"El que siembra maldad cosecha desgracias; el Señor lo destruirà con el cetro de su ira".
(Proverbios 22:8).
Existe una ley conocida como la "Ley filosòfica", la cuàl consiste en la premisa de que toda "causa" tiene un "efecto", y, como consecuencia de ello podemos "preveer" el resultado de nuestros hechos, pensamientos, palabras u obras. Se aplica desde lo màs sencillo hasta lo màs complejo que usted pueda imaginar. Si sostiene un vaso en el aire y lo suelta, usted puede prever (conocer de antemano) que debido a la "causa (soltar el vaso) èste al caer se va a lastimar o romper (efecto).
Dios conoce èsta ley mucho mejor que nosotros los hombres, por ello quizàs, fue que permitiò que con gran unciòn de su Santo Espìritu, varones entregados a èl escribieran consejos tan sabios y pràcticos como los que encontramos en los libros de los Salmos, de los Proverbios, Eclesiastès y Lamentaciones entre otros. Segùn esa ley aplicada a lo espiritual, sin involucrarnos en "hacer conjeturas" o "hablar lo que no debemos", podemos preveer lo que sucederà por los hechos, palabras y obras de cualquier persona o de nosotros mismos, pues hay otra ley que se involucra en el asunto, y èsta es una ley divina, la "Ley de la siembra y la cosecha". De la misma manera que si usted siembra manzanas no puede cosechar peras; o que, si usted no siembra no puede esperar cosechar. De esa misma forma si usted mira a alguien sembrar maldad... usted puede preveer que esa persona va a cosechar muerte y destrucciòn. Y, por el contrario, cuando vemos personas sembrar el bien, esas personas es imposible que dejen de cosechar bendiciones, no solamente para sus pròjimos sino para los suyos y para èl mismo. La causa nos puede hacer preveer el efecto, y, lo que sembramos serà lo que cosecharemos.
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