“No mires a su parecer”
(1° Samuel 16:7).
Con lo externo podemos
engañar a muchos por mucho tiempo, o, a todos por algún tiempo, pero a Dios no
lo engañaremos nunca.
Un ejemplo clásico de
“apariencias”, se nos muestra en las escrituras cuando Samuel es enviado a Belén,
debido a la caída espiritual de Saúl para ungir un nuevo rey. Isaí va llamando
uno a uno a sus hijos, y con cada uno dice la escritura: para elegir “Samuel
miraba lo externo”. Pero Dios le habla y le dice que NO SON LAS APARIENCIAS
EXTERNAS lo que él tiene que encontrar (1° Samuel 17:6). Todos los hermanos de
David “aparentaban” estar aptos para el puesto, pero no lo estaban. Y, por el
contrario, David, “aparentaba” no estarlo porque era el más pequeño; ejercía el
empleo menos importante en una familia para esa época; y por si fuera poco, no “aparentaba” ser un hombre fuerte e imponente… pero, en su
corazón, era el idóneo. Como creyentes debemos no sólo en lo espiritual sino
también en lo material, pedirle a Dios que nos de discernimiento para que no
pongamos nuestros ojos en las “apariencias externas” de las personas, y mucho
menos seamos nosotros partícipes de algo similar.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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