(Proverbios 22:2).
Cristo diò una sentencia hace dos mil años: "A los pobres siempre los tendrèis entre vosotros". Le acaban de ungir para la sepultura, y alguien exclama: "Con el precio de ese perfume, se hubiera dado de comer a muchos pobres" (Juan 12:5). Varias lecciones se pueden extraer de èstos pasajes, como por ejemplo, el gran valor que significò el sacrificio de Cristo, por ello el gran valor del perfume; el falso interès de Judas (que fue quien fijò el precio justo del perfume, equivalente a tres cientos dìas de trabajo) por atender las necesidades de los pobres etc.
Pero hoy, nos fijaremos en que fue Dios, en su soberanìa absoluta, quien creò a los pobres y a los ricos. Pobres y ricos siempre han habido, lo vemos desde los tiempos de Abraham cuando eran grandes ganaderos y habìa gente en gran escasez. Pero esos estratos sociales se acentuaron con la Revoluciòn Francesa, cuando hubo tambièn una revoluciòn industrial y la màquina fue desplazando al hombre de su trabajo. Hoy, la tecnologìa està haciendo lo mismo, al extremo de que personas cada vez màs jòvenes (se anda por los 35 años), estàn siendo despedidas de sus empleos por grandes corporaciones... pues ya son demasiado viejos para el trabajo. Como dijimos, fue Dios quien creò a los ricos y a los pobres, pero los creò para un propòsito. Y el propòsito no es precisamente que el rico tenga una casa en la playa, otra en el campo, y otra en la ciudad y que sea el pobre quien se las cuide y limpie. No, ¡fue para mostrar què es lo que hay en el corazòn del hombre! Si en el corazòn del rico hay un poco de misericordia para con el necesitado o soberbia en contra de Dios, creyendo que lo que ha logrado lo ha hecho por sus propios medios. Y si en el corazòn del pobre hay resentimiento contra el que tiene o contra Dios, o, si tiene contentamiento por lo poco recibido. Pero lo que sì tienen en comùn es que a ambos los hizo Dios, y que, el dìa en que ambos estèn muertos, el cajòn del rico quizàs valdrà cuatro o cinco veces màs que el del pobre, pero adentro abrà lo mismo...nada (Eclesiastès 9:5) ¿Entendemos?
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