viernes, 9 de septiembre de 2016

Holgazanerìa.

"Hay un leòn allà afuera (dice el holgazàn), En plena calle me va a hacer pedazos".
(Proverbios 22:13).

"En el barbecho del pobre hay mucho qué comer, pero se pierde por falta de juicio" (Proverbios 13:23). Barbecho, terreno fértil que no se ha cultivado. Muchas son las personas que están pasando angustias, penas, limitaciones y hasta escasez, simplemente porque no trabajan, o no saben trabajar bien lo que tienen. Simplemente: "Están enterrando sus talentos".

La humanidad tiene muchos problemas que lo aquejan, pero hay dos que parecen perseguirle desde el principio de la era, el primero es que tendemos a "excusarnos" en todo y por todo. Es rara la persona que dice "yo" fui; "yo" me equivoqué; "yo" tuve la culpa. Adán fue el primero: "La mujer que me diste", o sea que la culpa del pecado no la tuvo él sino Dios por haberle dado una mujer. Eva dijo: "La serpiente", o sea que no fue ella la culpable del pecado sino Dios, porque para qué se le ocurrió poner una serpiente en el paraíso. Y, el otro problema que aqueja a la humanidad es que desea todo "fácil", sin esfuerzo y sin lucha. Caín mató a Abel porque su holocausto no era bien recibido por Dios como el de su hermano. Pero no se puso a pensar que Abél lo hacía con dedicación, con gratitud, con un mayor esfuerzo que él. Hoy en día no somos diferentes, en nuestros estudios, en el servicio de la iglesia, en una charla, "escuchamos" una hora de prédica y solamente "tomamos y recalcamos" lo que nos conviene, lo que queríamos oír, lo que nos interesa, lo que deseamos. Y, como es lógico, ya que de Dios no se burla nadie, cuando todo sale mal, levantamos nuestra mirada al cielo y preguntamos: ¿Por qué siempre a mí, Señor? ¿Qué está pasando, Señor? ¿Qué prueba es ésta, Señor?  Cuando claramente se ve que NO es una prueba, sino una consecuencia de nuestras malas o mal intencionadas decisiones. Que hay un león allá afuera, lo hay; pero Dios es capaz de vencer a ese león que él mismo hizo, solamente que tenemos que tomar en cuenta a Dios en nuestra salida.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El conocimiento.

Los ojos del Señor protegen el conocimiento".
(Proverbios 22:12).

"El pueblo que no conoce su historia, està condenado a repetirla", frase atribuida a un sin fin de personajes en la historia: Aristòteles, Julio Cèsar, Napoleòn, Churchill y hasta Lincoln. La escritura nos lo enseña de otra forma: "Sin conocimiento mi pueblo perece" (Oseas 4:6).

Dios jamàs ha utilizado para trabajar en su reino a personas ociosas, todo hombre que Dios ha escogido durante la historia para ser portador de su palabra ha sido encontrado laborando en algùn oficio. Abraham, criaba ganados; David cuidaba los ganados de su padre; los discìpulos eran casi todos pescadores; Lucas, era mèdico; Pablo, se dedicaba a hacer tiendas para vender. NO creamos nosotros que seremos la excepciòn. Dios necesita personas entendidas en su palabra para ir y llevarla a los confines de la tierra, eso solamente se logra invirtiendo tiempo en oraciòn, en la lectura, en el estudio de su palabra. Nunca Dios "escogiò" neòfitos para esa labor, a no ser que los preparara antes. A esa preparaciòn es a la que no muchos estàn dispuestos someterse, pues requiere de sacrificio, cansa, agota y hasta consume. Requiere invertir nuestro tiempo, nuestra vida, nuestro dinero, nuestro amor, pues nunca nada ha dado sus secretos a aquèl que no se dedica a ello. La gloria, todos la queremos; los lugares de privilegio, todos los deseamos ocupar; pero, los sacrificios son pocos los que estàn dispuestos a llevarlos. Sin embargo Cristo dijo, y es una promesa que hemos visto cumplirse un sin fin de veces: "Aquèl que deje: padre y madre; casas, negocios, etc. recibirà cien veces màs". Es una promesa y Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. La exhortaciòn es: No temamos pagar ese precio, y serà Dios y no el hombre quien nos recompense. Pero tenemos que esperar en èl... no ser nosotros quienes la tomemos. Y para èsto ùltimo hay una señal: Cuando es Dios quien la da... ABUNDA.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La pureza.

"El que ama la pureza de corazòn y tiene gracia al hablar, tendrà por amigo al rey".
(Proverbios 22:11).

