jueves, 4 de enero de 2018

Sujeciòn (Parte dos).


“Y tu deseo será para tu marido”
(Gènesis 3:16b).

Si nosotros deseamos ingresar a un grupo “libre y voluntariamente”, tenemos que “sujetarnos” a las normas establecidas para ese grupo, o si no, mejor no ingresemos.

Si queremos ingresar “libre y voluntariamente” a los bomberos, a la policía, o, a la milicia, lo podemos hacer, pero, lo que no podemos hacer es ir e imponer nuestras leyes o normas, pues cada grupo ya las tiene establecidas. Si a nosotros no nos gusta que nos despierten a cualquier hora de la noche, entonces no ingresemos al cuerpo de bomberos, pues esa es una de las normas establecidas. Si no nos gusta ni portar armas ni usarlas, no ingresemos a la policía, pues esa es una de las normas establecidas. Si no somos muy “respetuosos y amantes” de la obediencia, entonces nunca nos enlistemos en la milicia, pues allì hay establecidas reglas muy estrictas y no vamos a encajar. Ahora bien, con respecto al matrimonio sucede lo mismo… esa institución ya tiene sus normas establecidas por Dios, si decidimos ingresar “libre y voluntariamente” las tenemos que respetar, no podemos llegar a imponer las nuestras (Efesios 5:23), y repetimos, Dios no es machista sino disciplinado, un Dios de orden.


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

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