jueves, 9 de febrero de 2017

Las Trìadas en la escritura (Parte Dos y Final)

“Inmaduros… les dì leche porque no podían asimilar alimento duro”.
(1ª Corintios 3:1-2).

Què làstima y què desperdicio que pasemos muchos años en el Señor, pero que nuestro crecimiento se haya estancado. ¿Què maravillas se perdieron los creyentes residentes en Corinto?  Y quizás también nosotros, si, entre los otros escritos del Apòstol no quedó plasmado.

Es aquí en donde entra la enseñanza final de las Trìadas (grupos armònicos de tres) en la escritura. El mismo Apòstol Pablo, que escribiera lo anterior también escribió lo siguiente: “Corran para obtener el galardón”. ¿Cuàl es ese galardón?  “La estatura del varòn perfecto” (Efesios 4:13); Cristo formado en nosotros (Colosenses 1:27). El Apòstol Pablo nos exhorta a que la caminata del creyente es dura pero que Cristo nos fortalece en todo (Filipenses 4:13, ver el contexto no sòlo el texto); nos enseña que por muchas tribulaciones es necesario que entremos al reino de los cielos (Hechos 14:22). Y al final de sus días nos dice: “He peleado la buena batalla; he acabado la carrera; por eso, me està guardada la corona de justicia… el galardòn” (2ª Timoteo 4:7-8). La pregunta es: ¿Para què esforzarse tanto si todos estaremos en el mismo lugar en el cielo?  Pues la respuesta la dan las Trìadas: Vale la pena el esfuerzo porque no estaremos en el mismo lugar. O, ¿Creerìa usted en un Dios justo y que proclama justicia si por toda la eternidad el Apòstol Pablo estuviera sentado al lado del ladròn de la cruz, quièn, no hizo màs que creer en Cristo? ¡Imposible! Porque si eso fuera asì, entonces cabe la otra pregunta: ¿Para què nos exhorta a que nos esforcemos en la carrera, si al final a todos nos van a dar el mismo galardón?. Ahora bien, No es por conocimiento; no es por el puesto que tengamos en la Iglesia; no es por el tiempo dedicado, ni siquiera, dice el Apostol, por lo mucho que compartamos nuestra riqueza que lograremos mejores puestos en èsta carrera… será UNICA Y EXCLUSIVAMENTE, de cuànto tiempo pasemos postrados a los pies de Cristo, con el fin de escuchar què es lo que desea que hagamos para que cuando èl venga, nos encuentre haciendo eso (Mateo 24:46) y pueda declarar de nosotros: “fieles y bienaventurados son èstos”. Claro que implica también, en un segundo tèrmino servir, dar, proveer, y entregarse a los demás.


miércoles, 8 de febrero de 2017

Las Trìadas en las escrituras (Parte Uno).

“Hagàmos al hombre a nuestra imagen y semejanza”.
(Gènesis 1:26).

Trìada, es un conjunto de tres elementos especialmente “vinculados” entre sì. Por ejemplo, en música actualmente se utiliza para denominar asì a tres notas puestas “armònicamente” las cuales forman un acorde.

Curiosamente, Dios utiliza por toda la escritura el ejemplo de las trìadas. Y lo hace precisamente para mostrarnos los “vínculos” y las “armonías” que existen entre los seres humanos y èl. La primera mención que se hace acaso de una trìada, està Gènesis 1:26: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Dios Padre, el Hijo y el Espìritu Santo) (vea Juan 1:1-5), èsta trìada nos muestra la primera relaciòn de Dios con el hombre, su creación. Luego vemos una segunda trìada en Noè, quien tuvo tres hijos que repoblaron la tierra, lo cuàl nos muestra el cumplimiento del mandato dado a Adàn, multiplíquense y sojuzguen la tierra. Màs tarde se menciona otra trìada en el Tabernáculo del desierto que tenía tres àreas: el Atrio, el Lugar Santo y el Lugar Santìsimo. Al atrio podían entrar todos, al Lugar Santo sòlo los sacerdotes, pero al Lugar Santìsimo solamente el Sumo Sacerdote. Êsta última trìada està directamente relacionado con lo que El Apòstol Juan nos lo explica de la siguiente manera: dentro de la Iglesia hay niños, jóvenes y padres espirituales (1ª Juan 2:12-14). Y quizàs ahora entenderemos mejor la parábola de los frutos que Cristo predicò: Del 30, del 60 y del 100 por uno. Estos resultados no son los mismos que 30%, 60% y 100%. Pues aquí lo que Dios hace es mucho màs grande que hacernos dar el 100% de algo, que sería otro 100%. El lo que hace es que de cada 1 el saca 100. Asì, no es lo mismo meter 100 dòlares al banco y que nos den otros 100, a que nos 100 por cada uno que metamos, pues en los primeros 10 ya tendríamos 1,000.



martes, 7 de febrero de 2017

Dios borrò.

“Dios borrò de la faz de la tierra a todo ser viviente”.
(Gènesis 7:23).

Quienes quieren encontrar motivos para no acercarse a Dios los encuentran. Son incontables quienes dicen que si Dios es bueno, entonces es incapaz de matar a alguien o de condenarlo a un infierno eterno. En conclusión, el cielo y el infierno son un invento de gentes que quieren manipular a los demás metiéndolos en miedo de una eternidad falsa.


Entendemos que Dios es bueno y que en èl no se encuentra ninguna maldad, pero, èl le ha establecido normas de conducta a los seres humanos, y, el cumplimiento o incumplimiento de dichas normas tiene una consecuencia. Dicha consecuencia està directamente relacionada a nuestras acciones. Ponemos un ejemplo, si usted fuera el director de un colegio en el cuàl hay un alumno dedicado y uno fastidioso, preguntamos: ¿A quièn se le da la banda de excelencia y a quièn se le castiga?. Si usted tiene una empresa o negocio, y tiene un empleado responsable y honesto, y a la par tiene uno indisciplinado y deshonesto, preguntamos: ¿A quièn conserva y a quièn despide? La lógica nos da las respuestas, y usted, como director del colegio o como dueño de la empresa no es una persona mala por corregir o por premiar a quien se lo ha ganado. Pues en el caso del cumplimiento de las normas de Dios es lo mismo. Nadie puede decir que Dios es injusto puesto que lo único que està haciendo es dando la recompensa o el castigo a quien se los ha ganado. Noè fue sujeto a Dios y se salvò en el Diluvio, pero el mundo fue condenado por su maldad, asì de simple. Dios, ha prometido que aùn falta un juicio similar a ese. Salomòn en el libro de Eclesiastès nos enseña que nada nuevo hay bajo el sol, y que, lo que ya pasò… volverá a pasar.  

lunes, 6 de febrero de 2017

Colaboradores... no dueños.

“Nosotros somos colaboradores al servicio de Dios”.
(1ª Corintios 3:9).

Toda empresa tiene una pirámide o cadena de mando, a la cuàl los expertos le llaman “organigrama”. Allì se plasma en papel y tinta lo que la realidad de la empresa muestra: “Quiènes tienen el poder de mando y quiènes son los mandados”, los que hemos tenido la oportunidad de trabajar en una empresa mediana o grande lo sabemos. Pero, a no ser que estè incluido dentro del organigrama, por encima de todos ellos està el dueño, el propietario, el creador de la empresa.

Asì es también en el ámbito de la Iglesia, existe un líder, un pastor, un consejo de ancianos, ujieres y demás servidores, pero, por encima de todos ellos està el dueño, el propietario, el creador de la empresa que es Dios. En toda empresa, se hace lo que el dueño dice, le parezca a quien le parezca, y, sean positivas o negativas las consecuencias. En el momento en que alguien de la cadena piramidal no siga esas instrucciones, simplemente estarà en problemas èl y quizás hasta la empresa misma. En la iglesia de Dios es exactamente lo mismo, por ello es indispensable que el líder, el pastor, el concejo de ancianos, los ujieres y hasta los màs pequeños servidores, tengamos en mente que: “Somos tan sòlo colaboradores al servicio de Dios;  que somos el caldo de cultivo en el campo espiritual; y ayudamos a construir el edificio de Dios... no el nuestro”, pues de lo contrario estaríamos en problemas nosotros, y podemos llevar a las ovejas arrastradas juntamente con nosotros. Si èsta premisa se cumple (nos referimos a la sujeción a Dios), tendremos y llegaremos a ser líderes que sepan llevar a las ovejas de nuestro Señor a su final y feliz destino. Seràn y seremos líderes que estaremos postrados a los pies de Cristo para recibir directrices de los cielos y no presentimientos ni ideas humanas. Seràn y seremos líderes que buscan la gloria de Dios y no la propia. Seràn y seremos líderes ùtiles a los cuales el Señor en su venida podrá decir: “Bienaventurado y fiel es èste, que cuando vine, lo encontrè haciendo lo que le mandè hacer. (Mateo 24:46).  



viernes, 3 de febrero de 2017

Los lìmites.

“No traspases los lìmites antiguos”.
(Proverbios 22:28).

La palabra “Lìmite” viene del romano “Limes” cuyo significado es: “Separar territorios”. Todas las naciones del mundo tienen un lìmite territorial, lo que implica hasta dònde llega esa nación. Toda persona en una empresa tiene un lìmite de autoridad, lo que implica hasta dònde y a quiènes puede abarcar con sus òrdenes. Todas personas tenemos un lìmite de ética, moral y urbanidad, lo que nos dice hasta dònde nos es permitido llegar con las demás personas y sus pertenencias.

