miércoles, 31 de enero de 2018

El por què… de los golpes de la vida (Conclusión).



“Tengan cuidado de su manera de vivir”
(Efesios 5:15).

¿Nos hemos declarado alguna vez, hijos de Dios? ¿Le hemos confesado a èl y a los hombres que somos creyentes? ¿­Estamos haciendo la lucha por dejar la antigua forma de vivir? Si es asì, entonces somos sus hijos, parte de aquellos que fueron predestinados desde “antes” de la fundación del mundo (Efesios 1:4).

Si cuando èramos niños, para no ser rechazados por la sociedad, nuestros padres terrenales nos corregían y lo miramos con buenos ojos y hasta lo agradecemos. ¿Por què nos extrañamos que para una misión mucho màs importante, como lo son las metas espirituales, Dios nos corrija (instruya)? Muchos, en lo espiritual anhelamos un lugar de eminencia, pero lamentablemente no todos queremos pagar el precio para estar allì. El precio por la salvación es “cero”, porque el precio de sangre lo pagò Cristo por nosotros. Pero, el precio por los lugares de eminencia, ese sì que nos toca pagarlo a nosotros. Muchos queremos estar detrás de un micrófono dirigiendo a las masas, pero pocos queremos invertir tiempo, dinero y esfuerzo para prepararnos en un Instituto Bìblico. Muchos queremos ser dirigentes espirituales, predicadores, maestros, profetas… pero, pocos queremos estar a solas con Dios un buen tiempo cada dìa para orar, para interceder, para conocer lo que hay en su corazón y que quiere decirnos y decir a su pueblo. Todos queremos saborear la gloria de Dios, pero ninguno queremos sufrir,  tener pruebas, pasar angustias, tener necesidades y limitaciones económicas, nos resistimos a pasar las pruebas…que son el precio. Pero se nos olvida que nadie llega a ser un profesional si no gana todos los exámenes en la universidad.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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