“Inmaduros… les dì leche
porque no podían asimilar alimento duro”.
(1ª Corintios 3:1-2).
Què làstima y què
desperdicio que pasemos muchos años en el Señor, pero que nuestro crecimiento
se haya estancado. ¿Què maravillas se perdieron los creyentes residentes en
Corinto? Y quizás también nosotros, si,
entre los otros escritos del Apòstol no quedó plasmado.
Es aquí en donde entra la
enseñanza final de las Trìadas (grupos armònicos de tres) en la escritura. El
mismo Apòstol Pablo, que escribiera lo anterior también escribió lo siguiente: “Corran
para obtener el galardón”. ¿Cuàl es ese galardón? “La estatura del varòn perfecto” (Efesios
4:13); Cristo formado en nosotros (Colosenses 1:27). El Apòstol Pablo nos
exhorta a que la caminata del creyente es dura pero que Cristo nos fortalece en
todo (Filipenses 4:13, ver el contexto no sòlo el texto); nos enseña que por
muchas tribulaciones es necesario que entremos al reino de los cielos (Hechos
14:22). Y al final de sus días nos dice: “He peleado la buena batalla; he
acabado la carrera; por eso, me està guardada la corona de justicia… el
galardòn” (2ª Timoteo 4:7-8). La pregunta es: ¿Para què esforzarse tanto si
todos estaremos en el mismo lugar en el cielo?
Pues la respuesta la dan las Trìadas: Vale la pena el esfuerzo porque no
estaremos en el mismo lugar. O, ¿Creerìa usted en un Dios justo y que proclama
justicia si por toda la eternidad el Apòstol Pablo estuviera sentado al lado
del ladròn de la cruz, quièn, no hizo màs que creer en Cristo? ¡Imposible! Porque
si eso fuera asì, entonces cabe la otra pregunta: ¿Para què nos exhorta a que
nos esforcemos en la carrera, si al final a todos nos van a dar el mismo
galardón?. Ahora bien, No es por conocimiento; no es por el puesto que tengamos
en la Iglesia; no es por el tiempo dedicado, ni siquiera, dice el Apostol, por
lo mucho que compartamos nuestra riqueza que lograremos mejores puestos en èsta
carrera… será UNICA Y EXCLUSIVAMENTE, de cuànto tiempo pasemos postrados a los
pies de Cristo, con el fin de escuchar què es lo que desea que hagamos para que
cuando èl venga, nos encuentre haciendo eso (Mateo 24:46) y pueda declarar de
nosotros: “fieles y bienaventurados son èstos”. Claro que implica también, en
un segundo tèrmino servir, dar, proveer, y entregarse a los demás.
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