jueves, 1 de febrero de 2018

Frustación (Parte uno).



“Y todo lo que hagáis, hacedlo como para Dios”
(Colosenses 3:23).

Frustración: “Sentimiento de tristeza, decepción y desilusión”. Provocada por la insatisfacción de una necesidad o un deseo, debido a las “falsas expectativas creadas o mala información recibida”.

La frustración, científicamente está probado que viene desde nuestra niñez, pues recibimos “ofrecimientos” de personas que nunca estuvieron dispuestas a cumplir, o, que simplemente no pudieron cumplir y nosotros nunca llegamos a entenderlo. Acaso el ejemplo más clásico en ésta etapa es el famoso “Santa” de navidad. De niños recibimos la falsa información que es él quien trae los regalos, y por ello es a él a quien se los tenemos que pedir. Esto está destinado “irremisiblemente” a ser un golpe en la vida de las personas… (frustración). Explicamos los por qué: Uno: Se desvaloriza el trabajo y sacrifico como padres pues son quienes los compran. Dos: Se condiciona a los niños a que no aprecien lo recibido, porque creen que con otra simple carta pueden recibir de nuevo lo deseado. Tres: Se evita que los niños se esfuercen por conseguir lo que necesitan o desean pues creen que es solamente de pedir y extender la mano para recibir. Cuatro y quizás muy delicado: En el muy “repetido” caso que Santa no traiga lo que se le pidió, se “lastima” al niño haciéndole creer que “no lo recibió, simplemente porque no se lo merecía”. La escritura es muy clara en decirnos que no lastimemos a nuestros hijos (Colosenses 3:21).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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