"Porque fosa profunda es la prostituta, y estrecho pozo, la mujer ajena".
(Proverbios 23:27).
Todos lo sabemos pero para aquèl que no lo entienda, el diccionario define a la mujer "prostituta" como la mujer que se gana la vida o que recibe favores por entregar su cuerpo. En otras palabras, ese es su trabajo, cobra por ese acto porque es su oficio, es su profesiòn, es su forma de vida. No en todos los casos, pero sì en muchos, hemos de decir que lo hacen por necesidad, por el abuso que la cultura, la sociedad, las costumbres y tradiciones que en ocasiones hasta la familia le han propinado.
La escritura nos señala que hemos de cuidarnos los hombres de la mujer prostituta. En lo personal, pensamos que eso es fàcil cuando tenemos al Señor en nuestro corazòn, pues èl nos advierte que no nos hagamos "uno" con ellas. ¿Què quiso decir Jesùs cuando nos dijo no os hagàis uno con ella? Bueno, està probado que cuando el hombre y la mujer alcanzan el clìmax ìntimo, el espìritu se abre, se libera, està mucho màs sensible que en cualquier momento, y lo que el espìritu de la persona tiene se lo comparte al otro. Eso implica que si una prostituta ha estado con diez hombres, ha compartido y recibido lo que diez espìritus tenìan, y desde el momento que son hombres de malas costumbres, borrachos, lujuriosos, etc. que buscan a una mujer pùblica lo que su espìritu tiene no puede ser bueno y eso es lo que la prostituta transmite a otros. Visto esto entre el matrimonio es por ello que las parejas con el tiempo se llegan a parecer tanto y a comprender tanto. Es tan asì de cierto que con los años una pareja "unida"casi no necesita hablarse sino con una mirada uno entiende lo que el otro quiere o desea, es màs, hasta llegan a parecerse fìsicamente por la forma de hablar, los ademanes y no digamos la forma de pensar. Ahora bien, nos explica la biblia que no sòlo de la mujer prostituta hemos de cuidarnos sino tambièn de la mujer ajena. ¿Cuàl es la diferencia? La diferencia es que a la prostituta se le busca, pero hay mujeres ajenas que son muy suspicaces y pueden ser màs peligrosas que una prostituta, pues ellas buscan a los hombres y estàn al acecho. Algo que tambièn comprendemos por la experiencia es que, refirièndose a èste punto, tambièn las mujeres deben cuidarse pues el acecho de hombres perversos està tambièn latente para ellas. Entendamos algo: "Podemos comprar sexo, pero no podemos comprar el amor".
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