“Tengan cuidado de su manera
de vivir”
(Efesios 5:15).
“Jòvenes, no importa còmo
rellenen las paredes, pero los cimientos, las columnas y las soleras… tienen
que ser resistentes”. Con èstas palabras el ingeniero que nos enseñò las
primeras clases de estructura iniciaba sus instrucciones.
Ezequiel, educado bajo la
sombra de su padre Buzi, quien era sacerdote; y èl, profeta (esos eran sus
cimientos), entregado al servicio incondicional de Dios, sin culpa o razón de
pecado alguno, Dios le dice: “Hijo, he aquí, yo te quito de golpe… el deleite
de tus ojos” (Ezequiel 24:16). Y continùa su relato Ezequiel: “Por la mañana
hablè a mi pueblo, y por la tarde murió mi mujer” (el deleite de mis ojos, verso
18). Job, hombre recto, justo y temeroso de Dios, era sin culpa o razón de pecado
alguno, y sin embargo, Dios lo entrega en manos de satanàs con èstas palabras:
“He aquí, todo lo que tiene està en tu mano” (Job 1:12). Algunos, hemos tenido
que perder a temprana edad el deleite de nuestros ojos; y otros muchos, han
tenido que perder todo lo que tenìan en manos de satanàs. ¿Por què sucede esto,
sin culpa o razón de pecado alguno? La escritura dice: “Bendito sea el Dios y
Padre, que nos bendijo con toda bendición espiritual…y que nos escogió en èl…
para ser predestinados hijos suyos” (Efesios 1:3-5). Y, tambièn dice: “Al que
toma por hijo… lo azota y lo disciplina” (Hebreos 12:6). No es que Satanás
tenga la potestad de quitarnos… es Dios quien se lo permite (Job 1:12).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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