viernes, 12 de enero de 2018

Matrimonio y divorcio (Parte cinco).



“No es bueno que el hombre estè solo”
(Gènesis 2:18).

¿Entonces el matrimonio es un martirio? ¡NO!  El matrimonio es una forma de “protección” que Dios nos diò, y, es el mejor de los medios para que nosotros (si nos decimos creyentes) formemos el “carácter” necesario para poder llevar los asuntos de Dios (por eso es que somos destinados a ser descendencia santa). Dios lo dijo por medio del apóstol Pablo: (1ª Timoteo 3:5).

Cuando un hombre no puede, no sabe o no quiere gobernar su casa, el desastre tarde o temprano llega. La mujer, originalmente, no fue diseñada para gobernar la casa (lo vimos en Gènesis). Pero, en condiciones “necesarias” Dios las empodera para que asì sea, pero sigue sin ser el ideal de Dios. Ahora bien, estando y queriendo el hombre gobernar (de la mano de Dios), la mujer se debe a sujeción y puede sugerir, opinar o recomendar pero “nunca” mandar (su deseo es para su esposo… dijo Dios). Pero volviendo al punto, el apóstol nos enseña que el matrimonio es una pràctica para poder llevar los negocios de Dios, por ello censura tan fuertemente cuando las leyes de los religiosos promueven el “celibato”, pues va en contra de sus leyes (1ª Timoteo 4:3). Y, recordemos que èste principio le fue dado a alguien (Timoteo) que se haría carga de una iglesia “importantísima” para los albores de la extenciòn de la cristiandad (Efeso), por lo tanto no es de poca importancia el consejo, ni tiene excusa vàlida el defenderlo. Simplemente, èsta última es una ley humana sin el respaldo de Dios.


Señor: Danos un honesto celo por tu casa. 

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