“No es bueno que el hombre
estè solo”
(Gènesis 2:18).
Todo tiene un precio en la
vida, nada es regalado. Si usted desea una carcachita, usted podrá pagar un
precio muy bajo y la tendrá. Pero si usted desea un auto de lujo, tendrá que
trabajar duro para poder pagar mucho por ese auto. Asì es la vida, a mayor
comodidad mayor precio.
Un buen matrimonio cuesta un
alto precio. Quien no lo quiera pagar, simplemente, no lo podrá tener. El
matrimonio implica un gran sacrificio de ambas partes, cuando no es asì, entonces
empiezan los desbalances, las incomodidades y las diferencias. Ahora bien, hay
que tomar en cuenta que siendo dos personas en el matrimonio tambièn hay dos puntos
de vista, y, lo que uno ve positivo, para el otro puede llegar a ser negativo;
lo que implica comodidad para uno, puede implicar incomodidad para el otro; es
màs, lo que para uno puede ser un gran sacrificio, para la otra persona puede
significar insuficiente, etc. Pero básicamente, un buen matrimonio implica
esfuerzos extremos constantes. Por esas diferencias, por esos detalles (la
biblia los llama pequeñas zorras) no controladas, es que se llega a la
separación o el divorcio. En una ocasión los “fariseos” se le acercaron a
Cristo y le preguntaron si era lìcito, divorciarse por “cualquier motivo”
(Mateo 19:3) la respuesta sigue estando aùn vigente: “Eso lo hacìan las
personas “duras” de corazón”. En otras palabras, personas egoístas que
solamente piensan en ellas mismas, llegaron por necesidad y se van por conveniencia.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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