miércoles, 17 de enero de 2018

Matrimonio y divorcio (Parte ocho).



“No es bueno que el hombre estè solo”
(Gènesis 2:18).

Mancillar: “Ensuciar algo y dejar señal o marca en ello”. Mancillar el lecho del matrimonio significa no respetar las leyes y normas que Dios impuso para el mismo. ¿Què tan difícil es entender esto para tener un hogar con bendiciòn?

¿Còmo mancillamos entonces un matrimonio? Primero, y lo màs importante: “Siendo infieles”, fornicando o adulterarando (Deuteronomio 5:21 y Hebreos 13:4)… A nuestra pareja la elegimos nosotros, por lo tanto no podemos ni debemos codiciar la de otro, o, aùn, a otra que no tenga pareja. “Fornicaciòn” se le llama a la relación de dos personas que no estèn unidas por el vìnculo matrimonial, y, “adulterio”, cuando alguna de las dos personas que lo realiza ya tiene un vìnculo matrimonial, sea que lo realice con una persona soltera o casada. Cualquiera de èstos dos pecados son los que las escrituras nos muestran que Dios castiga màs severamente (Levìtico 20:10). ¿Porquè? Porque son una figura del Plan eterno de Dios, el matrimonio de su amado Hijo con la Iglesia (Apocalipsis 19:7-9). Pero, entendiendo que, Iglesia NO es “necesariamente” un grupo de personas que estàn metidos en un llamado “templo”, sino toda aquella persona que reconociendo que Cristo es su salvador, lucha por agradarlo haciendo “SU” voluntad, y éstas, no son palabra humanas sino de Cristo mismo (Hechos 17:24 y Mateo 12:50).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario