Los ojos del Señor protegen el conocimiento".
(Proverbios 22:12).
"El pueblo que no conoce su historia, està condenado a repetirla", frase atribuida a un sin fin de personajes en la historia: Aristòteles, Julio Cèsar, Napoleòn, Churchill y hasta Lincoln. La escritura nos lo enseña de otra forma: "Sin conocimiento mi pueblo perece" (Oseas 4:6).
Dios jamàs ha utilizado para trabajar en su reino a personas ociosas, todo hombre que Dios ha escogido durante la historia para ser portador de su palabra ha sido encontrado laborando en algùn oficio. Abraham, criaba ganados; David cuidaba los ganados de su padre; los discìpulos eran casi todos pescadores; Lucas, era mèdico; Pablo, se dedicaba a hacer tiendas para vender. NO creamos nosotros que seremos la excepciòn. Dios necesita personas entendidas en su palabra para ir y llevarla a los confines de la tierra, eso solamente se logra invirtiendo tiempo en oraciòn, en la lectura, en el estudio de su palabra. Nunca Dios "escogiò" neòfitos para esa labor, a no ser que los preparara antes. A esa preparaciòn es a la que no muchos estàn dispuestos someterse, pues requiere de sacrificio, cansa, agota y hasta consume. Requiere invertir nuestro tiempo, nuestra vida, nuestro dinero, nuestro amor, pues nunca nada ha dado sus secretos a aquèl que no se dedica a ello. La gloria, todos la queremos; los lugares de privilegio, todos los deseamos ocupar; pero, los sacrificios son pocos los que estàn dispuestos a llevarlos. Sin embargo Cristo dijo, y es una promesa que hemos visto cumplirse un sin fin de veces: "Aquèl que deje: padre y madre; casas, negocios, etc. recibirà cien veces màs". Es una promesa y Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. La exhortaciòn es: No temamos pagar ese precio, y serà Dios y no el hombre quien nos recompense. Pero tenemos que esperar en èl... no ser nosotros quienes la tomemos. Y para èsto ùltimo hay una señal: Cuando es Dios quien la da... ABUNDA.
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