En lo espiritual Dios no se aparta para nada de èste pensamiento, cuando nosotros estudiamos la historia del pueblo de Dios, Israel; y màs tarde la historia de la Iglesia, vemos que también existe un patrón de “Lìmites ordenados divinamente”. Fue por ello que el pueblo de Israel fue dividió en Tribus, pues cada tribu tenía un atributo especial, el cuàl, por supuesto, no podía ni debía ser traspasado por sus congéneres. Asì, la Tribu de Judà, era la encargada de la alabanza; pero la de Levì, era la encargada del sacerdocio. Cualquièr traspaso de “lìmites” podría llegar incluso a implicar la muerte física.  Ahora bien, es increíble y altamente peligroso lo que vemos hoy en las congregaciones, no asì en la Iglesia, pues muchos son los líderes que quieren hacer de todo con tal de llenar sus templos, pero no miden las consecuencias de ello… la posible muerte espiritual. No es atributo de todos los líderes hacer toda clase de actividades en la Iglesia, precisamente por ello es que para servir al Señor tiene que haber habido primeramente un “Llamamiento”, pues en èl, se nos dice “cuàl” es nuestra misión. Debe haber habido también un tiempo de “Preparaciòn”, pues nadie puede guiar a otro si no sabe a dònde llevarle.  En tercer lugar, y lo vemos en la vida de los grandes Apòstoles, debe haber habido una “Prueba, de la cuàl se salió aprobado”. Y, en último lugar, y no por ello menos importante, està el “Tiempo”, nada vamos a lograr nada si no esperamos el tiempo de Dios. Las congregaciones son un lugar de “entretenimiento”, pero la Iglesia de Jesucristo es un lugar de “preparación y afirmación” para cuando llegue el tiempo indicado de Dios.


jueves, 2 de febrero de 2017

Libertad, no libertinaje.

“Donde està el Espìritu de Dios, hay libertad”
(2ª Corintios 3:17).

Debido a las atrocidades que se vieron en la Segunda Guerra Mundial por el partido Nazi de Adolfo Hitler, la Organizaciòn de las Naciones Unidas decidió, terminada èsta, tomar cartas en el asunto para que los derechos de ningún otro pueblo fueran vulnerados al grado que lo fueron los del pueblo Judìo. Asì, en diciembre de 1948, se decide hacer una reuniòn en la cuàl se declaran los que “debieran” ser “Los Derechos Humanos”.


De los 30 artìculos primeros el que nos interesa hoy es el número 1: “Todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos”. En otras palabras, ningún pueblo, como lo hacìan en la antigüedad, puede ni debe tratar de subyugar a otro en ninguna manera, y, por consiguiente y lógica, ningún ser humano puede o debe hacer lo mismo con sus semejantes. Lamentablemente, vemos horrorizados e impotentes que los pueblos grandes siguen subyugando a los pueblos pequeños, solamente que ahora de una manera màs sofisticada, pues lo hacen con manipuleos económicos, conspiraciones políticas y en casos extremos manipulando fuerzas internas. Sin embargo, hay una esperanza, pues Dios ha prometido a todos aquellos que crean en el sacrificio de su Hijo, que donde ellos estèn su Santo Espìritu les darà libertad (no libertinaje) no importando las circunstancias. Que los hijos de Dios pasaràn casi los mismos problemas o dificultades que los impíos, es cierto, pero la diferencia es que al igual que en el caso de Noè, quien también pasò el Diluvio como todo el mundo, ellos estarán viendo la mano de Dios en medio de la tormenta. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

¿Atribulado?

“Es necesario que por muchas tribulaciones entremos al reino de los cielos”
(Hechos 14:22).

Sabemos de tantas personas que en el ardor de la fe declaran: “Es que mi mejor deseo es ya dejar èstas cargas materiales y dedicarme a predicar la palabra de Dios, Dios sabe que ese es el deseo de mi corazón”. Ahora bien, preguntamos ¿Practica un mèdico la medicina oficialmente sin haber ganado sus estudios? ¿Puede un abogado firmar una escritura legal sin haber obtenido el título?

En lo personal hemos denominado a la doctrina de paz, poder y prosperidad como satánica, reconocemos que Dios desea lo mejor y tiene lo mejor para sus hijos, pero todo tiene un precio, y la doctrina de paz, poder y prosperidad descarta pagar ese precio. Una persona no puede ni debe dedicarse a predicar la palabra de Dios sin cumplir con varias características: Primero, tener un llamamiento (que es palpable en nuestra vida pues es como un fuego interno que no nos permite pensar en hacer otra actividad); segundo, si antes no ha podido sobrellevar las cargas, las penas, las angustias y las limitaciones materiales. Dios nunca va a utilizar personas que no han sido “probadas y aprobadas”. El sufrimiento o el padecimiento son parte del “pensum” del creyente. Si no soportamos las pequeñas cargas de èste mundo, no estaremos capacitados para sobrellevar las espirituales que son màs pesadas. Cuando pensamos en palabras de exhortación, pensamos en palabras bonitas, adornadas, positivas, pero, mire usted còmo el Apòstol Pablo “exhorta” a seguir adelante, no a simples y sencillos creyentes, sino a los “discípulos”: “Es necesario, que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. ¿Estàmos atribulados? Si es asì, y nuestro deseo ardiente es predicar el evangelio… entonces vamos por buen camino.