sábado, 8 de octubre de 2016

El corazòn.

"Dame, hijo mìo, tu corazòn y no pierdas de vista mis caminos".
(Proverbios 23:26).

Es impresionante cuàntas veces Dios nos dice en el libro de Proverbios: "Hijo mìo". Esto nos muestra que muchas personas pueden leer, estudiar y hasta aprenderse de memoria la Palabra de Dios pero eso no los hace hijos.

Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos le estamos entregando nuestro corazòn, nuestra vida, nuestro tiempo y cuando decimos tiempo es el mejor tiempo no el que nos sobra. Pero, extrañamente con Dios hay personas que dicen amarlo, que se saben de memoria los pasajes bìblicos o las historias, pero su interès, su dinero, su tiempo de calidad no se lo dan a Dios. Podemos reconocer a alguien que conoce a Dios, que ama a Dios, no solamente porque hable de Dios, porque lo mencione en las conversaciones sino porque "no pierde de vista los caminos de Dios". Esa es una señal, una clave, una muestra de alguien que ama a Dios y que le entrega su corazòn. Todos hemos de trabajar, todos hemos tambièn de distraernos un poco para salir de la rutina diaria, pero de ello a pasar horas de horas en nuestros deleites en lugar de conocer màs al Señor es otra situaciòn. Un hijo no se cansa de estar con su papà, por la noche el padre lo tiene que arrastrar a la cama porque el niño quiere estar con èl, la pregunta es ¿Nos gusta estar con nuestro Padre celestial? ¿Nos interesa su palabra? ¿Queremos conocerle màs? o preferimos màs nuestra lancha, nuestra moto, nuestro gimnasio, nuestras caminatas, nuestras mascotas, nuestras distracciones. No esperemos a tener el corazòn roto para entregàrselo a Dios. Pues lo que no aprendemos por revelaciòn lo tendremos que aprender por trituraciòn... eso, si somos hijos de Dios por supuesto.

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