miércoles, 1 de febrero de 2017

¿Atribulado?

“Es necesario que por muchas tribulaciones entremos al reino de los cielos”
(Hechos 14:22).

Sabemos de tantas personas que en el ardor de la fe declaran: “Es que mi mejor deseo es ya dejar èstas cargas materiales y dedicarme a predicar la palabra de Dios, Dios sabe que ese es el deseo de mi corazón”. Ahora bien, preguntamos ¿Practica un mèdico la medicina oficialmente sin haber ganado sus estudios? ¿Puede un abogado firmar una escritura legal sin haber obtenido el título?

En lo personal hemos denominado a la doctrina de paz, poder y prosperidad como satánica, reconocemos que Dios desea lo mejor y tiene lo mejor para sus hijos, pero todo tiene un precio, y la doctrina de paz, poder y prosperidad descarta pagar ese precio. Una persona no puede ni debe dedicarse a predicar la palabra de Dios sin cumplir con varias características: Primero, tener un llamamiento (que es palpable en nuestra vida pues es como un fuego interno que no nos permite pensar en hacer otra actividad); segundo, si antes no ha podido sobrellevar las cargas, las penas, las angustias y las limitaciones materiales. Dios nunca va a utilizar personas que no han sido “probadas y aprobadas”. El sufrimiento o el padecimiento son parte del “pensum” del creyente. Si no soportamos las pequeñas cargas de èste mundo, no estaremos capacitados para sobrellevar las espirituales que son màs pesadas. Cuando pensamos en palabras de exhortación, pensamos en palabras bonitas, adornadas, positivas, pero, mire usted còmo el Apòstol Pablo “exhorta” a seguir adelante, no a simples y sencillos creyentes, sino a los “discípulos”: “Es necesario, que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. ¿Estàmos atribulados? Si es asì, y nuestro deseo ardiente es predicar el evangelio… entonces vamos por buen camino.


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