“Los verdaderos… adoraràn en
espìritu y verdad”.
(Juan 4:23).
Si se nos enseña que existen
adoradores de Dios “verdaderos”, implica necesariamente, que los hay “falsos”.
Y, si los verdaderos lo hacen en espíritu y en verdad, obligatoriamente, los
demás lo están haciendo material y falsamente.
“Espiritualidad”: Es la intimidad
de una persona con Dios, que es reflejada en su conducta de vida, porque al
encontrar la paz interior su vida deja de ser materialista. “Religiosidad”: Es
una manifestación material de lo espiritual por medio de ritos, costumbres y
tradiciones, generalmente muy populares y característicos de una región
específica, que tan sòlo satisfacen “momentáneamente” el espíritu de la persona.
Acaso el ejemplo màs claro que podemos tener de ambas líneas sucedió hace dos
mil años. Cristo, Juan el Bautista y sus apóstoles eran espirituales, mientras
que la èlite eclesíastica que se decía espiritual, era religiosa, ritualista y
materialista, razón por la cuàl nunca congeniaron, al extremo que los segundos
persiguieron hasta la muerte a los primeros (Juan 11:49-51 y Hechos 24:1). “Idolatría”:
Todo aquello que sustituya a Dios en nuestras vidas, sea una persona, un animal
o algo material. Cristo nos lo dejó bien claro cuando hablò con la samaritana: Los
“verdaderos” adoradores, adoran en “espíritu”. Y, todos sabemos que un espíritu
ni se mira ni se toca, por lo tanto NO se puede representar materialmente,
siendo así, todo lo demás viene a ser idolatría (Juan 4:23).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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