"Hijo mìo, presta atenciòn y sè sabio; mantèn tu corazòn en el camino recto".
(Proverbios 23:19).
"Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su final es de muerte" (Proverbios 16:25). Nos enseña la palabra de Dios que todos somos sabios segùn nuestro propio parecer o criterio, es por ello que vivimos como vivimos, pues estamos tan convencidos de que lo que hacemos es lo correcto que por eso lo hacemos, sin darnos cuenta en muchas ocasiones que vamos al desastre.
Es muy difìcil que una persona por sì misma deje de actuar como lo hace, se necesita la intervenciòn divina para que podamos hacer un alto en nuestra caminata, y asì, meditar en lo que estamos haciendo mal para cambiarlo. Es increìble que Dios nos hable de distintas maneras, entièndase su palabra, por medio de un lìder, por medio de nuestra pareja, en ocasiones hasta nos da una palabra directa en profecìa, y el resultado es que, espiritualmente ciegos no entendemos aùn y cuando estamos viendo los resultados negativos que obtenemos. Muchos son los que hemos oìdo una palabra de Dios para nuestras vidas, y sin embargo, seguimos cometiendo el peor error de todos: excusàndonos o echàndole la culpa a otros del por què actuamos asì. Es tan difìcil encontrar el momento de reflexiòn en el cuàl nos sinceremos a nosotros mismos, que si no tenemos un encuentro y tiempo especìfico con Dios y su Santo Espìritu seguiremos en las mismas. Todos veràn nuestro error... menos nosotros. Quizàs por ello fue que naciò aquèl refràn popular que dice: "No hay peor ciego, que el que no quiere ver". Sòlo hay un camino recto, el cuàl no tiene atajos, y ese camino es el que Dios nos ha trazado... no perdamos la atenciòn.
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