“Los golpes y las heridas curan la maldad: los azotes purgan
lo màs ìntimo del ser”.
(Proverbios 20:30)
A nadie le gustan los golpes que nos da la vida. Hemos de
reconocer que hay situaciones màs duras para unas personas que para otras.
Lastimosamente estamos acostumbrados a la competencia, lo que nos da como
consecuencia que creemos que nuestro dolor es el màs grande del mundo, y para
algunos màs egoístas aùn… es el único.
Desde el punto de vista humano, todo lo que nos sucede que
no nos gusta lo declaramos “malo”, y todo lo que nos sucede que sì nos gusta lo
declaramos “bueno”. Desde el punto de vista de Dios, lo que nos sucede “malo”
simplemente es “desagradable”, y lo que nos sucede “bueno” es “agradable”. ¿Por
què lo decimos? Pues porque Dios es un Padre
bueno, y desde esa perspectiva no puede desearnos ni hacernos nada “malo”. Todo
lo que permite en nuestras vidas es para bien, que nosotros desde la
perspectiva visual del hombre no lo entendamos en el momento, no quiere decir
que forzosamente sea malo, pues con el tiempo vemos que fue lo mejor que nos
pudo haber pasado. La escritura nos menciona un verso precioso que reza asì:
“Porque mis pensamientos hacia vosotros, no son pensamientos de mal sino de
bien” (Isaìas 55:9). Para Josè lo mejor que le pudo haber pasado fue que sus
hermanos lo vendieran. Para David lo mejor que le pudo haber pasado fue que
Saùl quisiera asesinarlo. Para Jesùs lo mejor que pudo haberle pasado fue que
Judas lo vendiera. ¿Còmo entonces para nosotros un desempleo; una enfermedad;
una herencia robada; aùn una defunción cercana, no será lo mejor? Lo
desagradable que nos sucede son correcciones, no castigos.
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