“Contribuid a la paz y a la edificación mutua”
(Romanos 14:19).
El deseo de Dios es
liberarnos de esos “eslabones y cadenas o ataduras” para que corramos en pos de
èl, dejando TODO atràs (Filipenses 3:13).
¿Cuáles son esos “eslabones
y cadenas o ataduras”? El licor, la
inmoralidad, adicciones, mentiras, ira, acomodamiento, avaricia, egoísmo, conformismo,
abuso de autoridad, venganza, haraganería, impuntualidad, etc. Todos esos son los
“eslabones” que forman las “cadenas o ataduras” que vienen de nuestros
ancestros. Dichas cadenas o ataduras no es que puedan llegar a ser, sino SON,
estorbos en nuestras vidas espirituales. Y es la razón por la que Dios desea
quitarlas de nuestra caminata. Por ello, cuando nos convertimos a Cristo sería
bueno que estemos conscientes de ellas (el rey David las denominò: “Mi pecado
oculto”, Salmo 19:12) para pedir a Dios que las rompa, pues sòlo èl lo puede
hacer. Por generaciones hemos pensado que esos defectos son debilidades, y hasta
hay quienes se refieren a ellos como “enfermedades”, pero según Dios son
“pecados, cadenas o ataduras” y deben ser rotas pues, como ya se dijo: afectan
nuestra caminata espiritual, y lógicamente, afectan también a quienes caminan
con nosotros, situación que no deja de ser seria.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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