“No es bueno que el hombre
estè solo”
(Gènesis 2:18).
¿Entonces el matrimonio es
un martirio? ¡NO! El matrimonio es una
forma de “protección” que Dios nos diò, y, es el mejor de los medios para que
nosotros (si nos decimos creyentes) formemos el “carácter” necesario para poder
llevar los asuntos de Dios (por eso es que somos destinados a ser descendencia
santa). Dios lo dijo por medio del apóstol Pablo: (1ª Timoteo 3:5).
Cuando un hombre no puede,
no sabe o no quiere gobernar su casa, el desastre tarde o temprano llega. La
mujer, originalmente, no fue diseñada para gobernar la casa (lo vimos en
Gènesis). Pero, en condiciones “necesarias” Dios las empodera para que asì sea,
pero sigue sin ser el ideal de Dios. Ahora bien, estando y queriendo el hombre
gobernar (de la mano de Dios), la mujer se debe a sujeción y puede sugerir,
opinar o recomendar pero “nunca” mandar (su deseo es para su esposo… dijo Dios).
Pero volviendo al punto, el apóstol nos enseña que el matrimonio es una
pràctica para poder llevar los negocios de Dios, por ello censura tan
fuertemente cuando las leyes de los religiosos promueven el “celibato”, pues va
en contra de sus leyes (1ª Timoteo 4:3). Y, recordemos que èste principio le
fue dado a alguien (Timoteo) que se haría carga de una iglesia “importantísima”
para los albores de la extenciòn de la cristiandad (Efeso), por lo tanto no es
de poca importancia el consejo, ni tiene excusa vàlida el defenderlo.
Simplemente, èsta última es una ley humana sin el respaldo de Dios.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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