jueves, 18 de enero de 2018

Matrimonio y divorcio (Parte nueve).



“No es bueno que el hombre estè solo”
(Gènesis 2:18).

Las escrituras nos muestran algo sorprendente acerca del castigo hacia èstos pecados (fornicación y adulterio): “Heridas y vergüenza hallarà y su afrenta nunca será borrada”.  El original implica: Ser reprochado, sufrir deshonor y no poder borrar algo ya hecho… mancillar (manchar) el lecho (Proverbios 6:33)

Podemos ver el resultado del “desagrado” de Dios hacia la persona que adultera, cuando vemos el “desprecio” que Dios ejecutara, por ese motivo, sobre su pueblo en la antigüedad (Ezequiel 16:15,26,28,29,41). El Plan perfecto y eterno de Dios es la Boda de su Hijo con una Iglesia gloriosa, pura, santa y sin mancha (Efesios 5:24-27). En Proverbios 6:29 se nos enseña: “Quien se llega a la mujer de su pròjimo… su pecado no quedarà impune”. Antiguamente èste pecado se pagaba con la muerte de ambos “irremisiblemente”, (lo que implicaba que no habìa otro camino vea Levìtico 20:10); apedreados por toda la congregación y ese mismo día, vea Nùmeros 15:35 y Hebreos 10:28. Hoy, debido a que estamos en la Dispensaciòn de la Gracia y no en la de la Ley de Moisès, ciertamente se muere espiritualmente, pero existe el camino del arrepentimiento y el perdòn de Dios (Mateo 9:6; 18:27; Hechos 13:38; Romanos 4:7) para la remisión del mismo. Ahora bien, el pecado si se confiesa con arrepentimiento honesto es perdonado, pero las consecuencias quedan y se sufren. Ejemplo: Si en una relaciòn incorrecta de éstas naciò un hijo, el pecado puede ser perdonado… pero el hijo sigue allì, y tarde o temprano la “afrenta” es… que darà problemas.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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