"De nada sirven ante el Señor la sabidurìa, la inteligencia y el consejo".
(Proverbios 21:30).
Es de cuerdos buscar la sabidurìa, de hecho la escritura nos llama a que la busquemos; es de personas centradas encontrar los medios màs inteligentes para realizar una tarea; y, por supuesto que es lo màs acertado buscar el consejo de quienes saben acerca de un tema mucho màs que nosotros. Sin embargo, la escritura nos dice que: "Cuando buscamos la sabidurìa, la inteligencia y el consejo solamente humanos... nos equivocaremos". Pues Dios ridiculiza a los sabios y a los entendidos (1ª Corintios 1:19).
La historia nos muestra muchos ejemplos de errores que se han cometido por no consultar con Dios, o mucho peor, de enfrentarse a èl con altivez. El ejemplo de un mal consejo humano lo podemos observar en el famoso colapso del Puente Tacoma en Washington en 1940. En donde por el consejo de bajar los costos, el puente fue construido sin los soportes tècnicos necesarios colapsando ante los vientos de la època. Y, con respecto a la arrogancia humana y la altivez en contra de Dios, pues para nadie es un secreto lo que sucediò con el famoso trasatlàntico Titanic, cuyo constructor asegurò que "ni Dios" podìa hundir el barco el cual se hundiò en su viaje de inaguraciòn. Tenemos que entender què: "Es bueno recibir sabidurìa, inteligencia y consejo de los entendidos en las materias", pero, si no nos acercamos a los pies de Cristo para pedir esos atributos de Dios... el resultado de lo que estamos planeando puede llegar a ser doloroso, y, si por desgracia nos ponemos arrogantes o altivos delante de Dios entonces puede llegar a ser fatal. Errores todos cometemos, pero, errores a propòsito delante de Dios no es lo que necesariamente se le puede recomendar a alguien que haga. Aunque tambièn ha de decirse que cuando Dios quiere probar a alguien para prepararlo a algo superior, lo somete a difìciles pruebas... de cuyo màs claro ejemplo es el caso de Job.
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