Uno de los grandes placeres que hay en la amistad o en la relaciòn entre personas, es, sin duda, estar frente a una persona transparente. Muchas situaciones son dolorosas en la vida cotidiana, pero, el tener a una persona no confiable todos los dìas delante nuestro, es desastroso. El verdadero creyente, aquèl que no solamente "menciona" a Dios, o, se que se "acerca" a èl "solamente" cuando tiene problemas, sino que anhela estar con Dios, anhela servir a Dios, anhela estar en los asuntos de Dios, anhela ayudar y servir a quienes estàn con Dios... esos, son los que destilaràn pureza de corazòn y tendràn como amigo al rey.

Esa pureza de corazòn, hoy, lamentablemente està "perdida" en la iglesia de Jesucristo por el hecho de que gentes sin escrùpulos, gentes vividoras, gentes aprovechadas, han hecho de la iglesia de Cristo un "circo" en donde llegan a entretener y distraer a las gentes en lugar de "entrenarlas" en los caminos de Dios. Cristo dijo: "ID Y HACED DISCÌPULOS", NO DIJO "ID Y Y SED EL HAZME REIR DE LAS GENTES". La iglesia se ha estado llenando de lìderes ignorantes, inmorales, aprovechados, egocentristas, autonombrados "pastores", "apòstoles", y ahora han inventado tìtulos como  "doctores", y un sin fin de "ridìculeces". Ridìculos desde el punto de vista de Dios, pues son tìtulos que se demuestran con la pràctica y no que sean autoproclamados para obtener ganancias deshonestas y lugares de privilegio en cualquier parte a donde vayan. Los tìtulos se ganan viviendo "ejemplarmente" no exigiendo proclamaciones orgullosas. La pureza del corazòn se logra estando a los pies de Cristo, no en las primeras bancas de eventos sociales "disfrazados" de eventos religiosos. Claro que Dios tiene sus demostraciones de fe, de milagros, de sanaciones, etc. Pero no tiene "shows", ni programas "realities" (y perdonen si lo escribi mal porque no se inglès).

martes, 6 de septiembre de 2016

La insolencia.

"Despide al insolente, y se irà la discordia y cesaràn los pleitos y los insultos".
(Proverbios 22:10).

Insolente, se considera a toda persona que habla o que actùa con falta de respeto a los demàs. Una persona que no respeta el derecho de las demàs personas es alguien muy desgradable: personas que dicen malas palabras a toda vos; que no saben respetar una fila en ningùn establecimiento; que son abusivas y agresivas; cuyos niños hacen un berrinche en cualquier parte y en cualquier momento, etc. No son personas con las cuales querramos precisamente un amistad ìntima.

La palabra de Dios nos enseña que en "lo que a nosotros corresponde, estemos en paz con todos", pero, con personas insolentes es muy "imposible" estar en paz, luego lo que nos corresponde es si podemos "alejarlas" de nosotros, y, si no podemos, entonces nos corresponde "alejarnos" de ellas, pues son seres capaces de quitar la paz en cualquier momento y en cualquier lugar. Veamos lo que pueden llegar a provocar: discordia, lo que quiere decir que en donde estèn van a lograr dividir al conjunto en dos o màs partes; pleitos, eso quiere decir que con nadie podrà congeniar bien; e insultos, lo que implica un caos aùn dentro del mismo grupo pequeño que èl arme. La escritura nos enseña que cualquier problema, cualquier situaciòn, cualquier enfermedad, etc. se puede solucionar por medio de la sangre de Cristo, lo que implica que desde el "punto de vista espiritual" no somos nosotros los indicados a curar a personas de ese tipo, lo que nos corresponde es seguir el consejo que Dios nos da: "Apartarlas o apartarnos". Pero, algo sì podemos deducir de èstas situaciones, al igual que con otros problemas de la humanidad... èste tambièn inicia en la niñez, nadie se hace ladròn, mentiroso o insolente de la noche para la mañana.

lunes, 5 de septiembre de 2016

La generosidad.

"El que es generoso serà bendecido, pues comparte su comida con los pobres".
(Proverbios 22:9).

La "generosidad" generalmente es confundida con la "caridad" pues ambas virtudes implican lo mismo: "dar". Pero tienen una pequeña diferencia: La persona que hace "caridad" es una persona que da cuando hay oportunidad de dar, entendamos un terremoto, un sunami, un huracàn devastador o aùn a personas o grupos de personas que tienen una necesidad; mientras que la persona "generosa" anda buscando quièn necesita para poder compartir, en otras palabras, la persona que tiene la virtud de la generosidad tiene tambièn el "hàbito" de dar constantemente.

