"Torcido es el camino del culpable, pero recta la conducta del hombre honrado".
(Proverbios 21:8).
Todo camino tiene un final y todo camino tiene un tiempo para ser caminado. Media vez uno empieza a transitarlo pasan determinados elementos que nunca vuelven a ser iguales en la vida. El momento, las personas, el tiempo, el ambiente que lo rodean y otros màs, repetimos, nunca vuelven a ser iguales. No negamos que la misericordia de Dios enmienda muchos de nuestros errores, pero eso no cambia el hecho de que hay elementos que nunca se repiten.
El hombre està a diario y continuamente en la bifurcación de dos caminos, cada dìa que toma una decisión toma un camino, que, lo aleja o lo acerca màs a sus objetivos. Si las decisiones que se toman son las correctas, la meta estarà màs cerca cada dìa; pero, si las decisiones que se toman son las incorrectas, la meta estarà màs lejos. Alguien puede meditar en el camino habiéndose dado cuenta que sus decisiones fueron incorrectas y querer enmendar el error, no decimos que no se pueda, pero lo que sì decimos es que: el momento adecuado... ya pasò; las personas idóneas para ese objetivo... puede que ya no estèn; el tiempo... es otro y uno està màs grande o màs cansado; el ambiente que rodea la situación... será absolutamente distinto. Alguien puede objetar que todo fue por la "soberanía" de Dios, no lo negamos. Pero también Dios sabe que el resultado hubiera sido distinto. Dios sabìa que Esaù iba a vender su primogenitura por un plato de lentejas, pero què distinta hubiera sido la historia si no lo hace. Los primogénitos no hubieran quedado relegados para siempre, si Esaù no comete ese error por mencionar algo. La conclusión es: Tomemos nuestras decisiones tomados de la mano de Dios.
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