“Dios borrò de la faz de la
tierra a todo ser viviente”.
(Gènesis 7:23).
Quienes quieren encontrar
motivos para no acercarse a Dios los encuentran. Son incontables quienes dicen
que si Dios es bueno, entonces es incapaz de matar a alguien o de condenarlo a
un infierno eterno. En conclusión, el cielo y el infierno son un invento de
gentes que quieren manipular a los demás metiéndolos en miedo de una eternidad
falsa.
Entendemos que Dios es bueno
y que en èl no se encuentra ninguna maldad, pero, èl le ha establecido normas
de conducta a los seres humanos, y, el cumplimiento o incumplimiento de dichas
normas tiene una consecuencia. Dicha consecuencia està directamente relacionada
a nuestras acciones. Ponemos un ejemplo, si usted fuera el director de un
colegio en el cuàl hay un alumno dedicado y uno fastidioso, preguntamos: ¿A
quièn se le da la banda de excelencia y a quièn se le castiga?. Si usted tiene
una empresa o negocio, y tiene un empleado responsable y honesto, y a la par
tiene uno indisciplinado y deshonesto, preguntamos: ¿A quièn conserva y a quièn
despide? La lógica nos da las respuestas, y usted, como director del colegio o
como dueño de la empresa no es una persona mala por corregir o por premiar a
quien se lo ha ganado. Pues en el caso del cumplimiento de las normas de Dios
es lo mismo. Nadie puede decir que Dios es injusto puesto que lo único que està
haciendo es dando la recompensa o el castigo a quien se los ha ganado. Noè fue
sujeto a Dios y se salvò en el Diluvio, pero el mundo fue condenado por su
maldad, asì de simple. Dios, ha prometido que aùn falta un juicio similar a
ese. Salomòn en el libro de Eclesiastès nos enseña que nada nuevo hay bajo el
sol, y que, lo que ya pasò… volverá a pasar.
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