“Nosotros somos
colaboradores al servicio de Dios”.
(1ª Corintios 3:9).
Toda empresa tiene una
pirámide o cadena de mando, a la cuàl los expertos le llaman “organigrama”. Allì
se plasma en papel y tinta lo que la realidad de la empresa muestra: “Quiènes
tienen el poder de mando y quiènes son los mandados”, los que hemos tenido la
oportunidad de trabajar en una empresa mediana o grande lo sabemos. Pero, a no
ser que estè incluido dentro del organigrama, por encima de todos ellos està el
dueño, el propietario, el creador de la empresa.
Asì es también en el ámbito
de la Iglesia, existe un líder, un pastor, un consejo de ancianos, ujieres y
demás servidores, pero, por encima de todos ellos està el dueño, el
propietario, el creador de la empresa que es Dios. En toda empresa, se hace lo
que el dueño dice, le parezca a quien le parezca, y, sean positivas o negativas
las consecuencias. En el momento en que alguien de la cadena piramidal no siga
esas instrucciones, simplemente estarà en problemas èl y quizás hasta la
empresa misma. En la iglesia de Dios es exactamente lo mismo, por ello es
indispensable que el líder, el pastor, el concejo de ancianos, los ujieres y
hasta los màs pequeños servidores, tengamos en mente que: “Somos tan sòlo
colaboradores al servicio de Dios; que
somos el caldo de cultivo en el campo espiritual; y ayudamos a construir el
edificio de Dios... no el nuestro”, pues de lo contrario estaríamos en
problemas nosotros, y podemos llevar a las ovejas arrastradas juntamente con
nosotros. Si èsta premisa se cumple (nos referimos a la sujeción a Dios),
tendremos y llegaremos a ser líderes que sepan llevar a las ovejas de nuestro
Señor a su final y feliz destino. Seràn y seremos líderes que estaremos
postrados a los pies de Cristo para recibir directrices de los cielos y no
presentimientos ni ideas humanas. Seràn y seremos líderes que buscan la gloria
de Dios y no la propia. Seràn y seremos líderes ùtiles a los cuales el Señor en
su venida podrá decir: “Bienaventurado y fiel es èste, que cuando vine, lo encontrè
haciendo lo que le mandè hacer. (Mateo 24:46).
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