“Hay un león haya afuera, dice el haragán”.
(Proverbios 22:13).
Pretexto: “Argumento o razón que damos para justificar
algo, especialmente un fallo, un error, o evitar culpabilidad”. ¡Y vaya si no
somos expertos en inventarlos!.
Estamos lavando una taza, un plato o un vaso, se nos
resbala por un descuido o una torpeza y qué es lo que decimos: ¡Se cayó!, ¡se
rompió!, en otras palabras la culpa fue de: La taza, el plato o el vaso pero
nunca nuestra. En todas las respuestas que damos en esos casos NUNCA implicamos
nuestra culpa, sino siempre estamos implicando que la culpa fue de otro… a eso
se le llama “pretextos”. Pero hemos de decir que esto de los pretextos, no es
en absoluto, algo nuevo. Viene incrustado en el corazón humano, por ello la
biblia nos enseña: “Engañoso y perverso es el corazón humano” (Jeremías 17:9).
Y nuestra lucha, como creyentes, debiera ser por romper esas ataduras, porque
de lo contrario lo único que hacemos es acrecentarlas hasta volverlas un
sempiterno estilo de vida. Como decíamos, esto no es nada nuevo, veamos: En Génesis
3:11: Dios pregunta: ¿Adán, has comido del árbol que te dije que no comieras? Y
la respuesta de Adán en lugar de ser sí o no, fue… ¡la mujer que me diste!.
Dios hace la misma pregunta a la mujer y en lugar de decir sí o no, la
respuesta fue… ¡la serpiente me engañó!. Pretextos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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