar por extender nuestra mano para ayudar a otros! No estamos obligados a solucionar todos los problemas de todo el mundo, pero aliviar el dolor, la pena, la necesidad de alguien... no nos dejarà sin comer, de eso, podemos estar seguros.

jueves, 6 de octubre de 2016

Nuestras amistades.

"No te juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carnes".
(Proverbios 23:20).

Reza un proverbio popular: "Los familiares se heredan, pero las amistades se eligen". Esto nos explica que cuando alguien de la familia no se comporta segùn las normas establecidas, pues simplemente no podemos hacer nada porque no fuimos nosotros los que le dimos el apellido, pero, cuando de amistades se trata sì que podemos elegir con quien caminar y con quien no.

Dios nos llama a que tengamos mucho cuidado de quienes son las personas con las que decidamos caminar, pues las amistades nos pueden llegar a inclinar por muy buenos caminos si las sabemos elegir, pero nos pueden llevar por caminos muy tortuosos si las elegimos mal. Un bebedor de vino y uno que le gusta hartarse de carne son personas que tienen que tener recursos para poder cubrir esos gastos, y la pregunta es: ¿si se mantienen ocupados en gastar, entonces... cuàndo producen? Una persona improductiva es una persona que depende de otros no de sì mismo. No nos cansamos de reproducir el pensamiento del exgobernante de Uruguay, Don Josè (Pepe) Mujica: "Los que no trabajan, viven de los que sì lo hacen, y eso, no es del agrado de Dios". Busquemos como amistades a personas que amen a Dios; que anhelen los negocios de Dios y no los de los hombres; personas que su centro de vida y existencia no sean acumular riquezas, vivir entre placeres, desperdiciar el tiempo tan valioso que Dios nos regala. El Señor nos regalò un pensamiento que nos encanta reproducir: "Si hoy, no podemos ayudar a alguien; al menos pidàmosle a Dios la gracia para no serle tropiezo".

miércoles, 5 de octubre de 2016

La atenciòn.

"Hijo mìo, presta atenciòn y sè sabio; mantèn tu corazòn en el camino recto".
(Proverbios 23:19).

 "Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su final es de muerte" (Proverbios 16:25). Nos enseña la palabra de Dios que todos somos sabios segùn nuestro propio parecer o criterio, es por ello que vivimos como vivimos, pues estamos tan convencidos de que lo que hacemos es lo correcto que por eso lo hacemos, sin darnos cuenta en muchas ocasiones que vamos al desastre.

Es muy difìcil que una persona por sì misma deje de actuar como lo hace, se necesita la intervenciòn divina para que podamos hacer un alto en nuestra caminata, y asì, meditar en lo que estamos haciendo mal para cambiarlo. Es increìble que Dios nos hable de distintas maneras, entièndase su palabra, por medio de un lìder, por medio de nuestra pareja, en ocasiones hasta nos da una palabra directa en profecìa, y el resultado es que, espiritualmente ciegos no entendemos aùn y cuando estamos viendo los resultados negativos que obtenemos. Muchos son los que hemos oìdo una palabra de Dios para nuestras vidas, y sin embargo, seguimos cometiendo el peor error de todos: excusàndonos o echàndole la culpa a otros del por què actuamos asì. Es tan difìcil encontrar el momento de reflexiòn en el cuàl nos sinceremos a nosotros mismos, que si no tenemos un encuentro y tiempo especìfico con Dios y su Santo Espìritu seguiremos en las mismas. Todos veràn nuestro error... menos nosotros. Quizàs por ello fue que naciò aquèl refràn popular que dice: "No hay peor ciego, que el que no quiere ver". Sòlo hay un camino recto, el cuàl no tiene atajos, y ese camino es el que Dios nos ha trazado... no perdamos la atenciòn.