“Y tu deseo será para tu
marido”
(Gènesis 3:16b).
Si nosotros deseamos
ingresar a un grupo “libre y voluntariamente”, tenemos que “sujetarnos” a las
normas establecidas para ese grupo, o si no, mejor no ingresemos.
Si queremos ingresar “libre
y voluntariamente” a los bomberos, a la policía, o, a la milicia, lo podemos
hacer, pero, lo que no podemos hacer es ir e imponer nuestras leyes o normas,
pues cada grupo ya las tiene establecidas. Si a nosotros no nos gusta que nos
despierten a cualquier hora de la noche, entonces no ingresemos al cuerpo de
bomberos, pues esa es una de las normas establecidas. Si no nos gusta ni portar
armas ni usarlas, no ingresemos a la policía, pues esa es una de las normas
establecidas. Si no somos muy “respetuosos y amantes” de la obediencia,
entonces nunca nos enlistemos en la milicia, pues allì hay establecidas reglas
muy estrictas y no vamos a encajar. Ahora bien, con respecto al matrimonio
sucede lo mismo… esa institución ya tiene sus normas establecidas por Dios, si
decidimos ingresar “libre y voluntariamente” las tenemos que respetar, no
podemos llegar a imponer las nuestras (Efesios 5:23), y repetimos, Dios no es
machista sino disciplinado, un Dios de orden.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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