viernes, 2 de febrero de 2018

Frustación (Conclusión).



“Y todo lo que hagáis, hacedlo como para Dios”
(Colosenses 3:23).

¿De dónde nacen entonces nuestras frustraciones cuando llegamos a mayores? Simplemente, como cuando éramos niños: De “malas experiencias” y “falsas expectativas”. La frustración acarrea consigo, como ya vimos: “tristeza, decepción y desilusión”.

Vamos por la vida simplemente “creyendo” que las cosas van a salir como las planeamos; que vamos a encontrar a la persona “perfecta”; que tenemos el poder o la capacidad para cambiar a la persona o a las circunstancias; “suponemos” que va suceder tal o cuál situación, o, ponemos nuestra ilusión en que las otras personas “adivinarán” lo que necesitamos o queremos…pero que NO sucede. En resumidas cuentas: “mala información o falsas expectativas”. Por ello, en lo espiritual es tan dañina y tan perversa (desde nuestro personal punto de vista: satánica) la doctrina de la prosperidad, pues “hace creer” a quienes la practican, que con una simple “declaración” Dios “tiene” que darnos  lo solicitado, así tenga él que cambiar sus planes. Es, como lo hemos aprendido, faltarle el respeto a Dios al ponerlo a nuestras órdenes y caprichos en lugar de ponernos nosotros a las órdenes de él. En Romanos 13, hablando de autoridades humanas, se nos enseña que quien resiste a la autoridad… a Dios resiste. Ahora bien, ¿En qué papel o posición quedamos entonces, cuando con una “declaración” pretendemos desafiar nada más ni nada menos que la autoridad del mismo Dios, “declarando” quizás lo contrario de lo que él planeó?

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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