lunes, 15 de enero de 2018

Matrimonio y divorcio (Parte seis).



“No es bueno que el hombre estè solo”
(Gènesis 2:18).

¿Què sucede cuando la mujer manda, a pesar de que el esposo SI tiene los deseos de cumplir con su labor?

Las escrituras NO lo aprueban (1ª Corintios 1:8-10). Y cuando sucede asì, se denomina “matriarcado” y es muy peligroso, pues espíritus no provenientes de Dios (por no ser su perfecta voluntad) entran a dominar el hogar. Una familia “matriarcal” se determina històricamente por varios factores: 1- Quien posee los bienes materiales es la mujer; 2- Quien los administra es la mujer; 3- Quien manda es la mujer; 4- El hombre tiene que mudarse a las propiedades de la mujer y vivir bajo su sombra, muy contrariamente a lo que las escrituras enseñan, que la cabeza del hombre es Cristo. Bìblicamente, el hogar que màs daño a hecho a la sociedad es el de Acàn y Jezabel, ambos perversos pero màs ella, quien era la que llevaba el mando (1ª Reyes). En donde vemos que Jezabel, mujer poderosa en carácter y económicamente, domina la vida de Acàn atrayéndolo a ofender a Dios con ídolos y otras actividades como ningún otro rey en todo Israel (1ª Reyes 16:30-33). Ese tipo de vida trae al hombre a extremos de “depresión” y “vergüenzas” graves (1ª Reyes 21:25-27).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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