"Espinas y trampas hay en la senda de los impìos, pero el que cuida su vida se aleja de ellas".
(Proverbios 22:5).
Problemas, angustias, aflicciones, limitaciones y hasta fatalidades, todo ser humano ha de tener en su vida. Por lo tanto, no hemos de confundir las "eventualidades" con que esos sucesos acontezcan en nuestras vidas, con el "continuo desastre" que es la vida del impìo. Pues si confundimos èstos conceptos podemos llegar a creer que Dios simplemente "no nos quiere ni acepta", cuando realmente èl anhela de todo corazòn que todos nos alleguemos a èl.
Quizàs un ejemplo bìblico nos da mayor luz al asunto. Nabal, un descendiente del gran hèroe Caleb, habìa sido protegido en su momento por las tropas de David; en cierto momento, David necesita de provisiones y se las pide a Nabal, èste, hombre sin agradecimiento alguno y necio por naturaleza, le niega las provisiones a David. Al enterarse David, no solamente se arrepiente de haberle protegido sino jura que harà justicia por su propia mano. Abigaìl, esposa de Nabal y una mujer sabia y temerosa de Dios se entera del plan de David, y corre a su encuentro para agradarlo con las provisiones que David necesitaba. La historia termina perdonando David a Nabal, Dios recogiendo a Nabal, y Abigaìl en el palacio del rey siendo una de sus esposas (vea 1ª de Samuel 25 completo). La lecciòn es, Nabal por necio, viviò entre espinas y trampas hasta su muerte; Abigaìl, por sabia, viviendo en el palacio del rey como una de las esposas del rey, aùn y cuando pasò angustias y aflicciones por vivir con un hombre necio; y con un David, que por ser sujeto a Dios... viviendo una vida de tranquilidad por apartarse de la necedad.
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