“Y todo lo que hagáis,
hacedlo como para Dios”
(Colosenses 3:23).
Frustración: “Sentimiento de
tristeza, decepción y desilusión”. Provocada por la insatisfacción de una
necesidad o un deseo, debido a las “falsas expectativas creadas o mala
información recibida”.
La frustración,
científicamente está probado que viene desde nuestra niñez, pues recibimos
“ofrecimientos” de personas que nunca estuvieron dispuestas a cumplir, o, que
simplemente no pudieron cumplir y nosotros nunca llegamos a entenderlo. Acaso
el ejemplo más clásico en ésta etapa es el famoso “Santa” de navidad. De niños
recibimos la falsa información que es él quien trae los regalos, y por ello es
a él a quien se los tenemos que pedir. Esto está destinado “irremisiblemente” a
ser un golpe en la vida de las personas… (frustración). Explicamos los por qué:
Uno: Se desvaloriza el trabajo y sacrifico como padres pues son quienes los
compran. Dos: Se condiciona a los niños a que no aprecien lo recibido, porque creen
que con otra simple carta pueden recibir de nuevo lo deseado. Tres: Se evita que
los niños se esfuercen por conseguir lo que necesitan o desean pues creen que
es solamente de pedir y extender la mano para recibir. Cuatro y quizás muy
delicado: En el muy “repetido” caso que Santa no traiga lo que se le pidió, se “lastima”
al niño haciéndole creer que “no lo recibió, simplemente porque no se lo merecía”.
La escritura es muy clara en decirnos que no lastimemos a nuestros hijos (Colosenses
3:21).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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