lunes, 22 de enero de 2018

Miserere.

   

“Fuego consumirà delante de èl”
(Salmo 50:3b).

“Porque asì està decretado, que los hombres mueran una sola vez, y despuès de esto, el juicio” (Hebreos 9:27). Creer en una reencarnación delante de los ojos de Dios simplemente es un pecado, pues es decirle mentiroso (Nùmeros 23:19).

Todo lo que hay en el universo y en la tierra, incluyendo el hombre, son creación de Dios (Salmo 24:1 y Juan 1:1-3). Por lo tanto, toda ley que rige el universo, la tierra y que tiene que ver con el hombre también las hizo Dios. Y fue él, quien determinò que el hombre nazca, crezca, se reproduzca y muera una sola vez. Y qué, inmediatamente después de morir tenga un juicio en el cuàl se le darà una recompensa si actuó conforme a sus leyes, o, por el contrario un castigo si las infringió (Lucas 16:22). Cuando el rey David escribió el Salmo 50, estaba precisamente pensando en eso, y es la razón por la cuàl inicia su escrito con la palabra “Miserere” que en latìn significa: “Apiàdate de mì” o “Ten compasión de mì (misericordia)”. En otras palabras, el rey David, consciente de que al morir iba directamente a su propio juicio personal, recurre a la gran “misericordia” de Dios anticipadamente, pues conoce los únicos dos únicos caminos que tiene el hombre al morir: Cielo o infierno, no hay un tercer estado de limpieza o semilimpieza.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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