lunes, 6 de febrero de 2017

Colaboradores... no dueños.

“Nosotros somos colaboradores al servicio de Dios”.
(1ª Corintios 3:9).

Toda empresa tiene una pirámide o cadena de mando, a la cuàl los expertos le llaman “organigrama”. Allì se plasma en papel y tinta lo que la realidad de la empresa muestra: “Quiènes tienen el poder de mando y quiènes son los mandados”, los que hemos tenido la oportunidad de trabajar en una empresa mediana o grande lo sabemos. Pero, a no ser que estè incluido dentro del organigrama, por encima de todos ellos està el dueño, el propietario, el creador de la empresa.

Asì es también en el ámbito de la Iglesia, existe un líder, un pastor, un consejo de ancianos, ujieres y demás servidores, pero, por encima de todos ellos està el dueño, el propietario, el creador de la empresa que es Dios. En toda empresa, se hace lo que el dueño dice, le parezca a quien le parezca, y, sean positivas o negativas las consecuencias. En el momento en que alguien de la cadena piramidal no siga esas instrucciones, simplemente estarà en problemas èl y quizás hasta la empresa misma. En la iglesia de Dios es exactamente lo mismo, por ello es indispensable que el líder, el pastor, el concejo de ancianos, los ujieres y hasta los màs pequeños servidores, tengamos en mente que: “Somos tan sòlo colaboradores al servicio de Dios;  que somos el caldo de cultivo en el campo espiritual; y ayudamos a construir el edificio de Dios... no el nuestro”, pues de lo contrario estaríamos en problemas nosotros, y podemos llevar a las ovejas arrastradas juntamente con nosotros. Si èsta premisa se cumple (nos referimos a la sujeción a Dios), tendremos y llegaremos a ser líderes que sepan llevar a las ovejas de nuestro Señor a su final y feliz destino. Seràn y seremos líderes que estaremos postrados a los pies de Cristo para recibir directrices de los cielos y no presentimientos ni ideas humanas. Seràn y seremos líderes que buscan la gloria de Dios y no la propia. Seràn y seremos líderes ùtiles a los cuales el Señor en su venida podrá decir: “Bienaventurado y fiel es èste, que cuando vine, lo encontrè haciendo lo que le mandè hacer. (Mateo 24:46).  



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