“Fuego consumirà delante de
èl”
(Salmo 50:3b).
“Porque asì està decretado, que
los hombres mueran una sola vez, y despuès de esto, el juicio” (Hebreos 9:27).
Creer en una reencarnación delante de los ojos de Dios simplemente es un
pecado, pues es decirle mentiroso (Nùmeros 23:19).
Todo lo que hay en el
universo y en la tierra, incluyendo el hombre, son creación de Dios (Salmo 24:1
y Juan 1:1-3). Por lo tanto, toda ley que rige el universo, la tierra y que tiene
que ver con el hombre también las hizo Dios. Y fue él, quien determinò que el
hombre nazca, crezca, se reproduzca y muera una sola vez. Y qué, inmediatamente
después de morir tenga un juicio en el cuàl se le darà una recompensa si actuó
conforme a sus leyes, o, por el contrario un castigo si las infringió (Lucas
16:22). Cuando el rey David escribió el Salmo 50, estaba precisamente pensando
en eso, y es la razón por la cuàl inicia su escrito con la palabra “Miserere”
que en latìn significa: “Apiàdate de mì” o “Ten compasión de mì (misericordia)”.
En otras palabras, el rey David, consciente de que al morir iba directamente a
su propio juicio personal, recurre a la gran “misericordia” de Dios
anticipadamente, pues conoce los únicos dos únicos caminos que tiene el hombre
al morir: Cielo o infierno, no hay un tercer estado de limpieza o semilimpieza.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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