“No es bueno que el hombre
estè solo”
(Gènesis 2:18).
Mancillar: “Ensuciar algo y
dejar señal o marca en ello”. Mancillar el lecho del matrimonio significa no
respetar las leyes y normas que Dios impuso para el mismo. ¿Què tan difícil es
entender esto para tener un hogar con bendiciòn?
¿Còmo mancillamos entonces
un matrimonio? Primero, y lo màs importante: “Siendo infieles”, fornicando o
adulterarando (Deuteronomio 5:21 y Hebreos 13:4)… A nuestra pareja la elegimos
nosotros, por lo tanto no podemos ni debemos codiciar la de otro, o, aùn, a
otra que no tenga pareja. “Fornicaciòn” se le llama a la relación de dos
personas que no estèn unidas por el vìnculo matrimonial, y, “adulterio”, cuando
alguna de las dos personas que lo realiza ya tiene un vìnculo matrimonial, sea que
lo realice con una persona soltera o casada. Cualquiera de èstos dos pecados
son los que las escrituras nos muestran que Dios castiga màs severamente
(Levìtico 20:10). ¿Porquè? Porque son una figura del Plan eterno de Dios, el
matrimonio de su amado Hijo con la Iglesia (Apocalipsis 19:7-9). Pero,
entendiendo que, Iglesia NO es “necesariamente” un grupo de personas que estàn
metidos en un llamado “templo”, sino toda aquella persona que reconociendo que
Cristo es su salvador, lucha por agradarlo haciendo “SU” voluntad, y éstas, no
son palabra humanas sino de Cristo mismo (Hechos 17:24 y Mateo 12:50).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario