viernes, 9 de febrero de 2018

Las apariencias (Conclusión).




“No mires a su parecer”
(1° Samuel 16:7).

Con lo externo podemos engañar a muchos por mucho tiempo, o, a todos por algún tiempo, pero a Dios no lo engañaremos nunca.

Un ejemplo clásico de “apariencias”, se nos muestra en las escrituras cuando Samuel es enviado a Belén, debido a la caída espiritual de Saúl para ungir un nuevo rey. Isaí va llamando uno a uno a sus hijos, y con cada uno dice la escritura: para elegir “Samuel miraba lo externo”. Pero Dios le habla y le dice que NO SON LAS APARIENCIAS EXTERNAS lo que él tiene que encontrar (1° Samuel 17:6). Todos los hermanos de David “aparentaban” estar aptos para el puesto, pero no lo estaban. Y, por el contrario, David, “aparentaba” no estarlo porque era el más pequeño; ejercía el empleo menos importante en una familia para esa época; y por si fuera poco, no “aparentaba”  ser un hombre fuerte e imponente… pero, en su corazón, era el idóneo. Como creyentes debemos no sólo en lo espiritual sino también en lo material, pedirle a Dios que nos de discernimiento para que no pongamos nuestros ojos en las “apariencias externas” de las personas, y mucho menos seamos nosotros partícipes de algo similar.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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