Una gran cantidad de personas expresa: "Es que yo si tuviera entonces darìa, pero no tengo". Cristo dijo: "Pedid, y se os darà" (vea Mateo 7:7), pero en otra parte de la escritura dice Santiago, quien era el mismo Jacobo hermano de sangre de Jesùs (vea Mateo 13:55 y Santiago 4:3): "Pedis y no recibìs, porque pedis con malos propòsitos, para gastar en vuestros placeres". Dios tiene, puede y quiere prosperarnos, pero ¿por què serà que no lo hace?. Lo acabamos de leer: Porque no pedimos para compartir con los demàs, sino pedimos para "nuestra" casa en la playa; pedimos para "nuestra" lancha; pedimos para "nuestro" carro ùltimo modelo que tanto queremos, etc. Pero las personas que piden para compartir, por experiencias que hemos visto, sabemos que reciben de Dios no sòlo para compartir sino tambièn para que ellas puedan tener lo que otros tanto desean. ¿Por què?  Pues porque aprendieron a pedirle a Dios sin intereses personales. Hemos visto en nuestra caminata cristiana personas màs prosperas por dar que por recibir. Ahora bien, un consejo sencillo pero muy pràctico y certero: La escritura nos dice "Serà bendecido el generoso que da al POBRE, no dice que se le dè al que nos puede devolver màs de lo que le estamos compartiendo".

viernes, 2 de septiembre de 2016

La ley filosòfica.

"El que siembra maldad cosecha desgracias; el Señor lo destruirà con el cetro de su ira".
(Proverbios 22:8).

Existe una ley conocida como la "Ley filosòfica", la cuàl consiste en la premisa de que toda "causa" tiene un "efecto", y, como consecuencia de ello podemos "preveer" el resultado de nuestros hechos, pensamientos, palabras u obras. Se aplica desde lo màs sencillo hasta lo màs complejo que usted pueda imaginar. Si sostiene un vaso en el aire y lo suelta, usted puede prever (conocer de antemano) que debido a la "causa (soltar el vaso) èste al caer se va a lastimar o romper (efecto).

Dios conoce èsta ley mucho mejor que nosotros los hombres, por ello quizàs, fue que permitiò que con gran unciòn de su Santo Espìritu, varones entregados a èl escribieran consejos tan sabios y pràcticos como los que encontramos en los libros de los Salmos, de los Proverbios, Eclesiastès y Lamentaciones entre otros. Segùn esa ley aplicada a lo espiritual, sin involucrarnos en "hacer conjeturas" o "hablar lo que no debemos", podemos preveer lo que sucederà por los hechos, palabras y obras de cualquier persona o de nosotros mismos, pues hay otra ley que se involucra en el asunto, y èsta es una ley divina, la "Ley de la siembra y la cosecha". De la misma manera que si usted siembra manzanas no puede cosechar peras; o que, si usted no siembra no puede esperar cosechar. De esa misma forma si usted mira a alguien sembrar maldad... usted puede preveer que esa persona va a cosechar muerte y destrucciòn. Y, por el contrario, cuando vemos personas sembrar el bien, esas personas es imposible que dejen de cosechar bendiciones, no solamente para sus pròjimos sino para los suyos y para èl mismo. La causa nos puede hacer preveer el efecto, y, lo que sembramos serà lo que cosecharemos.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Espinas y trampas.

"Espinas y trampas hay en la senda de los impìos, pero el que cuida su vida se aleja de ellas".
(Proverbios 22:5).

Problemas, angustias, aflicciones, limitaciones y hasta fatalidades, todo ser humano ha de tener en su vida. Por lo tanto, no hemos de confundir las "eventualidades" con que esos sucesos acontezcan en nuestras vidas, con el "continuo desastre" que es la vida del impìo. Pues si confundimos èstos conceptos podemos llegar a creer que Dios simplemente "no nos quiere ni acepta", cuando realmente èl anhela de todo corazòn que todos nos alleguemos a èl.

Quizàs un ejemplo bìblico nos da mayor luz al asunto. Nabal, un descendiente del gran hèroe Caleb, habìa sido protegido en su momento por las tropas de David; en cierto momento, David necesita de provisiones y se las pide a Nabal, èste, hombre sin agradecimiento alguno y necio por naturaleza, le niega las provisiones a David. Al enterarse David, no solamente se arrepiente de haberle protegido sino jura que harà justicia por su propia mano. Abigaìl, esposa de Nabal y una mujer sabia y temerosa de Dios se entera del plan de David, y corre a su encuentro para agradarlo con las provisiones que David necesitaba. La historia termina perdonando David a Nabal, Dios recogiendo a Nabal, y Abigaìl en el palacio del rey siendo una de sus esposas (vea 1ª de Samuel 25 completo). La lecciòn es, Nabal por necio, viviò entre espinas y trampas hasta su muerte; Abigaìl, por sabia, viviendo en el palacio del rey como una de las esposas del rey, aùn y cuando pasò angustias y aflicciones por vivir con un hombre necio; y con un David, que por ser sujeto a Dios... viviendo una vida de tranquilidad por apartarse de la necedad.